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En
2006, Mauricio tuvo la
bendición
de ser invitado por el R.P. Iván Dawson, C.Ss. R. , a colaborar con él
como director espiritual asistente en un retiro en Roma, precedido por
una peregrinación a Polonia, "Siguiendo los Pasos del Papa Peregrino".
[09.09.06]
Crónicas de un Peregrino - Nos vamos
No hay fecha que no llegue, ni plazo que no se cumpla.
Ha
llegado el día de partir a Polonia, primera parada de nuestra
peregrinación. En pocas horas nos reuniremos en la parroquia
para celebrar la santa misa y recibir la bendición especial para
peregrinos, para luego dirigirnos al aeropuerto y volar desde
Seattle hasta Varsovia via Copenaghe.
Amor y Responsabilidad
Uno
de los ejercicios espirituales que encomendé al grupo, es llevar
consigo un libro escrito por el papa Juan Pablo II, para irlo
leyendo a lo largo de la peregrinación. Después de mucho pensar
cuál de mis libros favoritos llevar, terminé por seleccionar el
primer libro que escribió Karol Wojtyla, allá en 1960: "Amor y
Responsabilidad". Un tratado sobre la sexualidad humana, la cual
es mostrada como un don de Dios que permite al hombre y la mujer
expresar su amor recíproco en plenitud. En este bellísimo
tratado filosófico, Karol Wojtyla explica la moralidad sexual de
una manera novedosa, en el sentido de que no muestra la
enseñanza moral sobre la sexualidad a base de una serie de
prohibiciones, sino más bien como el ejercicio pleno de la
libertad humana. Y es que la libertad sólo se ejerce con
responsabilidad, porque de lo contrario no es libertad sino
libertinaje. Dentro del marco moral prescrito por Dios, creador
del hombre y la mujer, la sexualidad sólo puede ser un auténtico
lenguaje de amor dentro del matrimonio, en el cual la castidad
es el culmen de este ejercicio de libertad. Es esta castidad la
que permite la planeación familiar empleando los métodos
naturales, que son los únicos compatibles con el plan de Dios
para la humanidad. Esta castidad exige heroísmo de la pareja en
numerosas ocasiones, explica Karol Wojtyla, heroísmo que sólo
logra quien ama de verdad, quien no utiliza el cuerpo de otra
persona para satisfacer un gozo personal, sino más bien que
emplea el lenguaje del amor conyugal para darse de lleno a su
pareja.
Ante el continuo bombardeo de mensajes totalmente opuestos a la
moral sexual de la iglesia, decidí aprovechar este retiro
espiritual para "sacudir" de mi mente ese tipo de información y
beber degustando cada página de este exquisito libro, como se
bebe un buen champagne. Sin duda será refrescante leer de nuevo
este mensaje de amor y esta exhortación a la responsabilidad
real, que difiere por completo de la falacia de hoy en día
llamada "sexo seguro" por los medios de comunicación.
Pues bien, parto en unos momentos. Seguiré reportando desde
Polonia y Roma en tanto que los medios electrónicos en esas
tierras me lo permitan.
[11.09.06]
Crónicas de un Peregrino - Llegamos a Varsovia
Varsovia, primera parada
Después de 17 horas
de viaje por fin llegamos a Varsovia alrededor de las 5:00 pm,
donde pasaremos la noche para salir mañana rumbo a Cracovia,
peregrinando en el camino a Chestojowa, para orar frente al
icono de la Virgen Negra. Escucha la crónica en audio para saber
los detalles del día de hoy.
[12.09.06]
Crónicas de un Peregrino - El Santuario de Jasna Gora
Visitando a la
Virgen Negra
Empezamos nuestro
recorrido espiritual viajando al santuario de Jasna Gora,
destino principal de las peregrinaciones a Polonia. Ahí se
encuentra el icono original de la Virgen Negra de Czestochowa,
que según la leyenda, pintó san Lucas en una tabla de la mesa de
la Virgen María. Fue una experiencia extraordinaria.
[13.09.06]
Crónicas de un Peregrino - Wadowice, ahí Nació Juan Pablo II
La
visita al lugar donde nació Karol Wojtyla
fue una experiencia
profundísima. Sabía que Wadowice, destino principal de nuestra
peregrinación a Polonia sería intensa, pero rebasó todas mis
expectativas. Fue algo profundamente sobrecogedor.
[14.09.06] Crónicas de un Peregrino - Visitando la Catedral en Wawel
La Catedral de Karol Wojtyla en
Cracovia
Hoy celebramos la
santa misa en San Estanislao, que es la segunda iglesia más
importante de Cracovia. Ahí pude ayudar al padre Iván como
acólito, en un altar de más de 400 años, y en el mismo que
celebraba Karol Wojtyla cuando era obispo de Cracovia.
Luego visitamos la
catedral y el castillo en la colina de Wawel, y terminamos
nuestra jornada recorriendo las minas de sal.
[15.09.06]
Crónicas de un Peregrino - Auschwitz
Horror, Espanto y Desolación
Estos fueron los
sentimientos provocados por nuestra visita al Campo de
Concentración de Auschwitz. Más de un millón y medio de personas
fueron muertas en este lugar por los nazis. Pisar las vías de
tren donde los pasajeros desembarcaban tras haber viajado por
días cual sardinas, de pie en vagones sin baños siquiera, para
luego ser seleccionados y de inmediato rechazados aquellos sin
cualidades para el arduo trabajo que les esperaba (ancianos,
mujeres débiles, lisiados e incluso niños) fue estrujante. Baste
con decir que los rechazados eran de inmediato puestos a muerte.
El recorrido por el
campo de concentración se va haciendo cada vez más sombrío. Es
difícil imaginar el millón y medio de personas que murieron
hasta que se entra a una barraca en la que guardan una "colección"
de pertenencias de todos ellos: toneladas de cabello que se
usaba para fibras textiles para uniformes de los nazis o tapices
de sus muebles, cientos de miles de zapatos amontonados en una
vitrina que parece no tener fin en frente de otra de las mismas
proporciones, otra de igual tamaño con prótesis de piernas y
brazos que les fueron retirados al bajar del tren antes de
liquidarlos en la cámara de gas, lo mismo que maletas,
utensilios de cocina, bienes personales y anteojos... El sabor
de boca se torna más y más amargo. Lo peor fue ver la muestra de
ropa de bebé que fue deshechada antes de asesinar a los
chiquitos... ¿por qué? ¿qué tenía esta gente en su cabeza? ¿con
qué cara llegaban los nazis a cenar con sus familias -que
también vivían en Aushwitz- después de asesinar a los bebés en
la cámara de gas? ¿eran capaces de besar entonces a sus propios
hijos?
Las multitudes que
visitan este lugar muestran un rostro sombrío. A diferencia de
museos y otros lugares, la gente guarda silencio total a lo
largo del recorrido. Y es que no hay de otra. Llega un punto en
que la gente o calla, o calla, porque de lo contrario lo que
suelta es una maldición si no es que el llanto.
La experiencia
religiosa del día fue conocer por fin la celda donde fue puesto
a muerte san Maximiliano Kolbe, uno de mis santos favoritos y el
héroe personal del papa Juan Pablo II. Un día un priosionero
trató de escapar de Auschwitz y en castigo los nazis
selecionaron al azar 10 reos para liquidarlos por inanición. Uno
de ellos cayó de rodillas pidiendo clemencia, pues su esposa e
hijo lo esperaban en casa. Sin pensarlo dos veces Maximiliano
Kolbe tomó su lugar, cosa que poco importó a los nazis.
Maximiliano fue llevado a la celda con los otros nueve y tras
dos semanas no murió, pero en ese tiempo ayudó a morir en paz a
los otros nueve desafortunados. Así pues, lo llevaron a una
celda de castigo donde le aplicaron una inyección letal. Un
mártir moderno que fue honrado, venerado, beatificado y
canonizado por el papa Juan Pablo II. La celda muestra un bello
cirio pascual que le trajo el papa la primera vez que vino a
Polonia.
El recorrido
terminó con la visita al crematorio, escondido tras un bello
jardín para que los reclusos no sospecharan lo que ahí sucedía.
Se les decía que iban a darles una ducha. Una vez desnudados,
entraban a la grandísima cámara (cabían cientos al mismo tiempo)
donde eran intoxicados con gas y luego cremados.
¿Qué sentir o decir?
¿Odio, enojo, rencor, ira, tristeza o decepción? ¿O un poco de
ambas a lal vez? Quizás... Aunque el padre Iván fue certero en
su homilía en la misa que celebramos al salir de ahí: "No
vinimos para odiar a los nazis, sino para aprender de sus
errores y nunca cometerlos nosotros mismos".
[16.09.07]
Crónicas de un Peregrino - Niepokolanow
Fin de la Peregrinación a Polonia
Ha
sido una intensa semana a nivel espiritual. Los vértigos del
alma han ido in crescendo, y estamos apenas a la mitad de
nuestro viaje. Hoy celebramos la santa misa en la capilla que
construyó con sus propias manos mi tan venerado san Maximiliano
Kolbe. Nunca de los nuncas, lectora, lector querido (y amable
colado que husmeas por este rincón) imaginé visitar Polonia, ya
no se diga Niepokolanow y muchísimo menos ayudar a celebrar la
santa misa en esta capilla. Y por si no fuera poco, en el altar
se custodia una reliquia de primera clase de san Maximiliano, la
cual pude venerar. Y de remate, en la sacristía se conserva la
celda que san Maximiliano construyó para vivir: un pequeñísimo
cuarto que sólo contiene la cama, el escritorio y el crucifijo
de san Maximiliano, las cuales fueron sus únicas pertenencias
por años hasta que fue apresado por los nazis para ser llevado a
Auschwitz por haber escondido a tantos judíos en Niepokolanow.
Es importante señalar que Niepokolanow es el monasterio más
grande del mundo, y que fue fundado por san Maximiliano Kolbe.
Una
bendición más en este viaje espiritual...
Ya
por la noche, para celebrar el fin de nuestra peregrinación por
Polonia y también para relajarnos un poco, pues ha sido muy
intenso como he explicado, fuimos a un castillo a escuchar un
recital privado de piano con música de Chopin, interpretada por
Eva Beata Cssowska, hoy por hoy una de las mejores pianistas en
Polonia.
[17.09.06]
Crónicas de un Peregrino - La Scala Santa
Nuestro
primer día de ejercicios espirituales en Roma
nos llevó a meditar
en la basílica de san Juan de Letrán, la iglesia más importante
de toda la iglesia católica por ser ésta la catedral del obispo
de Roma, es decir, del Papa. Es tan importante que el calendario
litúrgico tiene una fiesta especial para ella. Imaginaba lo
grande que debían ser las basílicas de Roma, pero sólo al entrar
en ellas pude comprender la dimensión real. A lo largo de la
nave se alzan imponentes estatuas de los 12 apóstoles. Lo que
más me llamó la atención fue la cátedra del obispo de Roma, que
se encuentra en el presbiterio, y al cual no se tiene acceso
directo, aunque se puede admirar por completo pues sólo un
cordón impide el paso. Tal vez convenga explicar que una cátedra
es la silla en la que se sienta un obispo. Los obispos son los
únicos que pueden predicar sentados (como siempre hace el Papa),
pues esta posición es el símbolo de la autoridad. Todos los
obispos tienen su cátedra, es decir, la silla desde donde
ejercen su ministerio episcopal. Es por ello que las iglesias
que albergan la cátedra de un obispo, son llamadas catedrales (las
basílicas son las iglesias de mayor jerarquía, en este caso,
esta catedral es también una basílica por ser la iglesia más
importante, como he explicado). Pues bien, en la basílica de san
Juan de Letrán se alberga la cátedra del Papa, que es el obispo
de Roma. Y la importancia de esta silla, es que es desde ella
desde donde el Papa emite un dogma de fe, con infalibilidad
ex-cathedra, lo que significa que cualquier verdad de fe, moral
o disciplina eclesiástica emitida por el Papa desde esta
mismísima silla, tiene la garantía de ser infalible por obra y
gracia del Espíritu Santo.
Terminamos nuestros
ejercicios espirituales del día subiendo la Scala Santa. Se
trata de los escalones que tuvo que subir Jesús en Jerusalén
para ser juzgado por Poncio Pilatos en el pretorio. Santa Elena
los trajo de Jerusalén para su hijo, el emperador Constantino, y
desde entonces son venerados por todos los peregrinos que vienen
a Roma. Siendo los escalones que pisó Jesús durante su juicio en
medio de su Pasión, no es posible pisarlos, lo que implica que
todos los peregrinos deben subirlos de rodillas. Se trata de un
ejercicio de fe y resistencia física. Tras siglos de uso, los
escalones son irregulares, y por lo mismo duelen más que subir
de rodillas una escalera normal. A veces se entierran en las
rodillas, otras en las espinillas... a media escalera el dolor
es inaguantable, pero no hay marcha atrás, pues la escalera ya
está llena de peregrinos que vienen detrás impidiendo cualquier
regreso. No queda más que seguir subiendo, y de rodillas. Cada
escalón se vuelve más difícil y doloroso. Quien hace este
ejercicio con piedad ofrece cada escalón ya por sus problemas,
ya por las necesidades de sus familiares, ya como penitencia...
Arriba de las escaleras la imagen de Cristo crucificado cada vez
se ve más cerca y más grande, pero todavía faltan escalones por
subir. La emoción es mucha, el dolor es grande, las fuerzas se
acaban, y hay que seguir subiendo. Las lágrimas se escurren, y
todos reaccionan igual: al no poder más, se recurre a la oración.
Sólo la oración da fuerzas para seguir subiendo, en medio de
lágrimas, dolor y cansancio. Y finalmente se llega.... para ir
de rodillas ante el Santísimo Sacramento que está
permanentemente expuesto.
Como expliqué a las
personas del grupo, esta escalera es el símbolo de nuestra vida
cristiana. Muchas veces es difícil, inaguantable, dolorosa...
pero no hay marcha atrás, y sólo con oración se hace acopio de
fuerzas para seguir adelante, ¡hasta que se llega!
[18.09.06]
Crónicas de un Peregrino - Siena
Testigos oculares de un milagro
18
de septiembre. Hoy peregrinamos hasta Siena, cuna de Santa
Catarina de Siena, patrona de Italia junto con san Francisco de
Asís, y la segunda de las tres doctoras de la iglesia junto a
santa Teresa de Jesús y santa Teresita de Lisieux.
Siena es una ciudad eminentemente medieval. All llegar,
celebramos la santa misa en la cripta de un monasterio
franciscano que data de alrededor de 1470. Fue impresionante ser
parte de una celebración eucarística en un lugar donde se ha
celebrado la misa todos los días desde hace siglos. Frente al
altar, en el suelo, había entre otras, una tumba de 1494, ¡dos
años después de que Colón descubriera América! Me sobrecogió la
idea de que mientras se escribiera la historia de nuestro
continente como lo conocemos, en esta cripta la misa se hubiera
realizado cada día hasta hoy, y ahora éramos nosotros quien
continúabamos su historia. ¿Cómo no estar seguro de que la fe
católica es la auténtica con este tipo de evidencias?
Luego recorrimos las calles de Siena, angostas y laberínticas,
subiendo y bajando formando vericuetos entre comercios modernos
que se encuentran instalados en edificios medievales originales.
Recorrer este tipo de lugares es literalmente caminar en el
tiempo, dar un salto a la historia, perderse en el pasado
respirando el presente.
Lamentablemente, al llegar a la plaza central, imponente y bella,
la mitad del grupo se dejó seducir por la tentación del
consumismo, y en un acto sin precedente en nuestra peregrinación,
se desbandaron para dedicarse a comprar recuerdos en lugar de
continuar con el itinerario espiritual. Caro les habría de
costar, como verás a continuación, lectora, lector querido (y
amable colado que husmeas por este rincón).
Un
guía nos llevó por las diferentes calles para mostrarnos
iglesias medievales sumamente bellas. El estilo gótico
empequeñece a las personas al provocar la impresión de que Dios
está muy lejano, allá en las alturas. Las calles empedradas nos
habrían de conducir a la basílica de san Francisco, famosa por
custodiar las hostias milagrosas. Sucede que en 1731, fue robado
un copón de oro que contenía 37 hostias consagradas. Los
sacerdotes de la basílica estaban seriamente preocupados,
temiendo que las hostias hubieran sido robadas con fines
sacrílegos. Tres días después, un hombre que oraba en la
basílica encontró al salir un canasto de ropa, y en su interior
las 37 hostias, tres de ellas rotas, pero completas. Realmente
los ladrones estaban interesados en el copón de oro, y
devolvieron las hostias a la iglesia. Unos días después, los
sacerdotes se sorprendieron al ver que las hostias se
conservaban todavía en buen estado, cosa sorprendente dado el
humedísimo clima de la región. Pasaron los meses y las hostias
se conservaban igual. Y hasta nuestros días, las 37 hostias se
mantienen en estado de frescura total, cosa por completo
inaudita. En 1951 el papa autorizó una investigación científica
de las hostias, y los estudios químicos revelaron
contundentemente el estado de frescura de las hostias, las
cuales no se han enranciado, ni podrido, ni humedecido siquiera,
insisto, pese al humedísimo clima de la región. La ciencia fue
incapaz de determinar el motivo por el cual estas hostias se han
mantenido con tal frescura, dado que el recipiente que las
contiene es simplemente una mostranza de cristal. Al no poder la
ciencia determinar el motivo, la conclusión de la iglesia es que
se trata de un milagro.
Estas hostias milagrosas se guardan en un tabernáculo en una
capilla de adoración, y son expuestas sólo los viernes. Un día
al año se sacan en procesión por toda la ciudad. Pues bien,
nosotros fuimos a la basílica en lunes, así que me conformé con
explicar al grupo (o a lo que quedaba del grupo) la historia del
milagro, cosa que emocionó a todos. Cuál sería mi sorpresa dos
minutos después, cuando un fraile franciscano nos invitó a pasar
a la capilla de adoración. Nos explicó de nueva cuenta la
historia que había yo compartido con el grupo, y para mi
grandísimo asombro (insisto, sólo los viernes se exponen), nos
dijo que seríamos testigos de un milagro, y que muy seguramente
sería el único milagro que veríamos en nuestras vidas... y abrió
el tabernáculo. ¡Ahí estaban! ¡Las 37 hostias! ¡Y en perfecto
estado! Todos caímos de rodillas mientras el fraile nos
conducían en un ejercicio de adoración eucarística. Por si el
asombro no bastara, nos invitó a subir cada uno al tabernáculo
para adorarlas personalmente. Sin exagerar, puedo decir que la
mano me temblaba un poco al ponerla sobre la mostranza. Y por si
esto no fuera suficiente, una vez que pasamos todos, el fraile
sacó la mostranza y nos dio la bendición solemne con las 37
hostias. Las lágrimas se nos escurrían sin poderlas contener.
Habíamos presenciado dos milagros: uno, el de las hostias; dos,
el que nos las mostraran siendo lunes (bueno, el segundo no es
milagro, pero como sea, no deja de ser inaudito).
La
enseñanza que saqué de esto fue que abandonándonos a las manos
de Dios en esta peregrinación, gozaremos de sus bendiciones. No
sabemos qué sigue, pero el Señor nos tiene sorpresas reservadas.
En cambio, aquellos que optaron por seguir su camino personal e
irse de compras, se perdieron del milagro y era evidente cómo lo
lamentaron cuando vieron nuestro gozo al contárselos.
Finalmente, fuimos a venerar (subrayo: venerar, no adorar,
en caso de que alguien que no sea católico esté leyendo mi
reseña y se empiece a poner nervioso) las reliquias de santa
Catarina: su cráneo y un pulgar (su cuerpo se encuentra en Roma)
pidiéndole a santa Catarina su intercesión por las necesidades
nuestras y de todos los que nos esperan en casa.
Un
día sorpresivo, sobrecogedor y de profunda enseñanza.
[19.09.06]
Crónicas de un Peregrino - Espiritualidad en Roma
Aquí flagelaron a Cristo
El destino
principal de nuestra peregrinación el día de hoy fue la basílica
de santa María la Mayor. Esta basílica es la más grande y más
antigua en el mundo en honor a la virgen María. En el año 420,
el papa Liberio recibió la indicación de la virgen en un sueño,
de construirle una basílica en el lugar donde ella le diera una
señal. El 5 de agosto de ese año, en medio del caluroso verano,
cayó nieve en un punto particular, y esa fue la señal que
necesitaba el papa para erigir la basílica. Es por ello que
todos los años el 5 de agosto, se celebra una misa especial para
conmemorar el aniversario del milagro, y en ella se dejan caer
miles de pétalos blancos del techo de la basílica, para recordar
la extraña nevada en verano.
Como es de
esperarse, esta basílica es majestuosa. Es imposible resistirse
a la idea del culto mariano al penetrar un recinto tan antiguo,
que pone en evidencia cómo la iglesia siempre ha reverenciado a
la virgen dándole un lugar especialísimo sobre todos los santos.
No por nada nuestro culto a ella es de hiperdulía.
Al terminar nuestra
meditación en la basílica, nos atravesamos a la pequeña iglesia
de santa Preseda, que es famosa porque alberga la columna en la
que Cristo fue flagelado. Esta columna fue traída del pretorio
de Jerusalén hace siglos, y es custodiada y venerada en una
hermosísima capilla de estilo bizantino en esta pequeña iglesia.
De ahí caminamos
otro par de cuadras para llegar a San Alfonso, parroquia al lado
de la casa general de los padres redentoristas, orden a la cual
pertenece el padre Iván. La importancia de esta iglesia es que
en ella se custodia el icono original de Nuestra Señora del
Perpetuo Socorro (para mayor información sobre el icono, te
recomiendo dar un vistazo a la explicación que puse en el sitio
de nuestra parroquia). Impresiona en Roma que cada iglesia
parece custodiar una reliquia importantísima, así como si nada.
El resto del día
fue libre, así que no pudiendo contener ya las ganas, me dirigí
al Vaticano donde pasé el resto de la tarde. La sensación al
pisar la Plaza de san Pedro por primera vez en mi vida es
indescriptible. Un sueño hecho realidad. Me encontraba anonadado
ante lo imponente del lugar, imponente por su belleza, por su
tamaño, por su trascendencia, por lo que significa para nuestra
fe, porque ahí está enterrado san Pedro,porque ahí vive el Papa,
porque siempre quise estar ahí y pensé que nunca sucedería... La
piel se me enchinaba mientras el sol me cegaba al asomarse por
detrás de la cúpula de San Pedro. Volteaba entonces arriba a la
derecha para ver el departamento del Papa... luego al centro
para ver el famoso balcón central por donde se presentan los
papas nuevos y desde donde se dan las bendiciones Urbi et Orbi
en Pascua y Navidad... Miraba los santos alineados sobre la
columnata de Bernini que se abre en semicírculo representando
los brazos de la iglesia que acogen a todos... Me dirigí a la
cúpula diseñada por Miguel Angel, la más grande del mundo. Un
elevador me llevó a la parte superior de la basílica, y de ahí
todavía faltaban 365 escalones para llegar arriba. Una puerta me
introdujo a la cúpula, y desde ahí, un hermoso precipicio que
conducía al interior de la basílica. Estaba encima del
baldaquino de Bernini, y en la capilla posterior, bajo el ábside,
se celebraba la santa misa. ¡Mi primera misa en la basílica de
san Pedro! Y desde ahí, a lo alto, la escuché. Los sacerdotes y
fieles se veían como pequeños muñecos, pero los cantos llegaban
con fuerza hasta arriba. Y volteando hacia arriba se veía lo
alto que estaba todavía la cúspide de la cúpula. Alrededor de la
cúpula se leía en latín: "Tú eres Pedro, y sobre esta piedra
edificaré mi iglesia". Un momento sobrecogedor. Al terminar la
misa subí, y subí, y subí... los escalones cada vez más angostos,
hasta que ya no se puede subir derecho, pues la inclinación de
la cúpula fuerza a uno a subir inclinado de lado. Finalmente una
estrecha escalera de caracol donde no hay más soporte que una
gruesa cuerda por en medio para apoyar las manos. Por fin, la
cumbre. Un balcón exterior deja ver con claridad toda la Ciudad
del vaticano, y también toda la Ciudad Eterna...
Después de un rato
bajé y entré en la basílica. Me quedé boquiabierto más de una
vez. Primero La Piedad al lado derecho, que luce mucho más bella
en vivo que en los libros. Luego la tumba del papa Gregorio
Magno, seguida por la de Juan XXIII, el Papa Bueno, y que fue
subida de la cripta por el Papa Juan Pablo II poco antes de
morir para que fuera venerada por todos. Me arrodillé en una
capilla de adoración, y lloré por largo rato abrumado por la
dicha de estar ahí, donde nunca pensé estar, donde siempre quise
estar... en mi verdadero hogar.
[19.09.06]
Crónicas de un Peregrino - Y conocí al Papa
Audiencia con el Papa
Benedicto
Uno de los
momentos cumbres de nuestro viaje espiritual: conocimos al
papa Benedicto. Tuvimos que levantarnos a las 5:00 a fin de
estar en el Vaticano antes de las 7:00 para tener acceso
inmediato y tomar buen lugar para la Audiencia General con
el Santo Padre. La seguridad era más estricta que de
costumbre, y es que Al Qaeda tuvo la ridícula osadía de
decir ayer que pensaban tomar Roma como sucedió con
Constantinopla. Haciendo gala de su elevadísimo intelecto y
acumen teológico, el papa Benedicto dictó cátedra en la
Universidad en Ratisbona la semana pasada durante su viaje a
Bavaria. Su discurso sobre la importancia de la razón en el
diálogo interreligioso estaba dirigido a eruditos y
catedráticos, a conocedores del pensamiento aristotélico.
Pero fue citado fuera de contexto y los musulmanes se
irritaron como todos sabemos por los medios. En fin, que no
pude estar en un momento más interesante por estos lugares.
Se abrieron las
puertas a las 8:00. Pasamos los rayos X y nos apostamos en
la esquina de la primera sección del lado izquierdo, para
garantizar que veríamos al Papa de cerca en dos ocasiones al
pasar en su papamóvil. Casi dos horas después su helicóptero
llegó de Castel Gandolfo entre los aplausos de la
gente. Los nervios comenzaban a invadirme. Antes de llegar
al Vaticano un miedo fugaz iba y venía: ¿qué pasará si no
siento lo mismo al ver al Papa que lo que sentía al ver a
Juan Pablo II? Pregunta difícil de justificar, finalmente el
Papa es el Papa, pero no dejaba de incomodarme por causas
que no logro explicar la posibilidad de que no sintiera
igual. La gente comenzó a aplaudir, y es que en la esquina
ya salía el papamóvil. Lo vi de lejos, y la emoción recorrió
todo mi ser. Minutos después lo vi venir de frente, le tomé
video y fotos, y guardé mis cámaras para gozar del momento
con mis propios ojos y llenarme de este momento para siempre.
El papamóvil pasea muy lento en el
Vaticano, no
como en las calles de la ciudad de México. Cada vez más
cerca, su sonrisa siempre amable, hasta que pasó junto a
mí, el tiempo se detuvo, fue como en cámara lenta,
volteó a nuestro lado, luego al lado opuesto, luego de
regreso y nuestras miradas se cruzaron... era como si nos
conociéramos de siempre, y volviéramos a reencontrarnos.
Pasó tan cerca que si hubiéramos estirado nuestros brazos
nos hubiéramos tocado. Su dulce mirada penetró mi alma. El
mismo vértigo que sacudía mi alma ante la presencia de Juan
Pablo II volvió a sacudirme esta vez. La respuesta a mi
pregunta "¡se siente lo mismo!" La presencia de Dios se
siente al pasar el papa Benedicto al igual que cuando pasaba
Juan Pablo II. Y no sólo lo digo yo, todos
los que estaban
presentes lo confirmaban de viva voz. Una muchacha no
creyente que acompaña a su esposo en nuestro grupo me
abrazó por detrás y susurró a mi oído "Nunca creí que
fuera tan poderoso ver a un papa en vivo". "Ahora entiendes
por qué creemos", le contesté, y rompi en sollozos que no
podía detener. Después de un tiempo el papamóvil venía de
nuevo, ahora por el pasillo de enmedio. Me subí a la silla y
le grité "Papa, Papa". Nuevamente volteó a ver a nuestro
grupo, siempre con su sonrisa, siempre irradiando la
presencia de Dios.
Llegó al
estrado y comenzó su audiencia. Empezó en italiano haciendo
un recuento de todo su viaje por Bavaria, y explicando una
vez más el verdadero sentido de la cita por la que ha sido
tomado a mal por los musulmanes. Luego tradujo un resumen en
varios idiomas, centrándose en su discurso en Ratisbona. Su
español es perfecto, mucho mejor que su inglés. Habló
también en polaco y alemán. No le quité la mirada ni un
instante en las casi dos horas que duró su audiencia.
Finalmente nos dio su bendición...
Jamás he estado
tan orgulloso de ser católico como en este día. Qué
bendición tener a Benedicto como nuestro Papa. Con fuerza le
pido a Dios que lo libre de todo mal, especialmente ahora
ante las amenazas de los fanáticos que no logran siquiera
entender dos líneas del elevadísimo discurso que han
malentendido... o que han querido malentender. Allá ellos.
Ellos aman a Dios al grado de matar por El. Nosotros los
cristianos amamos a Dios al grado de dar nuestras vidas por
los demás.
[21.09.06]
Crónicas de un Peregrino - Llegando a nuestro destino
La Peregrinación llega a su Fin
Hoy
tuvimos que levantarnos a las 4:30 pues debíamos estar en la
Plaza de San Pedro antes de las 7:00 am para cruzar las
compuertas de seguridad y estar listos para celebrar la santa
misa en la Basílica de San Pedro. Con asombro vimos cómo se
abría el portón de la basílica. Entrar en ella una vez más pero
esta vez encontrarla vacía, toda para nosotros, fue una
experiencia interesante. Como si no hubiéramos ya tenido motivos
de sobra a lo largo del viaje para asombrarnos.
Uno
de los momentos más inesperados y que mi memoria atesorará por
siempre, fue el entrar a vestirnos para la misa en la sacristía
de la basílica, ahí donde el Papa y los cardenales se visten
cuando celebran la misa en la basílica o en la Plaza de San
Pedro. Sobra decir que es una sacristía majestuosa. Los
sacerdotes, diáconos y acólitos que celebrarán la misa en las
diferentes capillas de la cripta se preparan al mismo tiempo, y
van saliendo en procesión. Primero venía una misa concelebrada
por más de 20 sacerdotes y su señor obispo. Detrás venía una
concelebración de presbíteros del rito sirio. Llegó nuestro
turno: el padre Iván venía detrás de sus dos acólitos (yo uno de
ellos). Salir en procesión para la misa pisando el mismo camino
que recorren el Papa y los cardenales me enchinó la piel. Al
lado del baldaquino de Bernini, que cubre el altar mayor que a
su vez está colocado sobre la tumba de san Pedro, penetramos por
una pequeña escalera que nos condujo al interior de la cripta.
Caminamos a nuestra capilla y la misa comenzó de inmediato, no
teníamos tiempo para ambientarnos. Leí la segunda lectura y
canté el aleluya antes del evangelio ¡ahí, en la Basílica de San
Pedro! ¡Al lado de la tumba de Pedro, el primer papa! ¡En la
Ciudad del Vaticano! ¿Es nuestra iglesia católica la verdadera o
qué? ¿Alguien quiere más evidencias todavía? Si alguien duda,
que vaya y pise ese lugar. Al mismo tiempo se escuchaban los
cantos sirios de los presbíteros que celebraban en la capilla de
al lado, y más allá se oían otras misas en otros idiomas. Cada
quien hablaba en el suyo, pero todos decían lo mismo, como en
Pentecostés.
Traté de concentrarme en cada momento para grabar en mi memoria
esta ocasión para siempre. Pensaba en el letrero que hay en
todas las sacristías del mundo para los sacerdotes: "Celebra
esta misa como si fuera tu primera misa, como si fuera tu última
misa, como si fuera tu única misa". Y hacía esta frase mía: la
primera vez que sirvo como acólito en el Vaticano, seguramente
la última, y en definitiva la única. Quisiera que no terminara
nunca, que el tiempo se detuviera... pero tenía que continuar.
Después de la comunión recogí el altar.... el padre nos dio la
bendición, y la misa terminó. La misa más importante de mi
vida... o al menos la más memorable.
Y
no había tiempo que perder pues otro grupo celebraría la misa en
nuestra capilla. Nos dirigimos a toda velocidad a la sacristía,
no sin antes detenernos a tomar una foto del padre y sus
acólitos al lado del baldaquino, para el recuerdo, para que no
quede duda, para que todos nos crean que estuvimos ahí, y
celebramos ahí la santa misa. Necesito la evidencia, pues
todavía me parece increíble. Nos cambiamos de nuevo en la
sacristía y regresamos a la cripta para llegar al destino final
de nuestra peregrinación: el sepulcro de Juan Pablo el Grande.
Su tumba se encuentra al lado de la del apóstol san Pedro. Los
20 siglos de la historia del cristianismo se resumen en dos
tumbas a cinco pasos una de la otra. Las tumbas de los demás
papas que se encuentran en la cripta o en la nave de la basílica
son majestuosas. La de Juan Pablo el Grande es sencillísima por
el contrario, pues así lo dispuso. De rodillas ante su tumba,
oré y di gracias por cada momento de encuentro con él, pues
finalmente el papa visitó México en cada capítulo de mi vida:
primero cuando niño, cuando tenía 8 años; luego cuando era un
estudiante universitario, clavado de lleno en el trabajo
apostólico; después ya como adulto, un par de meses antes de
casarme; la última, como padre y jefe de familia, cuando viajé
desde los Estados Unidos para que mi recién nacido hijo Juan
Pablo fuera bendecido por el papa una y otra vez al pasar por
las calles... El Papa me acompañó en persona en los momentos
decisivos de mi vida. No fue sólo mi papa, era mi amigo... Lo
conocí por completo, me sé su vida de memoria, estudíé y enseñé
sus documentos más importantes, cada semana seguí su audiencia
desde donde me encontrara... El día más triste de mi vida entera
fue cuando murió... Y hoy me encontraba por fin ante su tumba,
para rendirle homenaje, para darle las gracias, pero sobre todo,
para pedirle por su intercesión.
A
lo largo de la peregrinación siempre cargué conmigo un pequeño
sobre que contenía las oraciones privadas de toda mi familia.
Siempre que oraba lo apretaba entre mis manos presentando estas
oraciones. Y al llegar al destino final, era hora de ponerlas
sobre la tumba. Las oraciones de mi familia quedaron ahí, en el
sepulcro del Papa, para que por su intercesión Dios conceda a
cada quien lo que necesita según su eterna sabiduría. El momento
fue sobrecogedor.
Una
compañera del grupo me comentó en ese momento que una amiga del
grupo de la iglesia de su hija adolescente acababa de ser
internada en Seattle en coma debido a un problema hepático que
la aquejaba por años, y según los médicos no había nada que
hacer. El padre Iván, ella y yo rezamos con fuerza, quizás con
más fuerza que nunca. Yo le pedía al papa que intercediera por
ella para que se recuperara pese a la desfavorable prognosis de
los médicos. Le decía a Juan Pablo que quizás por este milagro
él alcanzara la beatificación... Al día siguiente nos habríamos
de enterar que después de nuestra oración Annie se recuperó
inesperadamente a un grado tal que pudo ser intervenida, y la
operación fue un éxito. ¡Gracias, Juan Pablo!
Llegó el momento de partir. Me sentía tranquilo, había cumplido
mi misión. Sólo faltaba una cosa: visitar la Capilla Sixtina.
Nos dirigimos a los Museos Vaticanos, pues sólo por ahí se tiene
acceso. El calor era insoportable, y la garganta me comenzaba a
traicionar, pues la misa en la cripta fue extenuante debido al
calor que se sentía más intenso con la sotana de acólito. Entré
al museo y no puse atención a nada de lo que explicaba la guía.
Seguía saboreando el resabio de lo que acababa de vivir. Además,
lo único que me importaba era la Capilla Sixtina. Finalmente
llegamos y entramos en ella. Vi los frescos que todos conocemos
en los libros. Me resultó conmovedora la expresión de Dios y
Adán en el famoso fresco de la Creación. Más que el arte, me
concentré en el lugar. Poder estar ahí, donde los Papas son
elegidos, era lo importante. Imaginar el cónclave en el que
eligieron a Juan Pablo II, y a Benedicto... imaginar a los
cardenales caminando hasta el altar para emitir su voto...
escuchar el eco de las voces que anunciaban cada nombre durante
el conteo... Fue una bonita experiencia para ponerle la cereza
al pastel.
Después me dirigí por cuenta propia a la basílica de San Pablo
Extramuros, mi favorita sobre las demás. Desde niño quise
conocerla. Pasé un buen rato en ella. Si sencilleza la hace
majestuosa. Su penumbra favorece la meditación. Me arrodillé
ante la tumba de san Pablo, y oré por un rato. Luego tomé el
metro para regresar al Vaticano y pasar ahí el resto del día,
comprando libros de teología, recorriendo nuevamente la plaza de
San Pedro, y finalmente en oración por larguísimo rato dentro de
la basílica. Había tantas cosas qué agradecer...
Te
agradezco lectora, lector querido (y amable colado que husmeas
por este rincón) haberme acompañado a lo largo de este viaje
espiritual.
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