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[27.12.07]
La Importancia de Apoyarse en el Dios
que Nunca Cambia
[05.12.07]
De Hablar, te Arrepentirás
Muchas Veces...
[26.10.07] La Verdadera Forma de
Amar un Hijo
[15.09.07] Un Padre
Tenía Dos Hijos(La Parábola del Hijo Pródigo)
[21.08.07]
El Gran Riesgo de la Sobre
Compensación
[20.08.07] ¿Por qué es
importante la Epístola a los Hebreos?
[19.08.07] No he Venido a Traer la
Paz, sino la Guerra
[14.08.07] El
Gran Santo de Auschwitz
[12.08.07] Al
que Mucho se le Da...
[28.07.07] Señor,
Enséñanos a Orar
[08.07.08] La Cristología
Apocalíptica
[25.07.07] Somos
Más los Buenos que los Malos
[10.07.07] ¿Qué es el
Magisterio de la Iglesia?
[09.07.07]
Envía, Señor, Operarios a tu Mies
[08.07.07] El Quiasmo del
Trito-Isaías
[06.07.07] La
Historia de una Monja
[04.07.07] La Gran Trampa: " Te Acepto
como Eres"
[03.07.07] Déjate Querer
[29.06.07] Más
Allá de tus Miedos
[28.06.07] La Regla de Oro
[27.06.07]
¿Qué es la Eternidad?
[06.06.06] El
Libro del Profeta Daniel
[08.05.07]
Mi Vecino que Vivía en un Coche
[26.04.07] Despenalización
del Aborto |
La Importancia de Apoyarse en el Dios que Nunca Cambia
Cuando uno estudia
Teología Dogmática, uno de los temas que por fuerza debe aprender
son los atributos de Dios. Y uno de ellos es la
inmutabilidad de Dios: Dios nunca se muda,
nunca cambia, no tiene ni ayer ni mañana, ni antes ni
después, ni principio ni fin, y de
ahí precisamente, que sea eterno. El atributo de la
eternidad de Dios se desprende precisamente
del atributo de su inmutabilidad.
En estos dias que estoy de visita en mi país natal para las
fiestas de Navidad, una de las
cosas que más me han llamado la atención es la gran cantidad
de cambios en la ciudad
donde nací. Y la mayor cantidad de cambios la percibí
precisamente el día de la Navidad
al ir a misa. Al recorrer la calle donde se encuentra la
iglesia en la que recibí
mis sacramentos de iniciación, en donde brotó mi amor por la
liturgia de las horas,
en donde se formó mi fe y en donde se fraguó mi vocación
apostólica, me quedé literalmente
boquiabierto más de una vez al ver que toda la calle,
absolutamente toda la calle, está cambiada.
Y cambió dramáticamente en cuestión de unos tres años,
considerando que por más de 30 la calle
fue prácticamente la misma, sólo con algún cambio
realizado en pocas ocasiones. Pero ahora
parecía que estaba en otro lado: donde había esta
casa ahora hay un edificio, donde estaba
esta otra ahora es un restaurante, aquella tienda ya
no lo es, la mueblería dejó paso
a un edificio, aquella otra tienda a un edificio de
apartamentos, y así casa tras casa, edificio
tras edificio, todo era diferente. Esto provocó en mi
interior un sentimiento de sorpresa
pero a la vez de cierta tristeza por la nostalgia que me
provocó el ver que lo que un día fue,
ya no es, que una de las calles de más entrañables recuerdos
para mi vida, literalmente desapareció.
Y me encontraba sumido en estas sensaciones cuando llegué a
la iglesia y entré, y como acto
de magia, de inmediato la sensación fue distinta. Sin
voltear a ningún lado entré como si nada,
me dirigí a mi banca acostumbrada, me puse de rodillas y
elevé la mirada al Cristo que
conozco desde mi infancia, y finalmente, me sentí en casa...
Sí, me sentí en casa, en mi propia
casa, en uno de los lugares más preciados de mi niñez, mi
adolescencia y mi joven vida adulta.
Fue cuando me di cuenta entonces de que todo cambia, menos
Dios, y las cosas de Dios. Afuera
la calle era otra, pero dentro, el Cristo del santuario era
el mismo, el templo era el mismo,
la santa misa se celebraba de la misma forma, y el
sacramento de la Eucaristía era igual que
cuando hice ahí mi primera comunión.
Esto me hizo recordar aquél atributo de la inmutabilidad de
Dios. Todo cambia porque nada es
perfecto, menos Dios. Todo se pasa porque es limitado, menos
Dios. Sabemos que Dios es inmutable
porque la Biblia nos los dice, en el Salmo 102, en la
Carta de Santiago, y de manera específica,
en el libro del profeta Malaquías 3,6, que dice "Yo
soy Dios, y no me mudo". ¡Caramba! ¡Qué
aseveración tan contundente!
"Yo soy Dios, y no me mudo". En este viaje he podido no sólo
ver cambios en las calles, sino
cambios en las personas. Me he encontrado con personas que
antes eran muy devotas y ahora
para nada lo son, me he encontrado con personas que vivían
una vida totalmente al margen de
Dios, y que ahora lo buscan con ahínco.
Todo
esto me ha hecho reflexionar sobre la importancia de
depender de Dios y apoyarnos en él,
contra la grandísima tontería de depender totalmente de
otras personas y bienes. Fíjate que dije
"depender totalmente". Depender completamente de personas
que antes eran, hoy son, y quizás mañana otra vez no sean.
Depender completamente de bienes materiales que hoy se
tienen, y mañana no, o que se
tuvieron antes pero ahora no, ¡qué grandísimo absurdo!
Y es por eso, que para muchos, las cosas no salen como
esperaban. Es precisamente por eso, que para muchos, la vida
es un viaje de desilusiones, proyectos inacabados y sueños
no realizados. Y todo, por depender de
personas y cosas que cambian como cambian las hojas del
calendario.
Notando esto, y notando la inmutabilidad de Dios, santa
Teresa de Jesús pudo decirnos que
sólo Dios basta precisamente porque Dios no se muda. Y hoy
quiero que tú y yo reflexionemos en esto
y nos repitamos las palabras de santa
Teresa una y otra vez hasta que hagan eco en nuestro
corazón:
Nada te espante, nada
te turbe
todo se pasa, Dios no
se muda.
La paciencia, todo lo
alcanza.
Quien a Dios tiene,
nada le falta.
Sólo Dios basta.
(Sta. Teresa de Jesús, Poesía
30)
Recuérdalo siempre: sólo Dios basta, y con esta idea, vive
los últimos días de este año,
y emprende reanimado con esta misma idea, el año que está
por comenzar.
Medita, aprende, ¡apasiónate por nuestra
fe!
Mauricio I. Pérez
 
De
Hablar, te Arrepentirás Muchas
Veces...
¿Cuántas veces hay en la vida
que quisiéramos mordernos la lengua por algo que dijimos,
pero ya es demasiado tarde? ¿Cuántas veces por el contrario,
somos recordados por alguna palabra que dijimos que tuvo un
impacto positivo en la vida de alguien más?
Hoy quiero invitarte a que reflexiones sobre todo lo que
dices, y también sobre todo lo que no debes decir. Y es que
como escribe san Jose María Escrivá de Balaguer en su libro
"Camino", "De hablar, te arrepentirás muchas veces. De
callar, nunca".
Apréndete de memoria esta frase, porque es tan veraz y
contundente... "De hablar, te arrepentirás muchas veces. De
callar, nunca".
Recuerda que todo lo que digas, absolutamente todo lo que
digas a alguien, para bien o para mal, siempre tendrá un
impacto en las personas. Lo mismo puedes hacer que una
persona a punto de suicidarse recupere el ánimo por vivir,
que hacer que una persona de pronto se derrumbe totalmente
gracias a la hiel de tus palabras, gracias a tus burlas,
gracias a tus insultos, gracias a tus gritos feroces.
¡Caray! ¿Por qué piensas que la gente está sorda? ¿Acaso es
porque tu grandísima desconfianza en ti mismo te hace
suponer que sólo con gritos la gente escucha y obedece? Y
ultimadamente, ¿por qué tiene nadie que obedecer tus
órdenes, si realmente no eres más que los demás? ¿No es
mejor que en lugar de obedecer tus órdenes, colaboren con
tus peticiones?
Si vas a hablar, di cosas buenas, cosas que construyan,
cosas que valgan la pena, cosas inteligentes. San Pablo le
escribió a los efesios "No salga de vuestra boca palabra
dañosa, sino la que sea conveniente para edificar según la
necesidad y hacer el bien a los que os escuchan" (Ef 4,29).
Hoy leí una frase que nunca había oído y que me encantó:
"Que todas las palabras que salgan de tu boca sean de
miel... por si tienes que tragártelas". ¡Cómo me gustó esta
frase!
Una vez que has hablado, ya es demasiado tarde. Has
desencadenado una bola de nieve, lo mismo para bien, que
para mal. Así que recuerda, ten mucho cuidado con lo que
dices, pues "De hablar, te arrepentirás muchas veces. De
callar, nunca". Y como dice Jesús en el evangelio de Mateo:
"Os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres,
darán cuenta en el día del Juicio." (Mt 12,36)
Medita, aprende, ¡apasiónate por nuestra
fe!
Mauricio I. Pérez
 
La Verdadera Forma de Amar
un Hijo
Valores familiares, uno de los temas
más solicitados por el auditorio de las Semillas para la
Vida. Hoy quiero analizar un punto fundamental al respecto
del amor de los padres, y me refiero en concreto a los papás
varones, aunque las madres deben comprender esto también.
¿Cómo debe amar un padre a sus hijos? La premisa fundamental
del papel del padre de familia, es ser el representante de
Dios para sus hijos. Esta es una forma específica de ejercer
tu sacerdocio bautismal, pues el sacerdote tiene dos roles a
la vez: representar a su pueblo ante Dios, y representar a
Dios ante su pueblo. En el caso de la familia, o como la
llamaba el papa Juan Pablo II, en el caso de la pequeña
iglesia doméstica, es precisamente el padre de familia el
que ejerce su sacerdocio representando a esta iglesia
doméstica, su familia, ante Dios, principalmente en sus
oraciones. Pero a la vez, el ejercicio de la paternidad
consiste fundamentalmente en representar a Dios ante sus
hijos, lo que implica ser el padre providente, y a la vez,
el padre amoroso.
Es por ello que nos interesa sobremanera comprender cómo ama
Dios, para que el amor de Dios haga eco en nuestros
corazones y llene a nuestros hijos. Para ello, resulta clave
comprender un versículo de la escritura, contenido en Is
49,15 "¿Puede acaso una mujer olvidarse de su bebé, no tener
misericordia del hijo de sus entrañas? Aunque ellas se
olvidaran, yo no te olvidaría." Es muy interesante notar
cómo Dios, siendo Padre, habla de su amor propio para con
sus hijos, haciendo referencia no al amor de los padres,
sino al amor de las madres. Dios pues, ama a sus hijos con
el amor de una madre. Y este versículo de Isaías es
clarísimo en ello, sobre todo para las personas que
escucharon al profeta transmitirles el oráculo de Dios: el
verbo que utiliza el Señor pudiera quedar velado por una
cortina lingüística para nosotros, pero en hebreo era
clarísimo. Este verbo es "tener misericordia". "¿Puede acaso
una madre olvidarse de su bebé, no
tener misericordia del hijo de sus entrañas?" Incluso, hay
dos palabras sorprendentemente similares: misericordia y
entrañas. En hebreo, misericordia se dice rahamim,
que es una variante de la palabra rehem que
significa precisamente, entrañas. El amor de Dios nuestro
padre, su misericordia, su rahamim es pues el amor
que brota de las entrañas, del rehem. Y en hebreo,
este rehem, estas entrañas, son nada menos que el
seno materno. Si traducimos literalmente el versículo,
quedaría entonces así: "¿Puede una mujer olvidar a su crío,
no amarlo con el amor que brota del seno materno, al hijo de
su seno materno?"
Estarás de acuerdo que no puede quedar entonces más claro:
Dios que es padre, ama como aman las madres. El amor del
padre, debe ser como el amor de una madre. Y es que siendo
honestos, no hay amor más entrañable, fíjate en la palabra,
no hay amor más entrañable, que el que brota de las
entrañas, del seno materno de una madre. Porque fue ese seno
materno el que dio vida a la nueva vida, fue ese seno
materno el que fortaleció a un bebé por cuarenta semanas, al
igual que el pueblo de Israel se preparó en el desierto 40
años para entrar a la Tierra Prometida, y al igual que Jesús
se preparó en el desierto por 40 días para ejercer su
ministerio. Fue ese seno materno el que hizo casi uno a la
madre y a su bebé, conectados por un cordón umbilical.
Gracias a la medicina de hoy, sabemos que fue ese seno
materno donde el bebé oyó lo que la madre oyó, donde el bebé
sintió lo que la madre sintió, donde el bebé incluso sufrió
lo que la madre sufrió. No puede haber una relación más
estrecha que la de un bebé y su madre cuando éste habita en
su seno. Y por ello mismo, no hay amor más grande, que el de
una madre; no hay amor más tierno, que el de una madre; no
hay amor más entrañable, que el de una madre. Y por eso,
Dios mismo siendo Padre, ama a sus hijos como una madre.
Los padres de familia, siendo representantes de Dios para
sus hijos, deben pues amarlos, como una madre. Tú que me
escuchas y eres padre, recuerda cómo te amó tu madre, y ama
así a tus hijos. Tú que me escuchas y eres madre, ama a tus
hijos con verdadero amor desinteresado, paciente,
incansable, inagotable, comprensivo, misericordioso,
entregado, sacrificado como es el amor de Dios, para que tus
hijos recuerden cómo los amaste, y a su vez puedan amar a
sus hijos... como nos ama Dios.
Medita, aprende, ¡apasiónate por nuestra
fe!
Mauricio I. Pérez
 
Un Padre Tenía dos Hijos
(La Parábola del
Hijo Pródigo)
Este domingo XXIV del tiempo ordinario
se distingue por un tema, que en los tres ciclos litúrgicos,
A, B y C, es consistente: el perdón.
En el evangelio de hoy, se cuentan tres parábolas. La
tercera de ellas aparece entre paréntesis en el misal, lo
que indica que su lectura es opcional. Pero por este medio
quiero animar a todos los sacerdotes y diáconos que me
escuchan, a que por favor lean el evangelio entero, pues la
tercera parábola de hoy es nada menos que la parábola
conocida como "El Hijo Pródigo". Una parábola exclusiva del
evangelio de Lucas, no aparece en los otros tres, y en mi
opinión, la parábola más bella de todo el evangelio, además
de que la riqueza y abundancia de sus enseñanzas simplemente
no se pueden pasar por alto.
Usualmente, por el título que se le ha dado por costumbre a
esta perícopa, la gente suele centrar su atención en el hijo
pródigo, como si este fuera el personaje central. Mas no es
así. Entendiendo la estructura y la semiótica, es decir, el
mensaje de la perícopa, nos damos cuenta de que realmente el
personaje central es el padre que tenía dos hijos, y es por
esto que recientemente hay traductores que prefieren llamar
a esta perícopa "La Parábola del Padre que tenía dos Hijos",
o todavía mejor "La Parábola del Padre Amoroso". Bajo esta
óptica es que hemos de leer esta parábola, pues aunque
ciertamente habla del arrepentimiento, representado por el
hijo pródigo que vuelve a casa, resulta en este caso más
importante el tema del perdón, representado por el padre que
acoge al hijo pródigo.
Vamos a tratar de analizar esta parábola con el mayor
detalle posible, ajustándonos al breve tiempo que la
transmisión nos restringe.
Conoces la historia. Puedes recordarla leyendo Lc 15,1-32.
Detengámonos a analizar al hijo menor.
Del hijo menor llama la atención que el hijo pide su parte
de la herencia, en contra de o que prescribe la ley, como
puedes ver en Dt 21,17.
El hijo emigra a un país lejano. Es decir, lo abandona todo,
no sólo su hogar, sino su pueblo, incluso su país,
abandonando todo lo que es, pues abandona de paso su
cultura, sus raíces, es un abandono total de su pasado,
penetrando al hacerlo una nación pagana, con otros valores,
pero sobre todo, sin el Dios de Israel.
Lleva entonces una vida perdida. El término en el original
escrito en griego, asotos, significa realmente "sin
esperanza de salvación". El hijo lleva una vida tal, que
pierde por completo toda esperanza de salvación. Más bajo no
se puede caer.
Cuando lo gastó todo, el país pasa una terrible hambre. Esta
palabra "hambre", hambruna, recuerda las calamidades del
pueblo de Dios, que siempre estuvieron acompañadas de hambre
y destrucción. Esto es importante porque es en medio de esa
situación, donde el hijo menor tendrá su conversión.
Cuando no lo dejan comer ni las algarrobas que comían los
cerdos, el hijo menor hace lo siguiente, y es importante
notar el orden de sus acciones:
1. Vuelve en sí, regresa a su interior al reflexionar lo que
ha perdido dejando la casa de su padre. Y vemos un clásico
semitismo al encontrar un paralelismo antitético, que
compara la fortuna en su casa, con su desventura actual:
Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan,
mientras yo aquí me muero de hambre
2. Después de reflexionar, el joven hace un propósito de
enmienda: "volveré a la casa de mi padre"
3. Desea la reconciliación: le diré a mi padre "contra ti
pequé"
4. Se pone en marcha. Esto es lo más importante, así como se
puso en marcha para dejar su casa, ahora se pone en marcha
para ir de regreso, pero este ponerse en marcha es la
realización de los buenos deseos. Vemos en el hijo menor el
total proceso de conversión: realización de la miseria
interior, propópsito de enmienda y reconciliación, acción.
No se quedó en un buen deseo, lo realiza y se pone en
marcha.
Veamos ahora al padre
La reacción del padre al ver a su hijo regresar, es total,
abarca la persona entera del padre, lo que significa que su
acogida será total y sin reservas. Y Lucas quiere dejar esto
bien claro, especificando cómo el padre reacciona con todos
su sentidos y órganos: Los ojos, su interior, sus pies, sus
brazos y manos, y sus labios, y hasta su fortuna. Veamos:
Los ojos: Estando el hijo todavía lejos, el padre lo ve.
Su interior: El padre se conmueve.
Sus pies: Echa a correr al encuentro del hijo. No camina,
corre.
Sus brazos y manos: se le echa al cuello, lógicamente
abrazándolo y estrechándolo.
Sus labios: lo llena de besos
Su fortuna: manda hacer un festín de inmediato.
Pero cada parte que acabo de mencionar tiene un significado,
y vale la pena penetrar todavía más:
Es importante que el padre "mire" al hijo, por que en la
Escritura "mirar" está relacionado con "tener misericordia".
Recuerda en la parábola del buen samaritano como el
sacerdote y el levita mejor pasaban de lado para "no mirar"
al medio muerto.
La expresión que indica que el padre se conmueve, en el
original griego, esplaghnisthe, viene a su vez del hebreo
rejem. Y esto es ipmortantísimo porque el rejem hebreo es el
núcleo de la persona, lo más interior, justamente la parte
humana donde brota la misericordia. Incluso el término rejem
se usa para referirse al vientre materno, cuya ternura no
puede ser superada. De esta manera, al usar esta expresión,
Lucas indica, y los lectores de aquel tiempo comprenden de
inmediato, que este padre ama con la ternura de una madre, y
todos sabemos que no hay amor más grande que el de una
madre. Enseñanza muy fuerte en aquellos tiempos para aquella
sociedad que relegaba a la mujer a un segundo plano.
El padre corre y se le echa al cuello, lo que nos hace
recordar el abrazo de encuentro entre Jacob y Esaú, Esaú
corre, se le arroja al cuello a Jacob, llora y lo besa
pidiéndole perdón por haberlo odiado tanto como para hacer
un voto para matarlo por haber tomado los derechos de
primogenitura que él mismo le había vendido por un plato de
lentejas.
Lamentablemente por falta de tiempo de transmisión no puedo
detenerme en analizar al hijo mayor, pero quiero profundizar
un poco más en la reacción del padre.
Cuando el hijo menor le dice "Contra el cielo y contra ti yo
pequé. No merezco ya llamarme hijo tuyo", el padre reacciona
de la siguiente manera:
Interrumpe sus palabras, y lo viste con el mejor manto, es
decir, con el manto de la dignidad. La miseria en la que
regresa el hijo nos recuerda la miseria de Adán y Eva tras
su pecado, representada por su desnudez que trataban de
cubrir aunque fuera con una planta. El padre viste al hijo
primero que nada, para devolverle la dignidad que perdió,
pues como él mismo confiesa "contra el cielo pequé".
Le coloca un anillo en el dedo. El anillo es símbolo de
poder y status. Al darle el anillo, le devuelve sus derechos
legales sobre su propia casa, los cuales perdió al haber,
como también confiesa, "pecado contra su padre".
Le coloca sandalias. Las sandalias son el símbolo de los
hombres libres. Los esclavos andaban descalzos. El hijo era
esclavo de su pecado, al calzar las sandalias nuevamente ha
quedado liberado de la esclavitud del pecado.
Y finalmente el padre ofrece un banquete, que merecería
otras dos horas de análisis las cuales no contamos.
Pero basta escuchar este breve análisis para darnos cuenta
de que la parábola habla del amor de Dios para con sus
hijos, especialmente con los hijos arrepentidos.
Y no podemos ignorar que también da un ejemplo de cómo se
comporta un verdadero padre humano con sus hijos cuando
fallan y vuelven a pedir perdón. Tantos padres hay que
lamentablemente dan la espalda a sus hijos por "haberles"
fallado... Ojalá todos ellos comprendieran esta parábola
para que les quede clara la verdadera actitud de un padre
verdadero: amar con la ternura de una madre.
Y en el caso de nuestro Padre Dios, el mensaje de la
parábola es contundente: Por bajo que hayamos caído, si
reflexionamos y nos damos cuenta de lo que hemos perdido al
apartarnos de Dios, nos arrepentimos y hacemos un firme
propósito de enmienda, y nos ponemos en marcha de vuelta a
Dios para pedirle perdón, tengamos por seguro que Dios al
vernos, correrá a nuestro encuentro, vestirá nuestra
desnudez con el manto de la dignidad, nos devolverá nuestra
autoridad como hijos suyos, y nos sacará de la esclavitud
del pecado calzándonos con las sandalias del hombre libre. Y
por si fuera poco, echará la casa por la ventana haciendo un
festín de aquellos en el cielo para celebrarlo.
Medita,
aprende, ¡apasiónate por nuestra
fe!
Mauricio I. Pérez
 
Padres Solteros, Divorciados
y Viudos: El Gran
Riesgo de la Sobre Compensación
Hay un número significativo de padres
solteros que hacen el favor de escuchar las Semillas para la
Vida buscando pistas para vivir una vida con Dios ante los
desafíos que el ser padres únicos les representa. Hoy quiero
dirigirme especialmente a ellos para reflexionar sobre un
riesgo latente: la sobre
compensación.
Por diferentes circunstancias, hay niños que
cuentan con padres solteros, ya sea porque su padre o madre
enviudó, o porque las cosas no resultaron como un día se
soñó y los papás se separaron, o quizás incluso porque sus
papás nunca se casaron. Evidentemente que no pretendo
promover ninguna de estas situaciones, ni mucho menos hacer
un juicio moral de nadie. Pero quiero que nos enfoquemos en
este hecho: Cuando un padre o madre se quedan solos a cargo
de su hijo, corren el riesgo inminente de caer en la trampa
de la sobre compensación. La sobre
compensación es un fenómeno psicológico por el que
pasamos casi todos: cuando algo no nos sale en la vida como
hubiéramos querido, o más aún, cuando fracasamos en algo,
tendemos a buscar otra área o actividad donde por el
contrario, destaquemos, y lo hagamos en abundancia.
En el caso de los padres solteros, viudos o divorciados, un
ejemplo de la sobre compensación
sucede cuando al sentir que un hijo carece de algo tan
importante como es tener dos papás, el padre soltero tiende
a sobre compensar esta ausencia
con un exceso de bienes materiales. A la postre, esto sólo
logra hacer de los hijos personas caprichosas y tal vez
hasta inseguras.
En el caso del divorcio, el sentimiento de culpa por el
dolor causado a los hijos antes y durante el trance del
divorcio, que lógicamente conllevan un gran sufrimiento para
los hijos, hay padres que tienden a sobre
compensar este dolor con una excesiva suavidad en su
disciplina, la cual relajan a niveles extremos
convenciéndose a sí mismos que es lo mejor para que sus
hijos no sufran más, pues ya sufrieron bastante. Un análisis
frío basta para ver que esto no es conveniente a los hijos,
que necesitan disciplina y formación con uno o con dos
padres, y que incluso, al tener un solo padre de tiempo
completo, esta formación y disciplina más bien ameritan un
esfuerzo doble del padre que ha quedado a cargo del hijo.
A propósito de la formación, en el caso de los padres
divorciados, y sobre todo de las mamás, hay algo que sucede
mucho más a menudo de lo que te imaginas, el hecho de que la
mamá al sentir a cuestas el tremendo fracaso del divorcio, y
más cuando se debió al maltrato del esposo quien tal vez la
ninguneaba y sobajaba constantemente hasta vulnerar su
autoestima, al quedar solas tienden a sobre
compensar esta situación demostrándose a sí mismas
cuán valiosas e inteligentes son, dedicándose de lleno a su
trabajo a niveles verdaderamente excesivos, con tal de
alcanzar los mayores triunfos profesionales y así sobre
compensar las heridas a su autoestima que su esposo
provocó. Pero esta dedicación al trabajo, afecta
directamente a los hijos, pues al dedicarse así a la
profesión, no tienen el tiempo necesario para la formación
personal de sus hijos. Se contentan pagándoles los colegios
más caros y quizás una institutriz que supla a la madre por
las tardes, pero el hijo necesita de la formación y el
tiempo de su madre, punto. Por si acaso, no me refiero a la
situación de una madre que no tiene más remedio que trabajar
para proveer lo indispensable.
En el caso de los papás viudos, y me refiero en este caso a
los hombres, en ocasiones intentan llenar el hueco que quedó
en su vida tanto a nivel personal como al haber perdido a la
madre de sus hijos, y se envuelven en relaciones personales
para encontrar una nueva pareja. Una búsqueda legítima, por
supuesto, pero que muchas veces en ese afán de sobre
compensar la pérdida, los distrae de sus hijos sin
ellos darse cuenta.
Vale la pena que estemos alertas de este fenómeno
psicológico de la sobre compensación. Si la vida misma,
nuestros errores como padres o como esposos, o los errores
de nuestra pareja han provocado que nuestros hijos tengan en
nosotros un padre soltero, recordemos que nuestro principal
papel es ser para ellos representantes de Dios en la tierra,
y llenarlos de las auténticas bendiciones que Dios quiere
para ellos. Si queremos que no falte Dios en la vida de
nuestros hijos, debemos comenzar por no faltar nosotros a la
vida de aquellos que Dios confió a nuestro cuidado.
Medita,
aprende, ¡apasiónate por nuestra
fe!
Mauricio I. Pérez
 
¿Por qué es
Importante
la Epístola a los Hebreos?
"Cristo
es el mismo ayer, hoy y siempre." Esta es seguramente la
frase más famosa de la Epístola a los Hebreos, que aunque
está considerada una de las 13 cartas paulinas, es la única
que no fue escrita por san Pablo, aunque muy seguramente lo
fue por alguno de sus discípulos. Su estilo y gramática son
distintos a las 12 cartas escritas por Pablo. La carta a los
hebreos es mucho más compleja en su forma y su saludo
inicial no es consistente con las otras doce, que comienzan
saludando al destinatario con la expresión "Gracia y paz a
vosotros." La Epístola a los Hebreos omite este tan
tradicional saludo paulino, y sin hacer saludo alguno, va
directamente al grano. Además, en las otras doce cartas
Paulinas, san Pablo se identifica a sí mismo, mientras que
en la epístola a los hebreos, su autor permanece anónimo.
Sea quien sea su autor, lo importante es que es un libro
canónico, es decir, es revelación, es Palabra de Dios y por
ello se cuenta entre los libros del NT.
Esta carta fue escrita alrededor del año 65, muy
probablemente desde Roma. Su destinatario son los cristianos
de ascendencia judía, pues muchos de ellos a estas alturas,
debido a la persecución del Imperio Romano, comienzan a
abandonar el cristianismo para volver al judaísmo. El autor
de la epístola a los hebreos quiere convencerlos de que
Cristo es superior a toda la tradición y a la misma alianza
del pueblo de Israel.
Por ello, la gran importancia de esta epístola, es que
desarrolla la cristología de Cristo sacerdote. Los
evangelios nunca se refieren a Cristo ni a los apóstoles
expresamente como sacerdotes, aunque encontramos elementos
sacerdotales en algunos de los dichos y las acciones de
Jesús. Es esta epístola a los hebreos uno de los documentos
que mejor elaboran esta teología sacerdotal de Cristo Jesús,
desarrollando a la par la teología de Jesús como víctima
perfecta. Jesús es pues no sólo el sacerdote que ofrece el
sacrificio, sino también la víctima misma que ofrece como
sacerdote en holocausto. Por ello, Jesús es superior incluso
al sumo sacerdote del templo de Jerusalén, quien sólo
alcanza a fungir como un intermediario entre el pueblo y
Dios. Al mismo tiempo, Jesús supera a todos los héroes del
AT, incluyendo al mismo Moisés, a los profetas y a los
ángeles.
Además Cristo deja atrás la alianza del AT, la alianza del
Sinaí, pues esta estaba inscrita en piedras, mientras que la
nueva y eterna alianza de Jesús ha quedado inscrita en el
corazón del hombre.
La epístola a los hebreos presenta pues, una serie de
comparaciones entre el Israel, su historia, su praxis y su
alianza, con Cristo Jesús, para dejar claro que Cristo es el
supremo sacerdote, cuya alianza es eterna.
Medita,
aprende, ¡apasiónate por nuestra
fe!
Mauricio I. Pérez
 
No he Venido a Traer la Paz,
sino la Guerra
Este Domingo XX del tiempo ordinario
continuamos la ascención a
Jerusalén con Jesús, es decir, nuestra preparación
espiritual para la redención, según el contexto de la
teología lucana. El tema central de la misa de hoy es
contundente: ser Hijo de Dios implica grandes riesgos, no es
un camino de paz, sino de guerra. Y no de guerra hecha por
nosotros, sino de guerra sufrida al enfrentar este mundo
portando como estandarte la cruz de Cristo. Hoy en día,
muchas sectas tratan de ganar adeptos asegurando a la gente
que al pertenecer a su grupo dejarán de sufrir y tendrán
paz. Pero, ¿es en verdad esto una realidad evangélica?
El evangelio de san Lucas (Lc 12,49-53) nos presenta hoy un
anuncio de la pasión de Jesús, cuyo fuego por un lado, Jesús
anhela que se encienda, pero por otro, le angustia
terriblemente pensar en aquél día. Jesús advierte entonces
que no ha venido a traer la paz, sino la guerra, y haciendo
eco al profeta Miqueas, Jesús anticipa que por su venida se
pondrán hijos contra padres, madres contra hijas, suegras
contra nueras... El mensaje del evangelio de hoy es claro:
Jesús es signo de contradicción. Seguirlo no será fácil, no
será un camino pacífico. Vivir por el evangelio conlleva el
riesgo de morir en la cruz: la cruz física para los primeros
cristianos, y para nosotros, la cruz de perder a la familia,
la cruz de no ser escuchados por nuestros hijos, la cruz de
no encajar con todas las personas que quisiéramos, la cruz
de ser rechazados y criticados incluso por las personas que
más queremos, la cruz de recibir burlas al ser acusados de
ser: conservadores, anticuados, mojigatos y mochos.
La primera lectura (Jer 38,4-6,8-10) deja ver la realidad de
este mensaje. El profeta Jeremías es echado a un foso donde
queda hundido en el fango, porque según sus enemigos, "dice
cosas que desmoralizan a los guerreros y a todo el pueblo."
Pero aun cuando los hijos de Dios son perseguidos, no están
solos, y Dios siempre los ampara. Un buen hombre etíope, el
oficial del palacio, convence al rey de que lo que han hecho
con Jeremías es injusto, y el rey termina por enviar 30
hombres a rescatarlo. A pesar de vivir la guerra del
evangelio y quedar muchas veces hundidos en el fango de la
incomprensión, la burla y la
calumnia, Dios no nos abandona.
Y por ello, en el Salmo (Sal 39) damos gracias a Dios,
porque "Esperé en el Señor con gran confianza, El se inclinó
hacia mí, y escuchó mis plegarias. Del charco cenagoso y la
fosa mortal me puso a salvo. El me puso en la boca un canto
nuevo. Muchos se conmovieron al ver esto y confiaron también
en el Señor."
El autor de la Carta a los Hebreos (Heb 12,-4), que como
explicaré en la emisión de mañana, no fue san Pablo sino
alguno de sus discípulos, nos recuerda el ejemplo de Jesús,
quien aceptó la cruz sin temer a su ignominia, y por eso
está sentado a la derecha de Dios. Y las palabras de ánimo
del autor de esta epístola nos caen muy bien, sobre todo
cuando la cruz personal nos pesa tanto: "Mediten, pues, en
el ejemplo de aquel que quiso sufrir tanta oposición de
parte de los pecadores, y no se
cansen ni pierdan el ánimo, porque todavía no han llegado a
derramar su sangre en la lucha contra el pecado."
Es muy cierto, a veces la cruz nos aplasta con su terrible
peso, pero lo cierto es que todavía no hemos llegado al
martirio, así que, ¿de qué nos quejamos? Aceptemos nuestra
cruz, que Cristo no vino a traer la paz, sino la guerra, y
confiemos en el Señor, quien siempre inclina su oído hacia
nosotros, y escucha nuestras oraciones para sacarnos del
fango.
Medita,
aprende, ¡apasiónate por nuestra
fe!
Mauricio I. Pérez
 
El Gran Santo de Auschwitz

Hoy,
los miembros de la Milicia de la Inmaculada estamos de
gozo pues se celebra en la iglesia la fiesta de nuestro
padre fundador, san Maximiliano Kolbe. Franciscano
Conventual, nacido en Polonia el 8 de enero de 1894. A los
13 años ingresó al seminario y se ordenó como sacerdote en
1918.
Maximiliano Kolbe es un santo moderno. Este año se celebrará
en octubre el XV aniversario de su canonización, por el papa
Juan Pablo II en 1982. Esta canonización marcó un parte
aguas en la historia de las canonizaciones, y para
comprender por qué, conviene conocer los hechos que llevaron
a Maximiliano a los altares.
Se dice que siendo niño, Maximiliano, o Raymundo, su nombre
de pila, recibió una visión de María Inmaculada en la que le
ofrecía dos flores: una rosa blanca y una rosa roja. Aceptar
la rosa blanca significaría consagrar su vida a la
Inmaculada. Aceptar la rosa roja, sería aceptar el martirio.
Maximiliano debía elegir una rosa, y siendo niño, optó por
tomar las dos.
Maximiliano estaba convencido de que consagrar su vida a
María Inmaculada era la mejor forma de llegar a Cristo, pues
¿qué mejor manera que hacerlo de la mano de su propia Madre?
Apasionado por esta devoción y deseoso de compartirla a
manos llenas, fundó la Milicia de la Inmaculada en 1917, con
el fin de que sus miembros nos consagremos a María con el
objetivo de luchar mediante todos los medios válidos por la
construcción del Reino de Dios en todo el mundo.
Maximiliano Kolbe era un auténtico apóstol moderno, decidido
a llevar el evangelio hasta el último rincón valiéndose de
todos los medios que la tecnología ponía a su alcance. Así,
compró un equipo de radio y produjo el primer programa
católico del mundo. Luego compró una imprenta y publicó la
primera revista católica del mundo, con un tiraje de 500
ejemplares solamente, que 17 años después contaría ya el
millón de ejemplares por tiraje. San Maximiliano afirmaba
que su misión y la de sus seguidores era ""conquistar todo
el mundo, todas las almas, para Cristo, para la Inmaculada,
usando todos los medios lícitos, todos los descubrimientos
tecnológicos, especialmente en el ámbito de las
comunicaciones." Y a propósito de esto, hago un paréntesis
para explicar que ésta es precisamente la razón de ser de
las Semillas para la Vida, evangelizar como miembro de la
MI, precisamente empleando los recursos más modernos que la
tecnología pone a nuestro alcance, en este caso el podcast.
Maximiliano también construyó Niepokolanow, el monasterio
franciscano más grande del mundo. Durante la segunda Guerra
Mundial, Maximiliano Kolbe aprovechó sus instalaciones para
dar refugio a un gran número de judíos perseguidos por los
nazis. Al ser descubierto, fue
enviado al campo de concentración de Auschwitz en 1941. Un
día, un prisionero intentó escapar del campo de
concentración. En represalia, los nazis tomaron al azar 10
hombres del grupo de Maximiliano, para matarlos. Uno de
ellos cayó de rodillas y suplicó que le perdonaran la vida,
pues su esposa y su hijo lo esperaban fuera del campo de
concentración. Al oir la súplica, Maximiliano dio un paso
adelante sin chistar, y ofreció su vida a cambio. Los nazis
lo interpelaron: ¿y tú quién eres? -Soy un sacerdote de Dios
y no tengo esposa ni hijos, tomen mi vida en su lugar. Los
nazis lo hicieron y llevaron a los 10 prisioneros contando a
Maximiliano, a una celda para morir de inanición. 10 días
después, sólo 6 habían muerto. Maximiliano seguía vivo y
había ayudado a los otros a morir en paz. Hay testimonios de
personas que tenían la responsabilidad de asear aquel bunker
por las noches, y de oír a los prisioneros elevar cantos a
María dirigidos por Maximiliano. Los nazis optaron por
terminar con la vida de Maximiliano aplicándole una
inyección letal de ácido carbólico. Maximiliano se sentó en
el rincón de su celda, y pacíficamente comenzó a rezar a
María hasta que llegó el momento de expirar. Aquí el más
grande fruto de su consagración a la Inmaculada: Maximiliano
que ofreció su vida recordando la rosa roja que un día
aceptó, murió justo el 14 de agosto,
un día antes del 15 de agosto que nueve
años después sería dedicado a la celebración del dogma de la
Asunción de María. Y así, como una divina coincidencia, la
muerte y fiesta de Maximiliano Kolbe quedó como antesala de
la Asunción de María, coincidencia que litúrgicamente deja
ver el sueño de Maximiliano hecho realidad: celebramos la
muerte de Maximiliano y al día siguiente la Asunción, ¿no
significa esto que Maximiliano llegó finalmente al Señor de
la mano de su Madre que es llevada al cielo?
Juan Pablo II declaró que Maximiliano Kolbe era su héroe
personal. Como sacerdote en Polonia, varias veces
peregrinaba a Auschwitz para rezar e inspirarse ante la
celda donde murió su héroe, Maximiliano Kolbe. Cuando llegó
la hora de canonizarlo en 1982, el Papa deseaba canonizarlo
como mártir. Pero había un problema técnico: la definición
de martirio implicaba morir por defender la fe, no por dar
la vida a cambio de alguien. La Congregación para la Causa
de los Santos lo discutió con el Papa. La única solución era
que usando su autoridad pontificia, extendiera la definición
de martirio para significar también entregar la vida para
salvar la de alguien más. El papa Juan Pablo, haciendo gala
de su conocimiento teológico, hizo notar que Cristo, el
mártir por excelencia, murió precisamente para salvar la
vida de todos los hombres. Y así, la definición fue
extendida por autoridad del Papa, y Maximiliano Kolbe fue
canonizado como mártir el 10 de octubre de 1982.
Recemos con Maximiliano: "Oh María, concebida sin pecado,
ruega por nosotros que recurrimos a Ti y por cuantos a Ti no
recurren, en especial por los enemigos de la santa Iglesia y
por aquellos que te son encomendados." San Maximiliano Kolbe,
ruega por nosotros.
Medita,
aprende, ¡apasiónate por nuestra
fe!
Mauricio I. Pérez
 
Al que Mucho se le Da...
Esta semana leemos las
lecturas que corresponden al domingo XIX del tiempo
ordinario. En la
primera lectura, del libro de la Sabiduría nos habla de la
promesa de la liberación que se cumplió en la noche de
Pascua y desde entonces el pueblo las celebra para
conmemorar la firmeza de las promesas del Dios en que habían
creído. Dios le concedió a su pueblo lo que le había
prometido, una grandísima bendición, lo eligió su pueblo. Le
dio lo más grande que le pudo dar, Dios
mismo.
El salmo responde en alabanza a esta
realidad: Dichoso el pueblo escogido por Dios,
feliz la nación cuyo Dios es el Señor. Dichoso el pueblo que
eligió por suyo.
En la segunda lectura, la carta a los
Hebreos nos recuerda que la fe es la forma de poseer
lo que no se ve, y nos da el ejemplo de
fe que tuvimos en el Antiguo Testamento recodándonos la
historia de Abraham cuya mujer era muy vieja para tener
hijos y sin embargo lo tuvo y posteriormente se le pidió que
se lo sacrificara en el monte.
Pero él siempre se mantuvo en la firme en la fe. Obedeció lo
que Dios le pedía y finalmente al
demostrar cuán grande es su fe, se quedo con su hijo.
El evangelio de san
Lucas, continúa la enseñanza del domingo anterior,
recodándonos que debemos estar
preparados porque no sabemos la hora en que moriremos. El
pasaje del evangelio que leemos este domingo pertenece a la
gran sección de San Lucas de la subida a Jerusalén. En la
teología lucana, la subida a Jerusalén es la preparación
para llegar a Jerusalén, la ciudad santa donde se ha de
llevar a cabo la redención.
Ascender a Jerusalén con Jesús es preparase y estar listo a
llegar a Jerusalén para la redención.
Como parte de esta preparación Jesús deja esta enseñanza,
hay que contar en Dios y hay que estar preparado porque no
sabemos el día y la hora y la manera de
prepararnos es no acumulando tesoros en
la tierra, sino acumulándonos un tesoro
en el cielo. Porque a fin de cuentas un
día hemos de morir y con lo que nos
quedaremos es con el verdadero tesoro que
hemos acumulado en el cielo. Y cuenta una
parábola para ilustrarnos:
"Si un padre de familia supiera que ahora
va venir un ladrón estaría vigilando y no
permitiera que se le metiera por un
boquete de su casa, pues también ustedes
estén preparados porque en la hora que
menos lo piensen vendrá el Hijo del
Hombre". Pedro
le pregunta si esta parábola se refiere a todos o sólo a
ellos. Jesús le responde con otra
parábola, un administrador encargado de repartir a tiempo
todos los alimentos para su servidumbre
por encargo de su amo y si cumple con
su tarea será dichoso cuando llegue el
amo y lo encuentre cumpliendo con su deber. Pero si por el
contrario el administrador maltrata a los criados y se
come lo que debería compartir, el día
menos pensado va a llegar el amo, lo descubrirá
y lo castigará severamente. Realmente
Jesús se refiere a los apóstoles, al ministerio que les
confía, un ministerio especial que ellos han de ejercer
haciéndose cargo del pueblo de Dios. Sin embargo la
enseñanza la podemos aplicar para
nuestra vida misma, vale más cumplir la voluntad de Dios y
estar preparados, a ser
sorprendidos ignorándola.
Después de haber leído en esta misa la
grandeza de las promesas de Dios, la grandeza de
ser parte del pueblo de Dios que ha sido
elegido por Dios, la grandeza de la fe que lleva al hombre a
ver lo que no se ve, la importancia de tener un tesoro en
el cielo y estar preparados. El Evangelio
termina con una sentencia
contundente. Al que mucho se le da, se le exigirá mucho y al
que mucho se le confía, se
le exigirá mucho más. Estas palabras se las dijo a Pedro,
claro, pero resuenan en el corazón de cada uno de nosotros.
Pues es un hecho que recibió el ministerio más grande de
todos los apóstoles convirtiéndose en el primer vicario de
Cristo. Pero a la vez es un hecho que cada uno de
nosotros ha recibido de Dios mucho y en consecuencia se nos
exige mucho. Es un hecho también que mucho se nos ha
confiado y que en consecuencia se nos exige mucho más. Dios
nos ha dado nuestro ser, pudimos ni siquiera haber existido
pero Dios en su infinito amor optó por que existiéramos, tú
y yo existimos gracias a Dios. Y a cambio se nos exige
comportarnos cómo hijos de Dios. Al que mucho se le confía
se le exigirá mucho más.
Dios
nos ha confiado a nuestros hijos, ¡qué gran bendición! su
alegría, su ternura. Pero se nos exige mucho más. Se nos
exige su formación, se nos exige tiempo para estar con
ellos, tiempo para vivir con ellos su vida. Se nos exige
hacer de ellos hombres cabales, íntegros, amorosos.
Dios
nos da trabajo y a través del trabajo, nuestro pan de cada
día y esto implica una exigencia. Hacer este trabajo a la
altura de lo hijos de Dios, un trabajo bien hecho. No se
vale para un hijo de Dios un trabajo chambón, un trabajo
mediocre, porque mucho se nos da y mucho se nos exige.
Lo más grande que
Dios nos dio fue su Hijo mismo, sin reservas. Su Hijo que
murió en la cruz. Y la exigencia que tenemos a cambio es
tomar la cruz y seguirlo, no hacernos como si no existiera,
no fingir que no oímos u oír sólo lo que nos conviene. Con
la misma radicalidad que Dios envió a su Hijo, debemos
responder. Con esa radicalidad que su Hijo se entregó hasta
morir en una cruz, estamos exigidos a responder. A seguirlo
con radicalidad porque al que mucho se le da, mucho se le
exige.
Medita,
aprende, ¡apasiónate por nuestra
fe!
Mauricio I. Pérez
(Transcripción de
Alejandrina Moreau de Martin)
 
La Cristología Apocalíptica
El anticristo nunca
es mencionado en el Apocalipsis, sin embargo algo muy
notorio es que la
mayoría de la gente que lee el libro del Apocalipsis, lo
hace con do intereses:
1) Conocer o revelar cómo es que va a terminar el mundo.
Cuestión que no está
descrita en el libro del Apocalipsis porque no era esa su
interés.
2) Conocer quién es
el anticristo que ni siquiera es mencionado en el
Apocalipsis. En todo caso el tema del anticristo se lo
debemos al autor de las dos primeras cartas de Juan.
Pero por tratar de
leer el libro bajo estas dos perspectivas, la del fin del
mundo y la del anticristo, la gente suele perder de vista al
personaje central del libro del Apocalipsis que no es otro
sino Cristo Jesús. Y por buscar al anticristo se
pierden el grandísimo número de veces que Jesús aparece en
esta narración. Realmente podríamos considerar que el libro
del Apocalipsis es un tratado muy rico de Cristología pues
nos presenta a Cristo bajo un número muy significativo de
títulos cristológicos de los cuáles podemos comprender quién
es más y más la esencia de quién es Cristo Jesús el Hijo de
Dios y es que son más de 30 los títulos cristológicos que
nos hablan de Jesús en el libro del Apocalipsis. Sin duda el
título que más se emplea
es el del cordero, que si mi cuenta no me falla, se menciona
26 veces y si hablamos del cordero como cordero degollado
entonces el Apocalipsis lo presenta 29 en total.
Vale la pena que
conozcamos los títulos cristológicos del Apocalipsis porque
insisto de ellos podemos extraer una cristología que nos
permita más conocer la persona de Cristo y en consecuencia
acercarnos más a Él.
El libro del Apocalipsis nos presenta pues a Jesús como:
1. Jesús
2. Cristo
3. Testigo Fiel
4. El Primogénito de entre los muertos
5. Príncipe de los reyes de la tierra
6. El que nos ama y nos ha lavado con su sangre de nuestros pecados
7. El que ha hecho para nosotros un Reino de sacerdotes para Dios, su
Padre
8. Hijo del Hombre
9. El Primero y el último
10. El que vive, estuvo muerto, pero ahora está vivo por los
siglos de los siglos y tiene las llaves de la muerte y del
hades
11. El que tiene las siete estrellas
12. El que camina entre los siete candelabros de oro
13. El que estuvo muerto y resucitó
14. El que tiene la espada aguda de dos filos
15. El Hijo de Dios
16. Aquel cuyos ojos son como llama de fuego y cuyos pies
parecen de metal precioso
17. El que sondea las entrañas y los corazones
18. El que tiene los siete espíritus de Dios y las siete
estrellas,
19. El que tiene la llave de David
20. El Amén
21. El Testigo fiel y veraz
22. El principio de las criaturas de Dios
23. El León de la tribu de Judá
24. El retoño de David
25. El Señor
26. El Hijo Varón que ha de regir a todas las naciones con
cetro de hierro,
27. La Palabra de Dios
28. Rey de reyes y Señor de Señores
29. El Alfa y la Omega, el Principio y el Fin
30. Lucero radiante del alba
31. El Cordero
32. El Cordero Degollado
Como ves, entre otras cosas este libro
del Apocalipsis es un tratado de Cristología que bien
vale la pena analizar a fondo para acercarnos más a Cristo
Jesús.
Medita, aprende, ¡apasiónate por nuestra
fe!
Mauricio I. Pérez
(Transcripción de
Alejandrina Moreau de Martin)
 

Señor, Enséñanos a Orar
Es evidente que el tema central de
la misa de este domingo, XVII del tiempo ordinario, es la
oración. La primera lectura nos presenta uno de los episodios
más fascinantes del Antiguo Testamento. Dios se ha cansado
del pecado de Sodoma y Gomorra, y ha decidido destruirlos.
Abraham intercede por estas dos ciudades ante Dios, en una
oración llena de ternura y arrojo a la vez.
Podemos encontrar en esta perícopa
de la oración de Abraham, las actitudes necesarias
en todo orante: Ante todo, humildad, dice Abraham "Me he
atrevido a hablar Señor, yo que soy polvo y ceniza".
Igualmente, notamos confianza, "¿Y si encuentras cincuenta
justos? ¿Y si encuentras 45? ¿Y 40 y 30 y 20 y 10?", pero
también temor de Dios "No se enfade mi Señor, si sigo
hablando..."
Esta perícopa es preciosa porque nos muestra a un hombre
acostumbrado a dialogar con su Dios. Sí, a dialogar, no sólo
a hablarle, sino a saber recibir de Dios una
respuesta. Y en esta línea, el Salmo nos permite responderle
a Dios cuando repetiremos con el salmista "Cuando te invoqué,
Señor, me escuchaste".
El evangelio, siempre conectado al tema de la primera
lectura en la misa, nos presenta a Jesús enseñando a sus
apóstoles cómo orar, y lo hace con la oración
dominical, que conocemos como Padre Nuestro. Es
importantísimo ubicar el contexto de esta oración. Este año
leemos los domingos el evangelio de Lucas, cuya exposición
del Padre Nuestro es distinta a su paralelo en Mateo, tanto
en contexto, como en forma. Mientras Mateo presenta siete
peticiones en su
versión del Padre Nuestro, Lucas sólo presenta cinco, lo que
nos deja ver que tuvo una fuente distinta a la de Mateo al
escribir este pasaje. Es la versión de Mateo la que usamos
para rezar el Padre Nuestro en nuestra praxis, por ser más
completa. Pero lo importante en Lucas es su contexto.
Mientras que Mateo presenta su Padre Nuestro en el Sermón
del Monte, Lucas lo hace en una distinta ocasión, en la que
Jesús se encuentra orando.
El Jesús orante es un hilo
conductor del evangelio de Lucas. Siempre que algo crucial
acontecerá en la misión de Jesús, Lucas nos muestra a
Jesús orando primero: antes de convocar a sus
apóstoles, antes de su pasión, antes de que los apóstoles
regresen de
la misión y Pedro confiese "Tú eres Cristo, el
Hijo de Dios vivo" y Jesús lo
nombre su primer vicario en la tierra...
Y en este caso sucede igual. Vemos a Jesús orando, y
es en ese momento que sus apóstoles lo interrumpen para
pedirle que les enseñe a orar. Así, como explica
profundamente el Papa Benedicto en su reciente libro "Jesús
de Nazaret", al Jesús ser interrumpido en su oración para
enseñarnos a orar, esta enseñanza, este Padre Nuestro, no es
más que la continuación de la
oración de Jesús mismo. Y de esta forma, el Padre Nuestro es
la oración de Jesús mismo, que la comparte con nosotros para
que le pidamos al Padre lo que verdaderamente necesitamos en
nuestra vida. Es importantísimo notar que la primerísima
petición del Padre Nuestro no es para nosotros, sino para
Dios: "Santificado sea tu nombre".
Al igual que Abraham no desfalleció en su oración y siguió
insistiendo convenciendo a su Señor una y otra vez por su
amor y perseverancia, Jesús nos enseña en el evangelio de
hoy a orar sin desfallecer. Como la persona que toca la
puerta a altas horas de la noche e insiste hasta que el
dueño de la casa se levanta y le abre.
A veces nos desesperamos porque sentimos que Dios no nos
escucha al orar. Claro, es de esperarse este sentimiento si
sólo oramos cuando nos encontramos en una crisis o cuando
tenemos una grandísima preocupación. Pero te garantizo,
apoyado en la promesa de Cristo mismo, que si oras siempre,
en todo momento y en toda circunstancia, buena o mala, Dios
escuchará tus palabras y tarde o temprano,
te abrirá la puerta.
Medita, aprende, ¡apasiónate por nuestra
fe!
Mauricio I. rez
 

Somos Más los Buenos que los Malos
Voy regresando a casa luego del
hacer un viaje. De ahí que me haya retrasado un poco
en sembrar otra semilla por este medio. Pero no quiero que
pase más tiempo y quiero compartir contigo una pequeña
reflexión. Te comento que mi viaje estuvo lleno de
contratiempos, situaciones inesperadas e incómodas, un calor
abrumador y agobiante...
Pero me
llamó mucho la atención notar que en medio de tantos
sinsabores, cada día alguien
surgía que con su amabilidad, con su sonrisa, con sus
consejos dados a un forastero, hacía que las cosas se
compusieran al menos por un momento. Te comento esto porque
siempre he estado convencido de que somos más los buenos que
los malos, y me impresiona ver el gran recelo con el que la
gente vive en nuestros días. Parece que todos desconfían de
todos, que todos sospechan que la gente amable lleva
escondida una segunda intención, que algo quiere a
cambio, en fin...
Pero realmente,
si pones atención y sobre todo, si miras a las personas con
los ojos del interior,
notarás que en realidad hay muchísima gente buena, y sí, son
más los buenos que los malos. Y si contemplas con los ojos
del interior, notarás que siempre estas personas con algo
tan simple como un gesto de amabilidad, son el medio por el
que Dios te manifiesta su presencia en tu vida, el medio del
que Dios se vale para orientarte, guiarte, y que te sientas
bien, son el medio por el que Dios te ofrece una palabra de
aliento y hasta un momento de una sabrosa carcajada llena de
alegría.
Te invito hoy a que contemples con los ojos de tu interior a
las personas con quienes convivas en este día, las
conozcas o no: el taxista, la señorita que te vende
el boleto del tren, el joven que te sirve la mesa en la
comida, la muchacha que te cobra al salir del restaurante...
contempla su actitud. Verás que hay alguien por ahí a través
del cual sentirás la presencia de Dios en tu vida.
-Medita, aprende, ¡apasiónate por nuestra
fe!
Mauricio I. Pérez
 

¿Qué es el Magisterio
de la Iglesia?
SabemSabemos que el Magisterio de la
iglesia es infalible, y sabemos que como católicos debemos
adherirnos a él.Conviene entonces que comprendamos en qué
consiste. El Magisterio es la autoridad de la Iglesia para
enseñar, instituída por Cristo y guíada por el Espíritu
Santo, y que busca salvaguardar y explicar las verdades de
la fe.
El Magisterio se ejerce de dos maneras:>
El Magisterio conocido como extraordinario, es ejercido
cuando el Papa y los concilios ecuménicos definen de manera
infalible una verdad de fe o moral que es necesaria para la
salvación y que ha sido constantemente enseñada y sostenida
por la iglesia a través de los siglos.
El Magisterio ordinario se ejerce cuando la Iglesia define
de manera infalible verdades de Fe como enseñanzas
universales, que deben ser enseñadas o de lo contrario el
Magisterio fallaría en su deber. Estas enseñanzas del
magisterio ordinario están relacionadas con un aspecto grave
de fe o de moral, y que por ello son enseñadas con total
autoridad.
Es importante siempre recordar que lo enseñado por la
iglesia al ejercer su Magisterio no obedece al capricho de
un papa y un conjunto de obispos. El Magisterio de la
iglesia siempre es fiel a las enseñanzas de Cristo e
iluminado por el Espíritu Santo.
-Medita, aprende, ¡apasiónate por nuestra
fe!
María de
Lourdes Pérez

Envía,
Señor, Operarios a tu Mies
En el evangelio de ayer, XIV
domingo del tiempo ordinario, oíamos a Jesús encomendarnos
la oración por las vocaciones: "La mies es mucha pero los
operarios son pocos, envía Señor, operarios a tu mies".
Jesús dijo esto hace 2,000 años, y 2,000 años después la
mies sigue siendo mucha, y los operarios pocos, si no es que
incluso, cada vez más pocos.
Necesitamos vocaciones, necesitamos sacerdotes.
+ Pero no necesitamos sacerdotes que no nos conduzcan a Dios.
+ No necesitamos sacerdotes que se queden mudos cuando confesamos nuestros
pecados, sin ofrecernos consejo alguno.
+ No necesitamos sacerdotes que desde el ambón hablen y hablen sin
decirnos nada.
+ No necesitamos sacerdotes que sólo tengan tiempo para los que con más
dinero apoyan a la parroquia.
+ No necesitamos sacerdotes que hablen muy bonito desde el altar pero en
persona nunca tengan tiempo para hablar en persona.
+ No necesitamos sacerdotes que hagan de la santa misa un espectáculo, que
hagan a un lado las normas litúrgicas y celebren como si
fuéramos evangélicos en vez de católicos.
Pidamos pues al Señor, que nos envíe operarios a su mies,
que nos envíe los operarios que su mies necesita.
+ Que nos envíe sacerdotes locos por Cristo, que nos contagien de su
locura y de su amor apasionado.
+ Que nos envíe sacerdotes que nos aconsejen en la confesión y nos muevan
al arrepentimiento, incluso que nos hablen duro cuando lo
merezcamos, para que nos quede claro que lo que hacemos mal
está mal.
+ Que nos envíe sacerdotes comprometidos con la iglesia, fieles al Papa y
a la sana doctrina de la iglesia.
+ Que nos envíe sacerdotes de esos que al escuchar uno su homilía siente
el deseo urgente de salir de la santa misa y vivir a manos
llenas según el evangelio.
+ Que nos envíe sacerdotes apasionados, llenos de pasión por el evangelio
y por las almas que están a su cuidado.
+ Que nos envíe sacerdotes que sepan en verdad nuestra liturgia, para que
siempre celebren como Cristo celebró la última cena.
+ Que nos envíe sacerdotes que encuentran sentido a su vida tomando la
mano de un moribundo para llevarlo de la mano a la presencia
de Dios en santa paz.
+ Que nos envíe sacerdotes bien hombres, de esos que se fajan bien el
cíngulo y le dicen al pan "pan", al vino "vino", al amor "amor",
y al pecado "pecado.
+ Que nos envíe sacerdotes que nos convenzan de que vale la pena vivir por
el evangelio, para llegar a Dios.
+ Que nos envíe sacerdotes santos, para que aprendamos a ser santos, para
que a más muchachos se les antoje ser sacerdotes algún día y
tengamos operarios suficientes en la mies del Señor.
-Medita, aprende, ¡apasiónate por nuestra
fe!
Mauricio I. Pérez

El Quiasmo del Trito-Isaías
La primera lectura de
hoy, domingo XIV del tiempo ordinario, está tomada de Is
6,10-14. Estos versículos son casi los últimos del libro de
Isaías. Siendo específicos, se trata de la conclusión del
tercer libro de los Isaías, o "Trito-Iasías", pues el libro
del profeta isaías que conocemos, en realidad está formado
por tres libros distintos: el Proto-Isaías, el Deutero-Isaías
y el Trito-Isaías.
El Trito-Isaías,
formado por Is 56-66 es importante porque es quizás el
primer libro que desarrolla de manera contundente el tema de
la universalidad de Dios. Ya no se trata de un Dios
exclusivo para el pueblo de Israel, sino de un Dios para
todo el mundo. Así, en el Trito-Isaías resuena la idea de la
aceptación de los gentiles al pueblo de Dios.
Llama la atención la
estructura del Trito-Isaías, que se desarrolla en la forma
de un quiasmo. Un quiasmo ens un recurso literario en el que
las ideas se desarrollan de la siguiente manera:
A-B-C-D-D'-C'-B'-A'
Como podemos ver, se trata de una
disposición de ideas en forma simétrica,
donde la primera idea (A) se repite como última idea (A'),
la segunda idea (B) se repite como penúltima idea (B'),
la tercera idea (C) se repite como antepenúltima idea (C'),
y así sucesivamente hasta llegar a una idea central (D-D').
Es muy importante al analizar un texto bíblico identificar
un quiasmo, porque los textos quiásmicos fueron escritos
bajo este esquema primeramente con el propósito de facilitar
su memorización, como un recurso mnemotécnico (hay que
recordar que en aquellos tiemmos la gente no contaba con
tantos textos escritos como ahora). Pero por encima de la
mnemotecnia, desde un punto de vista semiótico, es decir,
buscando el mensaje del texto, éste se puede encontrar en la
idea que se ubica exactamente a la mitad del quiasmo (D-D').
En el caso del Trito-Isaías,
el texto se desarrolla bajo las siguientes ideas:
A. La aceptación de
los gentiles al Pueblo de Dios (56,1-8)
B.
Pecados e infidelidad
(56,9 - 58,14)
C. Lamentación (59,1-14)
D. Venganza de Dios (59,15-21)
E. Grandeza de Jerusalén
(60,1-22)
F. La MISION del
profeta (61,1-11)
E'. Grandeza de Jerusalén
(62,1-12)
D'. Venganza de Dios (63,1-6)
C'. Lamentación (63,7 - 64,11)
B'.
Pecados e infidelidad
(65,1-66,17)
A'. Los gentiles en el
Pueblo de Dios (66,18-24)
De esta manera,
notamos que la idea central del quiasmo, y por ende el
mensaje principal del Trito-Isaías es la importancia de la
misión del profeta. Como comentario adicional, podemos ver
cómo las ideas B a E están escritas según la
estructura apocalíptica: pecados, lamentación, venganza de
Dios y finalmente triunfo del pueblo de Dios. Y es que en
efecto, este es uno de los textos apocalípticos que
encontramos en el Antiguo Testamento.
De esta manera,
podemos ver cómo se conjuga la idea de la universalidad de
Dios que distingue al Trito-Isaías con su mensaje central;
para que el pueblo de Dios se extienda a los gentiles, es de
capital importancia la misión del profeta.
-Medita, aprende, ¡apasiónate por nuestra
fe!
Mauricio I. Pérez

La Historia de una Monja

El día de ayer tuve la oportunidad
de ver una vez más una de mis películas favoritas: "La
Historia de una Monja",
protagonizada por Audrey Hepburn y dirigida por Fred
Zinnerman, de quien se considera esta cinta su obra maestra.
Esta película la vi por primera vez hace un poco más de 15
años, y después de leer el libro en que se basa el filme, en
el que se narra una historia verídica, la autobiografía de
Gabrielle van der Mal, una joven belga cuya pasión por la
medicina tropical y su sueño por desarrollar dicha pasión la
llevan a ingresar a una congregación de religiosas.
Cuando leí el libro -que un día curioseando por la
biblioteca de mi abuela tomé todavía lo recuerdo, de la
repisa más alta- me cautivó. Incluso comenzaba mis estudios
universitarios en ese tiempo y no podía dejar de leer el
libro en el autobús lleno de estudiantes. La novela, y
después la cinta, me fascinaron porque proyectan el
conflicto interno de una joven apasionada, con grandes
sueños y las más nobles ilusiones, que han de dar lugar una
y otra vez a la exigente vida del convento, a la estricta
norma que busca la santificación de cada religiosa a base de
ellas desaparecer en un una continua actitud de humildad
total, en cada obra, en cada momento del día, en cada
palabra, obra, pensamiento, incluso en cada silencio.
La joven religiosa, que recibe el nombre de Hermana Lucas,
es hija de un eminente cirujano, de quien ha aprendido tanto
que es la alumna más destacada en el colegio de medicina en
Amberes, al hacer sus estudios especializados en medicina
tropical. En el climax de la historia, ella necesita el
diploma para poder por fin ser enviada a la misión en el
Congo, pero por diversas situaciones, su superiora le pide
lo que ha de ser para la religiosa la prueba más dura de su
vida: recibe instrucciones de reprobar el examen de
titulación, a fin de que otra religiosa mucho más veterana,
y quien estuvo ya ocho años en la misión del Congo, pueda
volver, pues de graduarse la hermana Lucas, aquella veterana
religiosa perderá para siempre su trabajo en el Congo. Y la
hermana Lucas siendo hija del eminente cirujano, siendo la
alumna más destacada del colegio de medicina, estando a un
paso de hacer realidad el sueño de toda una vida y poder ir
al congo a combatir las enfermedades tropicales, ha de
enfrentar la encrucijada de anteponer la voluntad de Dios a
su sueño personal. Pero... ¿es realmente la voluntad de Dios
que ella repruebe habiéndola dotado de tan grande capacidad
médica? ¿Será la instrucción de su superiora realmente la
voluntad de Dios o un error de juicio de la reverenda madre?
¿Qué hacer? Reprobar y perder la oportunidad de hacer un
sueño personal realidad, o aprobar pero desobedeciendo a la
superiora a pesar de haber hecho un voto perpetuo de
obediencia total a sus superioras? Esta parte de la historia
me parece fascinante, porque refleja muy bien una
encrucijada muy típica que enfrentan los hijos de Dios, en
especial aquellos que se han consagrado a la vida sacerdotal
o religiosa: anteponer la voluntad de Dios a sus sueños e
ilusiones, debido a que han hecho un voto de obediencia.
En lugar de contarte la decisión de la hermana Lucas y las
consecuencias de lo que sea que haya decidido, te invito a
adquirir esta película y verla. A mí me resulta sumamente
inspiradora pues ver a las religiosas dedicándose de lleno a
un esfuerzo extremo por la perfección a través de
desarrollar una humildad máxima, me resulta un ejercicio muy
enriquecedor, me deja ver que se puede llegar al extremo por
Dios, me deja ver que vale la pena la consagración total al
Señor a través de la vida religiosa, me deja bien claro que
no estamos en el mundo para lucir nosotros, sino para que
Dios luzca a través de nosotros, y para dejarlo lucir,
debemos nosotros apagar la luz de nuestro ego, y dejar que
la luz de Dios pase a través de nosotros a los demás.
"La Historia de una Monja",
con Audrey Hepburn. Una cinta que no te debes perder, y que
puedes adquirir muy fácilmente en la internet.
-Medita, aprende, ¡apasiónate por nuestra
fe!
Mauricio I. Pérez

La Gran Trampa:
"Te Acepto Como Eres"

Sabemos que debemos amar a todos, eso
lo tenemos más que claro. Y sabemos que debemos aceptar a
las personas, sin juzgarlas, cosa que también tenemos clara.
Sin embargo, hay
una gran trampa en la que podemos caer
cuando amamos a alguien, en aras de la aceptación
incondicional. Esta trampa consiste en ponernos una venda en
los ojos sin darnos cuenta, y no darnos cuenta de los
errores de las personas que amamos. Es importante quitarnos
esta venda y reconocer que sí, las personas que amamos
también cometen errores, igual que nosotros los cometemos en
un momento dado.
¿Por qué resulta esto
importante? Porque el amor se expresa entre otras formas,
corrigiendo al que hierra, y no podemos corregir a una
persona cuando nos rehusamos a ver sus faltas. No me refiero
al hecho de que debamos mirar con lupa a las personas que
amamos, debemos realmente siempre tener una visión positiva
de ellas de manera natural. A lo que me refiero es al hecho
de que muchas veces, por el hecho de tratarse de nuestros
hijos, de nuestra pareja, de nuestros padres, de nuestros
amigos, de nuestros sobrinos... solapamos inconscientemente
fallas serias, que ponen en riesgo su integridad, todo lo
vemos bueno en aras del cariño, y si notamos que algo no
anda bien, de inmediato echamos mano a los recursos más
sorprendentes para justificar el por qué de sus actos, y
esta es precisamente la gran trampa, que si nos atrapa, nos
impide amar de manera auténticamente cristiana, trampa que
si nos envuelve en sus redes, pone en riesgo precisamente a
aquellas personas que amamos puesto que las priva de la
oportunidad de que alguien que realmente las quiere y se
preocupa por ellas, las corrija, las oriente, les indique el
buen camino.
Hoy te invito a reflexionar sobre esta realidad. Tú mejor
que nadie sabes en qué pasos andan las personas que más
quieres, y comprendes sus consecuencias, tanto las buenas,
como las malas. Abre los ojos en un acto de auténtica
caridad cristiana, y si detectas que aquella persona que
amas está haciendo las cosas mal, poniendo en riesgo su
integridad o la de otros, actúa y corrige fraternalmente. Es
una obra de caridad corregir al que hierra, y una imperiosa
obligación de todo buen hijo de Dios.
-Medita, aprende, ¡apasiónate por nuestra
fe!
Mauricio I. Pérez

Déjate
Querer

Sin lugar a dudas, el hombre tiene una
necesidad fundamental para vivir:
más allá de la necesidad de alimentarse y saciar su sed, el
hombre
necesita para poder vivir en plenitud, y muchas veces
incluso para sobrevivir, de algo imprescindible: amar y
saberse amado, amar y sentirse amado.
Pero hay muchas personas que se
rehúsan a ser amadas, que no se dejan ser queridas, que se
cierran al cariño de los demás. Esta cerrazón al amor se
debe a tres cosas:
1. Primeramente, a una muy baja
autoestima. No te quieres a ti mismo, eliges ser consciente
solamente de tus defectos, tú mismo te convences de que no
vales la pena, y en consecuencia no puedes creer que alguien
pueda quererte.
2. El segundo motivo que hace que las personas se rehúsen a
recibir amor, es una gran soberbia. No te dejas amar porque
sientes que no necesitas de nadie, crees que te bastas tú
solo, te convences a ti mismo de que puedes vivir sin los
demás, y en consecuencia te cierras al amor, incluso, lo
repeles. Y esto no es más que un acto de egoísmo tal, que a
la larga se paga caro, con una vida en soledad. ¿Han pasado
años y sigues solo? Sé honesto contigo, y piensa si no se
debe a tu convicción de que no necesitas de nada ni de nadie.
Mas date cuenta de que en realidad necesitas a quién amar y
quién te ame.
3. El tercer motivo que hace que muchos se cierren al amor, es
el temor. Por alguna extraña razón en nuestros días la gente
se ha hecho desconfiada. Y por ello, no te dejas querer.
Piensas que detrás de una muestra de afecto, el que te la da
lleva escondida una segunda intención. Temes que el que te
dé una muestra de cariño, pretende en el fondo utilizarte.
Pero esto no es necesariamente cierto. Convéncete de una
cosa: sí existe el cariño puro, sí existe el amor auténtico,
sí existe el afecto limpio, sincero, que no busca ni espera
nada, que sólo te quiere porque te quiere.
Acepta esta realidad y déjate
querer, porque es precisamente a través del amor de otras
personas, que Dios te expresa su grandísimo amor. ¿O acaso
piensas que Dios para demostrate que te ama te va a dejar
caer del cielo grandes tesoros? No, Dios te ama a través de
las personas que ha puesto en tu vida para amarte, a través
de tus padres que te han dado la vida; a través de tus hijos
que sin entender por qué sufres, te sonríen y te abrazan; a
través de ese amigo que siempre está ahí para escucharte; a
través de esa amiga que siempre te da una palmada en la
espalda cuando necesitas valor para seguir adelante; a
través de esa tía que ha sido tu cómplice en los momentos
más angustiosos; a través del sacerdote que siempre te dice
la palabra que necesitas escuchar...
Déjate querer, para que tu vida
tenga plenitud. Déjate querer, porque es Dios quien toca a
la puerta de tu corazón a través de aquellos que te quieren.
-Medita, aprende,
¡apasiónate por nuestra fe!
Mauricio I. Pérez

Más Allá de tus Miedos
Para que mi amor no sea un sentimiento,
tan sólo un deslumbramiento pasajero,
para no gastar mis palabras más
mías
ni vaciar de contenido mi "Te
quiero".
Quiero hundir más hondo mis
raíces en Ti
y cimentar en solidez desde mi afecto.
Pues mi corazón, que es
inquieto y es frágil
sólo acierta si se abraza a tu
proyecto.
Más allá de mis miedos,
más allá de mis inseguridades,
quiero darte mi respuesta.
Aquí estoy para hacer tu
voluntad,
para que mi amor sea decirte "Sí"
hasta el final.
Déjame comprender Señor tu amor
tan puro,
amor que persevera en cruz,
amor perfecto.
Hazme serte fiel aun cuando
todo es obscuro
para que mi amor sea más que un
sentimiento.
No es en las palabras ni en las promesas
donde la historia tiene su
motor secreto,
sólo es el amor en la cruz
madurado,
el amor que mueve todo el universo.
Más allá de mis miedos,
más allá de mis inseguridades,
quiero darte mi respuesta.
Aquí estoy para hacer tu
voluntad,
para que mi amor sea decirte "Sí"
hasta el final.
Duermen su sopor y temen en el
huerto
ni sus amigos acompañan al
Maestro.
Si es hora de cruz es hora de fidelidades
pero el mundo nunca quiere
aceptar esto.
Pongo mi pequeña vida hoy en
tus manos
por sobre inseguridades y mis
miedos
para no hacer mi querer sino el
tuyo
hazme en Getsemaní fiel y
dispuesto.
Más allá de mis miedos,
más allá de mis inseguridades,
quiero darte mi respuesta.
Aquí estoy para hacer tu
voluntad,
para que mi amor sea decirte "Sí"
hasta el final.
La Regla de Oro
Nuestro Señor en el evangelio, nos
deja un precepto moral tan importante, que es conocido como
la "regla de oro". En Mt 7,12 encontramos esta enseñanza de
Jesús: "Por tanto, todo cuanto queráis que os hagan los
hombres, hacédselo también vosotros
a ellos; porque esta es
la Ley y los Profetas." En otras palabras, trata a los demás
como quieres que te traten. Y tan capital es esta cuestión,
que Jesús explica que en esto consiste la Ley y los Profetas,
expresión que significa "Lo contenido en el Pentateuco y en
todo lo que predicaron los profetas", es decir "la escritura
entera", la revelación de Dios consiste en este precepto
fundamental, que también es mencionado de otra forma en Mt
19,19b "amarás a tu prójimo como a ti mismo".
Siendo una enseñanza de Jesús,
su validez es definitivamente absoluta. Pero no fue Jesús el
primero en pronunciarla (a fin de cuentas, Jesús mismo
indica que en este precepto se condensa la escritura). Vemos
en Tb 4,15 la misma regla de oro, expresada en su forma
negativa "No hagas a nadie lo que no quieras que te hagan".
Tan importante es esta enseñanza de Jesús, que los apóstoles
la retoman en su didajé. La Didajé como sabrás, se puede
decir que es la primera enseñanza formal dada por los
apóstoles, por lo que se conoce también como "Doctrina de
los 12 Apóstoles", y en ella, los apóstoles enseñan haciendo
eco a las palabras de Jesús: "Ama a tu prójimo como a ti
mismo, y no hagas a los demás nada que no te gustaría que te
hicieran".
Vemos pues que esta enseñanza
surge en el Antiguo Testamento, Jesús la menciona en el
Nuevo Testamento, y los apóstoles la enseñan en su primera
catequesis formal. Sin embargo, este precepto moral no es
exclusivo de los judíos ni de los cristianos. Otros hombres
ilustres propusieron la misma enseñanza: Confucio, Platón,
Isócrates y Aristóteles.
Así que recuérdalo bien: ama a
tu prójimo como a ti mismo, lo que consiste simplemente en
tratar a los demás como quieras que te traten, y en no hacer
a otros lo que no quieras que te hagan a ti.
-Medita, aprende,
¡apasiónate por nuestra fe!
Mauricio I. Pérez
¿Qué es la
Eternidad?
Cuando hablamos de Dios, forzosamente
pensamos en su eternidad, y conviene comprender este
concepto. Existen dos tipos de eternidad: la eternidad
positiva y la eternidad negativa, la primera relacionada con
las características de un ser, y la segunda relacionada con
el tiempo.
La eternidad positiva mide la duración de un ser
absolutamente inmutable. En este caso, la eternidad excluye
escencialmente principio, fin y suceción, es decir que un
ser eterno no tiene principio ni fin. Aun cuando se define
en términos negativos, pues se refiere a "no tener", en este
caso a no tener principio ni fin, en realidad la eternidad
de un ser es algo positivo, pues consiste en la posesión
perfecta y simultánea de la totalidad de la vida sin
principio ni fin. Esta eternidad absoluta pertenece solo a
Dios.
Se dice que las sustancias espirituales reciben una
eternidad relativa o participada, en el sentido de que una
vez que comienzan a existir,
nunca dejarán de hacerlo a
pesar de que el poder absoluto de Dios podría retirarles
dicha existencia.
La eternidad negativa es una realidad que carece de tiempo.
Por alguna razón la gente suele pensar que la eternidad
consiste en un tiempo larguísimo, que nunca termina, pero en
realidad, la eternidad de la que están hablando, que es la
eternidad negativa, consiste en la ausencia absoluta de
tiempo alguno.
En la liturgia tenemos un momento claro en el que nos
referimos a la eternidad positiva y a la negativa: en el
rito del fuego nuevo en la solemne Vigilia Pascual, cuando
el sacerdote marca el cirio pascual, se refiere a Dios como
"Principio y fin, Alfa y Omega, tuyo es el tiempo y la
eternidad". Dios es el Señor del tiempo, y de la ausencia
total del tiempo, que es la eternidad en la que Dios es y
existe. Podemos decir en conclusión, que Dios es
absolutamente eterno pues no tiene principio, ni fin, ni
tiempo.
-Medita, aprende,
¡apasiónate por nuestra fe!
Mauricio I. Pérez
El Libro del Profeta
Daniel
Daniel fue uno de
los profetas mayores. Un hombre de clase noble, que en su
juventud fue apresado en Jerusalén con tres de sus amigos,
por soldados de la nación más poderosa de aquellos días,
Babilonia, quien habría de someter a los judíos a una de las
peores opresiones de su historia.
Daniel es llevado a
Babilonia, donde se dan cuenta de su gran inteligencia, y lo
someten a un entrenamiento de tres años para hacer de él un
consejero real. Con sus compañeros, Daniel acepta servir al
rey, pero más adelante los cuatro habrán de rehusarse a
rechazar su fe en Dios en contra de las disposiciones
reales. Los tres amigos del profeta se rehúsan a inclinarse
ante un ídolo construido para el rey, y en castigo son
enviados a morir en un horno tan candente, que sus flamas
matan a los soldados que arrojan a los hombres de Dios al
fuego. Sin embargo, debido a su fe los amigos de Daniel no
mueren a pesar del intenso calor del horno.
Por más de 50 años
Daniel sirve a diferentes reyes, primero de Babilonia, y
después de Persia. Cuando el rey Darío de Persia ordena que
por 30 días nadie eleve oraciones a ninguno de sus dioses,
Daniel ignora la disposición y continúa orando desde su casa
todos los días, siempre de rodillas y con el rostro hacia
Jerusalén, hasta que es descubierto, y en castigo, es
enviado a la fosa de los leones. La fe del profeta lo salva
de ser devorado por las fieras, y no porque éstas no
tuvieran hambre, pues al día siguiente al entrar los
ejecutores de Daniel a buscar sus restos, terminan por ser
ellos mismos devorados.
El libro de Daniel
se caracteriza por estas historias dramáticas, que conforman
su primera parte, y por visiones sorprendentes en su segunda
parte. En conjunto, todo habla de un solo tema: Dios está a
cargo de la historia de su pueblo. Bajo su orden, Babilonia
se levanta y cae. Cuando un rey envía al horno a los amigos
de Daniel, y otro más envía al profeta a la fosa de los
leones, Dios se sobre impone a ellos. Y cuando los judíos se
ven desamparados en medio de la terrible opresión por parte
de estas naciones, Dios los conforta con las visiones que
tiene Daniel de un futuro glorioso.
Estas visiones
marcan el inicio de la literatura apocalíptica, género
literario que floreció desde el siglo II a.C. hasta
comienzos del siglo II d.C. Un género literario que surge
del género profético, y que se distingue por las visiones a
comparación del género profético que se distingue por las
revelaciones. Las visiones y símbolos usados en Dn son de
suma importancia, pues son la pista para comprender las
visiones y los símbolos del Apocalipsis de Juan.
Las visiones que
tiene el profeta Daniel son tan densas, que necesita de la
ayuda de un ángel para comprenderlas. Aun así, las
explicaciones del ángel dejan varias preguntas sin resolver.
Por ejemplo, Daniel tiene particular problema para entender
una visión acerca de cuatro bestias: un león, un oso, un
leopardo, y una bestia sin nombre con dientes de hierro. El
ángel explica que se trata de cuatro imperios poderosos que
surgirán uno después del otro, pero ni el ángel ni Daniel
identifican estos imperios. Varios biblistas intuyen
que se trata de Babilonia, Medo-Persia, Grecia y Roma.
Las historias y
visiones de Daniel tienen lugar en Babilonia, después de la
primera invasión de los babilónicos a Judá en 605 a.C.
Algunos piensan que Daniel escribió su libro después de que
el rey Cirio de Siria derrotó a Babilonia en 539 a.C. debido
a que éste es uno de los últimos eventos narrados en Dn. Sin
embargo, es más probable que el libro haya sido escrito por
otros autores siglos después. Una razón para pensar así es
el género apocalíptico con que está escrita la segunda parte
del libro, género que floreció alrededor de tres siglos
después de cuando sucedieron los eventos descritos en Dn.
Por otro lado, la narrativa parece estar escrita por alguien
más, pues las visiones siempre se refieren en primera
persona, mientras que el relato de la historia está escrito
siempre en tercera persona, como si alguien más estuviera
reportando la historia de Daniel. Otro
motivo para suponer diferentes manos detrás del texto, es el
hecho de que las copias más antiguas del libro están
escritas en dos idiomas: los capítulos primero y último
están escritos en hebreo, mientras que los capítulos
intermedios están escritos en arameo, la lengua de los
babilónicos y los persas. Finalmente, el hecho de que
algunas de las visiones describan de manera tan exacta
sucesos de la historia del Medio Oriente en los siglos II y
III a.C., hacen suponer a los biblistas que estos hechos
fueron registrados posteriormente bajo el matiz de una
visión. Como ejemplo tenemos el capítulo 11 de Dn, cuya
visión sobre lo que habría de suceder entre el rey del norte
y el rey del sur, describe al pie de la letra lo que
realmente sucedió cuando las fuerzas de Ptolomeo en Egipto y
los seléucidas de Siria pelearon para controlar la región
después de la muerte de Ciro, el rey de Siria.
Sin embargo, la
cuestión del autor humano de Dn no debe hacernos olvidar que
Dn es palabra de Dios, es revelación, es un texto inspirado
por Dios y por tanto un libro sagrado cuya enseñanza
principal es que por encima de la más terrible opresión,
Dios prevalece y dirige la historia de su pueblo.
-Medita,
aprende, ¡apasiónate
por nuestra fe!
Mauricio I. Pérez

Mi Vecino que Vivía
en un Coche
Pocas veces nos detenemos a pensar en
las bendiciones que tenemos. Hoy quiero contarte acerca de
un hombre que conocí. En 1985, en la ciudad de México
sufrimos aquel terrible terremoto que devastó a la ciudad y
que tantísima gente murió en los escombros de una cantidad
espeluznante de edificios que se vinieron abajo. Se trató
realmente de una situación que puso a prueba el temple de
todos los habitantes de la ciudad, y que demostró su
solidaridad ante algo tan terrible.
A los pocos días, un señor estacionó
su automóvil frente a mi casa, y lo estacionó para
siempre. Surgido de la nada, siempre envuelto en un misterio
que lo rodeaba, este hombre no sólo estacionó su auto, sino
que ahí comenzó a vivir. Y pasaron los años, y el señor
vivía en su automóvil. De día, pedía a la gente que
encontraba que le “prestara un peso”, y a base de juntar
pesos sacaba para vivir. Llamaba la atención de este hombre
su pulcritud. Siempre de traje y corbata, que con el paso
del tiempo se hicieron brillosos. Siempre perfectamente
peinado. Siempre me intrigó dónde se aseaba, pues no tenía
mal olor. Una cosa era evidente, aunque sus conversaciones
parecían sensatas, en realidad este hombre tenía cierto
padecimiento mental, pues sus relatos eran fantasiosos y
alejados de la realidad. Parece que no sabía en qué fecha
vivía. Y cada noche, sacaba un cobertor de su cajuela, y
dormía en su auto.
Alguna vez lo invitamos a pasar la
navidad en casa, pero se rehusó. Alguna vez le llevamos
comida, y la rechazó. Cierta vez unos vándalos le hicieron
pedazos el parabrisas del coche, dejándolo a la intemperie.
Sobrevivió varias semanas con un plástico por parabrisas,
hasta que lo pudo cambiar. El coche jamás cambió de
posición, no sé siquiera si servía ya, seguramente la
batería estaba muerta. Varias veces me lo topé y me pedía un
peso prestado. La primera vez fue mientras esperaba yo el
autobús de la universidad privada donde estudiaba, y esa
primera vez, reaccionando sin pensar como reacciona uno
cuando tanta gente pide limosna y no se puede ayudar a
todos, le dije que no tenía. Al instante reaccioné y me di
cuenta que le negaba ayuda a mi vecino que vivía en un
coche. Me sentí tan mal… Jamás le volví a negar un peso.
Pasaron los años y el señor seguía
viviendo en su coche, en su mundo de historias fantasiosas.
Seguramente perdió su casa y su familia en el terremoto y se
quedó sólo con su automóvil. Seguramente el trauma lo hizo
perder noción de la realidad y lo zambulló en las aguas de
ese mundo irreal en el que vivía. Era evidentemente un
hombre bien educado, pues sus modales eran finos y siempre
muy amable al conversar y pedir el peso prestado. Todos los
vecinos alrededor viviendo en una buena casa, rodeando al
vecino que dormía en un auto. Todos cambiando de ropa con el
paso del tiempo, mientras el traje del vecino se hacía más
brilloso.
Estos últimos días enfermó. Una vecina
le llevó el domingo en la mañana un caldo de pollo para
hacerlo sentir mejor, y lo encontró muerto, sentado con paz
en su rostro, abrazando su almohada, dentro de su auto. Al
poco tiempo llegó la policía, sacó el cadáver, se llevó el
coche, y nada quedó de él. Al poco rato un auto llegó y se
estacionó en el lugar que por más de 20 años fuera el
“domicilio” de nuestro vecino que vivía en un coche,
borrando con esto para siempre todo rastro de su existencia.
La existencia de un hombre que vivió entre nosotros en la
carencia total, no tenía casa, no tenía familia, no tenía
siquiera noción de la realidad. Nos acostumbramos a él y se
nos hacía tan cotidiano, que nos olvidamos de pensar en sus
limitaciones, hasta ahora que murió.
Hoy te invito a pensar en las
bendiciones que tenemos. Si me escuchas es porque tienes una
computadora, lo que indica que vives en una casa, que no te
falta la comida pues tienes para pagar un servicio de
internet, seguramente tienes a quien amar y quién te ame.
Hay gente afuera, muy cerca de nosotros, que carece de todo,
y que como polvo, pasa por la vida. Dale gracias a Dios por
lo que tú si tienes, y date cuenta de una vez del compromiso
que tienes con Dios y con los demás, al haber recibido del
cielo tantas bendiciones.
-Medita, aprende, ¡apasiónate por nuestra fe!
Mauricio I. Pérez

Despenalización del Aborto

Ciertamente que con
tristeza he recibido la noticia de que el aborto fue
despenalizado en México, D. F., mi país natal. Y mi oración
más ferviente es porque la gente comprenda que no porque las
leyes civiles autoricen algo, esto que permiten es
moralmente bueno. Para un católico por encima de las leyes
humanas está la Ley de Dios, depositada en la iglesia, y en
el caso del aborto la ley de Dios es muy clara en su quinto
mandamiento: No matarás, y el Código de Derecho Canónico de
la iglesia también es muy claro en su canon 1398, que indica
que “Quien procura el aborto, si éste se produce, incurre en
excomunión latae sententiae”
es decir, en una excomunión
inmediata que no requiere de un juicio canónico para dictar
esta sentencia.
La
despenalización del aborto nos remonta, como cada pecado que
cometemos, al pecado original, al pecado que cometieron
nuestros primeros padres Adán y Eva. Como recordarás, en el
jardín del Edén Dios les permitió comer de los frutos de
todos los árboles, a excepción del árbol de la ciencia del
bien y del mal y del árbol de la vida. “Si comen de este
fruto, morirán”, fue la advertencia.
El
árbol de la ciencia del bien y del mal es un símbolo bíblico
que significa precisamente la capacidad de decidir lo que
está bien y lo que está mal. Cuando el diablo, en forma de
serpiente, tienta a Eva, le dice que no morirá, sino que más
bien ella y Adán “serán como dioses, conocedores del bien y
del mal”, es decir, que según el diablo serán capaces de
decidir lo que está bien, y lo que está mal. Adán y Eva caen
en la tentación y cometen el primer pecado, el pecado
original, la primera desobediencia a Dios. Una desobediencia
que procede, como en el caso de la despenalización del
aborto, del egoísmo y de la soberbia: la soberbia de querer
ser como Dios y decidir lo que está bien y lo que está mal
como si Adán y Eva fueran dioses, como si los que
despenalizaron el aborto fueran dioses.
Dios
indica lo que está bien y está mal. El sabe en su infinita
sabiduría, y nada menos que porque El mismo nos creó, lo que
está bien y nos hace bien, y lo que está mal porque no s
hace mal. Pero Adán y Eva optaron por no hacer caso de lo
que Dios decidió como bueno y malo, y pretenden decidir por
su cuenta lo que está bien y mal, y así comen del fruto
prohibido.
Esta
actitud es la raíz de todos los pecados: desobediencia por
egoísmo y soberbia. La soberbia de querer ser como Dios,
ponerse al tú por tú con El, y a fin de cuentas decirle
“Dios, tú dirás que esto es malo, pero yo digo que no lo
es”.
Que Dios en su infinita
misericordia, perdone nuestra soberbia. Y que ilumine a los
mexicanos para que al tomar una decisión moral, aunque el
aborto esté despenalizado, pese más en todos la voz de
nuestra conciencia que haciendo eco a la voz de Dios siempre
nos dirá: No matarás.
-Medita, aprende,
¡apasiónate por nuestra fe!
Mauricio I. Pérez

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