Espiritualidad

Medita, Aprende, ¡Apasiónate por Nuestra Fe!

 
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   Meditaciones y Reflexiones presentadas en el podcast "Semillas para la Vida"


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[27.12.07] La Importancia de Apoyarse en el Dios que Nunca Cambia
[05.12.07] De Hablar, te Arrepentirás Muchas Veces...
[26.10.07] La Verdadera Forma de Amar un Hijo
[15.09.07] Un Padre Tenía Dos Hijos(La Parábola del Hijo Pródigo)
[21.08.07] El Gran Riesgo de la Sobre Compensación
[20.08.07] ¿Por qué es importante la Epístola a los Hebreos?
[19.08.07] No he Venido a Traer la Paz, sino la Guerra
[14.08.07] El Gran Santo de Auschwitz
[12.08.07] Al que Mucho se le Da...
[28.07.07] Señor, Enséñanos a Orar
[08.07.08] La Cristología Apocalíptica
[25.07.07] Somos Más los Buenos que los Malos
[10.07.07] ¿Qué es el Magisterio de la Iglesia?
[09.07.07] Envía, Señor, Operarios a tu Mies
[08.07.07] El Quiasmo del Trito-Isaías
[06.07.07] La Historia de una Monja
[04.07.07] La Gran Trampa: " Te Acepto como Eres"
[03.07.07] Déjate Querer
[29.06.07] Más Allá de tus Miedos
[28.06.07] La Regla de Oro
[27.06.07] ¿Qué es la Eternidad?
[06.06.06] El Libro del Profeta Daniel
[08.05.07
] Mi Vecino que Vivía en un Coche
[26.04.07] Despenalización del Aborto

La Importancia de Apoyarse en el Dios que Nunca Cambia


Cuando uno estudia Teología Dogmática, uno de los temas que por fuerza debe aprender
son los atributos de Dios. Y uno de ellos es la inmutabilidad de Dios: Dios nunca se muda,
nunca cambia, no tiene ni ayer ni mañana, ni antes ni después, ni principio ni fin, y de
ahí precisamente, que sea eterno. El atributo de la eternidad de Dios se desprende precisamente
del atributo de su inmutabilidad.

En estos dias que estoy de visita en mi país natal para las fiestas de Navidad, una de las
cosas que más me han llamado la atención es la gran cantidad de cambios en la ciudad
donde nací. Y la mayor cantidad de cambios la percibí precisamente el día de la Navidad
al ir a misa. Al recorrer la calle donde se encuentra la iglesia en la que recibí
mis sacramentos de iniciación, en donde brotó mi amor por la liturgia de las horas,
en donde se formó mi fe y en donde se fraguó mi vocación apostólica, me quedé literalmente
boquiabierto más de una vez al ver que toda la calle, absolutamente toda la calle, está cambiada.
Y cambió dramáticamente en cuestión de unos tres años, considerando que por más de 30 la calle fue prácticamente la misma, sólo con algún cambio realizado en pocas ocasiones. Pero ahora parecía que estaba en otro lado: donde había esta casa ahora hay un edificio, donde estaba esta otra ahora es un restaurante, aquella tienda ya no lo es, la mueblería dejó paso
a un edificio, aquella otra tienda a un edificio de apartamentos, y así casa tras casa, edificio
tras edificio, todo era diferente. Esto provocó en mi interior un sentimiento de sorpresa
pero a la vez de cierta tristeza por la nostalgia que me provocó el ver que lo que un día fue,
ya no es, que una de las calles de más entrañables recuerdos para mi vida, literalmente desapareció.

Y me encontraba sumido en estas sensaciones cuando llegué a la iglesia y entré, y como acto
de magia, de inmediato la sensación fue distinta. Sin voltear a ningún lado entré como si nada,
me dirigí a mi banca acostumbrada, me puse de rodillas y elevé la mirada al Cristo que
conozco desde mi infancia, y finalmente, me sentí en casa... Sí, me sentí en casa, en mi propia
casa, en uno de los lugares más preciados de mi niñez, mi adolescencia y mi joven vida adulta.

Fue cuando me di cuenta entonces de que todo cambia, menos Dios, y las cosas de Dios. Afuera
la calle era otra, pero dentro, el Cristo del santuario era el mismo, el templo era el mismo,
la santa misa se celebraba de la misma forma, y el sacramento de la Eucaristía era igual que
cuando hice ahí mi primera comunión.

Esto me hizo recordar aquél atributo de la inmutabilidad de Dios. Todo cambia porque nada es
perfecto, menos Dios. Todo se pasa porque es limitado, menos Dios. Sabemos que Dios es inmutable porque la Biblia nos los dice, en el Salmo 102, en la Carta de Santiago, y de manera específica, en el libro del profeta Malaquías 3,6, que dice "Yo soy Dios, y no me mudo". ¡Caramba! ¡Q aseveración tan contundente! "Yo soy Dios, y no me mudo". En este viaje he podido no sólo ver cambios en las calles, sino cambios en las personas. Me he encontrado con personas que antes eran muy devotas y ahora para nada lo son, me he encontrado con personas que vivían una vida totalmente al margen de Dios, y que ahora lo buscan con ahínco.

Todo esto me ha hecho reflexionar sobre la importancia de depender de Dios y apoyarnos en él,
contra la grandísima tontería de depender totalmente de otras personas y bienes. Fíjate que dije
"depender totalmente". Depender completamente de personas que antes eran, hoy son, y quizás mañana otra vez no sean. Depender completamente de bienes materiales que hoy se tienen, y mañana no, o
que se tuvieron antes pero ahora no, ¡qué grandísimo absurdo!

Y es por eso, que para muchos, las cosas no salen como esperaban. Es precisamente por eso, que para muchos, la vida es un viaje de desilusiones, proyectos inacabados y sueños
no realizados. Y todo, por depender de personas y cosas que cambian como cambian las hojas del calendario.

Notando esto, y notando la inmutabilidad de Dios, santa Teresa de Jesús pudo decirnos que
sólo Dios basta precisamente porque Dios no se muda. Y hoy quiero que tú y yo reflexionemos en esto
y nos repitamos las palabras de santa Teresa una y otra vez hasta que hagan eco en nuestro corazón:

   Nada te espante, nada te turbe
   todo se pasa, Dios no se muda.
   La paciencia, todo lo alcanza.
   Quien a Dios tiene, nada le falta.
   Sólo Dios basta.

               (Sta. Teresa de Jesús, Poesía 30)

Recuérdalo siempre: sólo Dios basta, y con esta idea, vive los últimos días de este año,
y emprende reanimado con esta misma idea, el año que está por comenzar.

 

Medita, aprende, ¡apasiónate por nuestra fe!
Mauricio I. Pérez

 

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De Hablar, te Arrepentirás Muchas Veces...


 ¿Cuántas veces hay en la vida que quisiéramos mordernos la lengua por algo que dijimos, pero ya es demasiado tarde? ¿Cuántas veces por el contrario, somos recordados por alguna palabra que dijimos que tuvo un impacto positivo en la vida de alguien más?

Hoy quiero invitarte a que reflexiones sobre todo lo que dices, y también sobre todo lo que no debes decir. Y es que como escribe san Jose María Escrivá de Balaguer en su libro "Camino", "De hablar, te arrepentirás muchas veces. De callar, nunca".

Apréndete de memoria esta frase, porque es tan veraz y contundente... "De hablar, te arrepentirás muchas veces. De callar, nunca".

Recuerda que todo lo que digas, absolutamente todo lo que digas a alguien, para bien o para mal, siempre tendrá un impacto en las personas. Lo mismo puedes hacer que una persona a punto de suicidarse recupere el ánimo por vivir, que hacer que una persona de pronto se derrumbe totalmente gracias a la hiel de tus palabras, gracias a tus burlas, gracias a tus insultos, gracias a tus gritos feroces. ¡Caray! ¿Por qué piensas que la gente está sorda? ¿Acaso es porque tu grandísima desconfianza en ti mismo te hace suponer que sólo con gritos la gente escucha y obedece? Y ultimadamente, ¿por qué tiene nadie que obedecer tus órdenes, si realmente no eres más que los demás? ¿No es mejor que en lugar de obedecer tus órdenes, colaboren con tus peticiones?

Si vas a hablar, di cosas buenas, cosas que construyan, cosas que valgan la pena, cosas inteligentes. San Pablo le escribió a los efesios "No salga de vuestra boca palabra dañosa, sino la que sea conveniente para edificar según la necesidad y hacer el bien a los que os escuchan" (Ef 4,29).

Hoy leí una frase que nunca había oído y que me encantó: "Que todas las palabras que salgan de tu boca sean de miel... por si tienes que tragártelas". ¡Cómo me gustó esta frase!

Una vez que has hablado, ya es demasiado tarde. Has desencadenado una bola de nieve, lo mismo para bien, que para mal. Así que recuerda, ten mucho cuidado con lo que dices, pues "De hablar, te arrepentirás muchas veces. De callar, nunca". Y como dice Jesús en el evangelio de Mateo: "Os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, darán cuenta en el día del Juicio." (Mt 12,36)

 

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Mauricio I. Pérez

 

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La Verdadera Forma de Amar un Hijo


Valores familiares, uno de los temas más solicitados por el auditorio de las Semillas para la Vida. Hoy quiero analizar un punto fundamental al respecto del amor de los padres, y me refiero en concreto a los papás varones, aunque las madres deben comprender esto también.

¿Cómo debe amar un padre a sus hijos? La premisa fundamental del papel del padre de familia, es ser el representante de Dios para sus hijos. Esta es una forma específica de ejercer tu sacerdocio bautismal, pues el sacerdote tiene dos roles a la vez: representar a su pueblo ante Dios, y representar a Dios ante su pueblo. En el caso de la familia, o como la llamaba el papa Juan Pablo II, en el caso de la pequeña iglesia doméstica, es precisamente el padre de familia el que ejerce su sacerdocio representando a esta iglesia doméstica, su familia, ante Dios, principalmente en sus oraciones. Pero a la vez, el ejercicio de la paternidad consiste fundamentalmente en representar a Dios ante sus hijos, lo que implica ser el padre providente, y a la vez, el padre amoroso.

Es por ello que nos interesa sobremanera comprender cómo ama Dios, para que el amor de Dios haga eco en nuestros corazones y llene a nuestros hijos. Para ello, resulta clave comprender un versículo de la escritura, contenido en Is 49,15 "¿Puede acaso una mujer olvidarse de su bebé, no tener misericordia del hijo de sus entrañas? Aunque ellas se olvidaran, yo no te olvidaría." Es muy interesante notar cómo Dios, siendo Padre, habla de su amor propio para con sus hijos, haciendo referencia no al amor de los padres, sino al amor de las madres. Dios pues, ama a sus hijos con el amor de una madre. Y este versículo de Isaías es clarísimo en ello, sobre todo para las personas que escucharon al profeta transmitirles el oráculo de Dios: el verbo que utiliza el Señor pudiera quedar velado por una cortina lingüística para nosotros, pero en hebreo era clarísimo. Este verbo es "tener misericordia". "¿Puede acaso una madre olvidarse de su bebé, no tener misericordia del hijo de sus entrañas?" Incluso, hay dos palabras sorprendentemente similares: misericordia y entrañas. En hebreo, misericordia se dice rahamim, que es una variante de la palabra rehem que significa precisamente, entrañas. El amor de Dios nuestro padre, su misericordia, su rahamim es pues el amor que brota de las entrañas, del rehem. Y en hebreo, este rehem, estas entrañas, son nada menos que el seno materno. Si traducimos literalmente el versículo, quedaría entonces así: "¿Puede una mujer olvidar a su crío, no amarlo con el amor que brota del seno materno, al hijo de su seno materno?"

Estarás de acuerdo que no puede quedar entonces más claro: Dios que es padre, ama como aman las madres. El amor del padre, debe ser como el amor de una madre. Y es que siendo honestos, no hay amor más entrañable, fíjate en la palabra, no hay amor más entrañable, que el que brota de las entrañas, del seno materno de una madre. Porque fue ese seno materno el que dio vida a la nueva vida, fue ese seno materno el que fortaleció a un bebé por cuarenta semanas, al igual que el pueblo de Israel se preparó en el desierto 40 años para entrar a la Tierra Prometida, y al igual que Jesús se preparó en el desierto por 40 días para ejercer su ministerio. Fue ese seno materno el que hizo casi uno a la madre y a su bebé, conectados por un cordón umbilical. Gracias a la medicina de hoy, sabemos que fue ese seno materno donde el bebé oyó lo que la madre oyó, donde el bebé sintió lo que la madre sintió, donde el bebé incluso sufrió lo que la madre sufrió. No puede haber una relación más estrecha que la de un bebé y su madre cuando éste habita en su seno. Y por ello mismo, no hay amor más grande, que el de una madre; no hay amor más tierno, que el de una madre; no hay amor más entrañable, que el de una madre. Y por eso, Dios mismo siendo Padre, ama a sus hijos como una madre.

Los padres de familia, siendo representantes de Dios para sus hijos, deben pues amarlos, como una madre. Tú que me escuchas y eres padre, recuerda cómo te amó tu madre, y ama así a tus hijos. Tú que me escuchas y eres madre, ama a tus hijos con verdadero amor desinteresado, paciente, incansable, inagotable, comprensivo, misericordioso, entregado, sacrificado como es el amor de Dios, para que tus hijos recuerden cómo los amaste, y a su vez puedan amar a sus hijos... como nos ama Dios.

 

Medita, aprende, ¡apasiónate por nuestra fe!
Mauricio I. Pérez

 

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Un Padre Tenía dos Hijos
(La Parábola del Hijo Pródigo)


Este domingo XXIV del tiempo ordinario se distingue por un tema, que en los tres ciclos litúrgicos, A, B y C, es consistente: el perdón.

En el evangelio de hoy, se cuentan tres parábolas. La tercera de ellas aparece entre paréntesis en el misal, lo que indica que su lectura es opcional. Pero por este medio quiero animar a todos los sacerdotes y diáconos que me escuchan, a que por favor lean el evangelio entero, pues la tercera parábola de hoy es nada menos que la parábola conocida como "El Hijo Pródigo". Una parábola exclusiva del evangelio de Lucas, no aparece en los otros tres, y en mi opinión, la parábola más bella de todo el evangelio, además de que la riqueza y abundancia de sus enseñanzas simplemente no se pueden pasar por alto.

Usualmente, por el título que se le ha dado por costumbre a esta perícopa, la gente suele centrar su atención en el hijo pródigo, como si este fuera el personaje central. Mas no es así. Entendiendo la estructura y la semiótica, es decir, el mensaje de la perícopa, nos damos cuenta de que realmente el personaje central es el padre que tenía dos hijos, y es por esto que recientemente hay traductores que prefieren llamar a esta perícopa "La Parábola del Padre que tenía dos Hijos", o todavía mejor "La Parábola del Padre Amoroso". Bajo esta óptica es que hemos de leer esta parábola, pues aunque ciertamente habla del arrepentimiento, representado por el hijo pródigo que vuelve a casa, resulta en este caso más importante el tema del perdón, representado por el padre que acoge al hijo pródigo.

Vamos a tratar de analizar esta parábola con el mayor detalle posible, ajustándonos al breve tiempo que la transmisión nos restringe.

Conoces la historia. Puedes recordarla leyendo Lc 15,1-32.

Detengámonos a analizar al hijo menor.

Del hijo menor llama la atención que el hijo pide su parte de la herencia, en contra de o que prescribe la ley, como puedes ver en Dt 21,17.

El hijo emigra a un país lejano. Es decir, lo abandona todo, no sólo su hogar, sino su pueblo, incluso su país, abandonando todo lo que es, pues abandona de paso su cultura, sus raíces, es un abandono total de su pasado, penetrando al hacerlo una nación pagana, con otros valores, pero sobre todo, sin el Dios de Israel.

Lleva entonces una vida perdida. El término en el original escrito en griego, asotos, significa realmente "sin esperanza de salvación". El hijo lleva una vida tal, que pierde por completo toda esperanza de salvación. Más bajo no se puede caer.

Cuando lo gastó todo, el país pasa una terrible hambre. Esta palabra "hambre", hambruna, recuerda las calamidades del pueblo de Dios, que siempre estuvieron acompañadas de hambre y destrucción. Esto es importante porque es en medio de esa situación, donde el hijo menor tendrá su conversión.

Cuando no lo dejan comer ni las algarrobas que comían los cerdos, el hijo menor hace lo siguiente, y es importante notar el orden de sus acciones:

1. Vuelve en sí, regresa a su interior al reflexionar lo que ha perdido dejando la casa de su padre. Y vemos un clásico semitismo al encontrar un paralelismo antitético, que compara la fortuna en su casa, con su desventura actual: Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre

2. Después de reflexionar, el joven hace un propósito de enmienda: "volveré a la casa de mi padre"

3. Desea la reconciliación: le diré a mi padre "contra ti pequé"

4. Se pone en marcha. Esto es lo más importante, así como se puso en marcha para dejar su casa, ahora se pone en marcha para ir de regreso, pero este ponerse en marcha es la realización de los buenos deseos. Vemos en el hijo menor el total proceso de conversión: realización de la miseria interior, propópsito de enmienda y reconciliación, acción. No se quedó en un buen deseo, lo realiza y se pone en marcha.


Veamos ahora al padre

La reacción del padre al ver a su hijo regresar, es total, abarca la persona entera del padre, lo que significa que su acogida será total y sin reservas. Y Lucas quiere dejar esto bien claro, especificando cómo el padre reacciona con todos su sentidos y órganos: Los ojos, su interior, sus pies, sus brazos y manos, y sus labios, y hasta su fortuna. Veamos:

Los ojos: Estando el hijo todavía lejos, el padre lo ve.
Su interior: El padre se conmueve.
Sus pies: Echa a correr al encuentro del hijo. No camina, corre.
Sus brazos y manos: se le echa al cuello, lógicamente abrazándolo y estrechándolo.
Sus labios: lo llena de besos
Su fortuna: manda hacer un festín de inmediato.

Pero cada parte que acabo de mencionar tiene un significado, y vale la pena penetrar todavía más:

Es importante que el padre "mire" al hijo, por que en la Escritura "mirar" está relacionado con "tener misericordia". Recuerda en la parábola del buen samaritano como el sacerdote y el levita mejor pasaban de lado para "no mirar" al medio muerto.

La expresión que indica que el padre se conmueve, en el original griego, esplaghnisthe, viene a su vez del hebreo rejem. Y esto es ipmortantísimo porque el rejem hebreo es el núcleo de la persona, lo más interior, justamente la parte humana donde brota la misericordia. Incluso el término rejem se usa para referirse al vientre materno, cuya ternura no puede ser superada. De esta manera, al usar esta expresión, Lucas indica, y los lectores de aquel tiempo comprenden de inmediato, que este padre ama con la ternura de una madre, y todos sabemos que no hay amor más grande que el de una madre. Enseñanza muy fuerte en aquellos tiempos para aquella sociedad que relegaba a la mujer a un segundo plano.

El padre corre y se le echa al cuello, lo que nos hace recordar el abrazo de encuentro entre Jacob y Esaú, Esaú corre, se le arroja al cuello a Jacob, llora y lo besa pidiéndole perdón por haberlo odiado tanto como para hacer un voto para matarlo por haber tomado los derechos de primogenitura que él mismo le había vendido por un plato de lentejas.

Lamentablemente por falta de tiempo de transmisión no puedo detenerme en analizar al hijo mayor, pero quiero profundizar un poco más en la reacción del padre.

Cuando el hijo menor le dice "Contra el cielo y contra ti yo pequé. No merezco ya llamarme hijo tuyo", el padre reacciona de la siguiente manera:

Interrumpe sus palabras, y lo viste con el mejor manto, es decir, con el manto de la dignidad. La miseria en la que regresa el hijo nos recuerda la miseria de Adán y Eva tras su pecado, representada por su desnudez que trataban de cubrir aunque fuera con una planta. El padre viste al hijo primero que nada, para devolverle la dignidad que perdió, pues como él mismo confiesa "contra el cielo pequé".

Le coloca un anillo en el dedo. El anillo es símbolo de poder y status. Al darle el anillo, le devuelve sus derechos legales sobre su propia casa, los cuales perdió al haber, como también confiesa, "pecado contra su padre".

Le coloca sandalias. Las sandalias son el símbolo de los hombres libres. Los esclavos andaban descalzos. El hijo era esclavo de su pecado, al calzar las sandalias nuevamente ha quedado liberado de la esclavitud del pecado.

Y finalmente el padre ofrece un banquete, que merecería otras dos horas de análisis las cuales no contamos.

Pero basta escuchar este breve análisis para darnos cuenta de que la parábola habla del amor de Dios para con sus hijos, especialmente con los hijos arrepentidos.

Y no podemos ignorar que también da un ejemplo de cómo se comporta un verdadero padre humano con sus hijos cuando fallan y vuelven a pedir perdón. Tantos padres hay que lamentablemente dan la espalda a sus hijos por "haberles" fallado... Ojalá todos ellos comprendieran esta parábola para que les quede clara la verdadera actitud de un padre verdadero: amar con la ternura de una madre.

Y en el caso de nuestro Padre Dios, el mensaje de la parábola es contundente: Por bajo que hayamos caído, si reflexionamos y nos damos cuenta de lo que hemos perdido al apartarnos de Dios, nos arrepentimos y hacemos un firme propósito de enmienda, y nos ponemos en marcha de vuelta a Dios para pedirle perdón, tengamos por seguro que Dios al vernos, correrá a nuestro encuentro, vestirá nuestra desnudez con el manto de la dignidad, nos devolverá nuestra autoridad como hijos suyos, y nos sacará de la esclavitud del pecado calzándonos con las sandalias del hombre libre. Y por si fuera poco, echará la casa por la ventana haciendo un festín de aquellos en el cielo para celebrarlo.


Me
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Mauricio I. Pérez

 

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Padres Solteros, Divorciados y Viudos: El Gran Riesgo de la Sobre Compensación


Hay un número significativo de padres solteros que hacen el favor de escuchar las Semillas para la Vida buscando pistas para vivir una vida con Dios ante los desafíos que el ser padres únicos les representa. Hoy quiero dirigirme especialmente a ellos para reflexionar sobre un riesgo latente: la sobre compensación.

 

Por diferentes circunstancias, hay niños que cuentan con padres solteros, ya sea porque su padre o madre enviudó, o porque las cosas no resultaron como un día se soñó y los papás se separaron, o quizás incluso porque sus papás nunca se casaron. Evidentemente que no pretendo promover ninguna de estas situaciones, ni mucho menos hacer un juicio moral de nadie. Pero quiero que nos enfoquemos en este hecho: Cuando un padre o madre se quedan solos a cargo de su hijo, corren el riesgo inminente de caer en la trampa de la sobre compensación. La sobre compensación es un fenómeno psicológico por el que pasamos casi todos: cuando algo no nos sale en la vida como hubiéramos querido, o más aún, cuando fracasamos en algo, tendemos a buscar otra área o actividad donde por el contrario, destaquemos, y lo hagamos en abundancia.

En el caso de los padres solteros, viudos o divorciados, un ejemplo de la sobre compensación sucede cuando al sentir que un hijo carece de algo tan importante como es tener dos papás, el padre soltero tiende a sobre compensar esta ausencia con un exceso de bienes materiales. A la postre, esto sólo logra hacer de los hijos personas caprichosas y tal vez hasta inseguras.

En el caso del divorcio, el sentimiento de culpa por el dolor causado a los hijos antes y durante el trance del divorcio, que lógicamente conllevan un gran sufrimiento para los hijos, hay padres que tienden a sobre compensar este dolor con una excesiva suavidad en su disciplina, la cual relajan a niveles extremos convenciéndose a sí mismos que es lo mejor para que sus hijos no sufran más, pues ya sufrieron bastante. Un análisis frío basta para ver que esto no es conveniente a los hijos, que necesitan disciplina y formación con uno o con dos padres, y que incluso, al tener un solo padre de tiempo completo, esta formación y disciplina más bien ameritan un esfuerzo doble del padre que ha quedado a cargo del hijo.

A propósito de la formación, en el caso de los padres divorciados, y sobre todo de las mamás, hay algo que sucede mucho más a menudo de lo que te imaginas, el hecho de que la mamá al sentir a cuestas el tremendo fracaso del divorcio, y más cuando se debió al maltrato del esposo quien tal vez la ninguneaba y sobajaba constantemente hasta vulnerar su autoestima, al quedar solas tienden a sobre compensar esta situación demostrándose a sí mismas cuán valiosas e inteligentes son, dedicándose de lleno a su trabajo a niveles verdaderamente excesivos, con tal de alcanzar los mayores triunfos profesionales y así sobre compensar las heridas a su autoestima que su esposo provocó. Pero esta dedicación al trabajo, afecta directamente a los hijos, pues al dedicarse así a la profesión, no tienen el tiempo necesario para la formación personal de sus hijos. Se contentan pagándoles los colegios más caros y quizás una institutriz que supla a la madre por las tardes, pero el hijo necesita de la formación y el tiempo de su madre, punto. Por si acaso, no me refiero a la situación de una madre que no tiene más remedio que trabajar para proveer lo indispensable.

En el caso de los papás viudos, y me refiero en este caso a los hombres, en ocasiones intentan llenar el hueco que quedó en su vida tanto a nivel personal como al haber perdido a la madre de sus hijos, y se envuelven en relaciones personales para encontrar una nueva pareja. Una búsqueda legítima, por supuesto, pero que muchas veces en ese afán de sobre compensar la pérdida, los distrae de sus hijos sin ellos darse cuenta.

Vale la pena que estemos alertas de este fenómeno psicológico de la sobre compensación. Si la vida misma, nuestros errores como padres o como esposos, o los errores de nuestra pareja han provocado que nuestros hijos tengan en nosotros un padre soltero, recordemos que nuestro principal papel es ser para ellos representantes de Dios en la tierra, y llenarlos de las auténticas bendiciones que Dios quiere para ellos. Si queremos que no falte Dios en la vida de nuestros hijos, debemos comenzar por no faltar nosotros a la vida de aquellos que Dios confió a nuestro cuidado.
 

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Mauricio I. Pérez

 

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¿Por qué es Importante
l
a Epístola a los Hebreos?


"
Cristo es el mismo ayer, hoy y siempre." Esta es seguramente la frase más famosa de la Epístola a los Hebreos, que aunque está considerada una de las 13 cartas paulinas, es la única que no fue escrita por san Pablo, aunque muy seguramente lo fue por alguno de sus discípulos. Su estilo y gramática son distintos a las 12 cartas escritas por Pablo. La carta a los hebreos es mucho más compleja en su forma y su saludo inicial no es consistente con las otras doce, que comienzan saludando al destinatario con la expresión "Gracia y paz a vosotros." La Epístola a los Hebreos omite este tan tradicional saludo paulino, y sin hacer saludo alguno, va directamente al grano. Además, en las otras doce cartas Paulinas, san Pablo se identifica a sí mismo, mientras que en la epístola a los hebreos, su autor permanece anónimo.

Sea quien sea su autor, lo importante es que es un libro canónico, es decir, es revelación, es Palabra de Dios y por ello se cuenta entre los libros del NT.

Esta carta fue escrita alrededor del año 65, muy probablemente desde Roma. Su destinatario son los cristianos de ascendencia judía, pues muchos de ellos a estas alturas, debido a la persecución del Imperio Romano, comienzan a abandonar el cristianismo para volver al judaísmo. El autor de la epístola a los hebreos quiere convencerlos de que Cristo es superior a toda la tradición y a la misma alianza del pueblo de Israel.

Por ello, la gran importancia de esta epístola, es que desarrolla la cristología de Cristo sacerdote. Los evangelios nunca se refieren a Cristo ni a los apóstoles expresamente como sacerdotes, aunque encontramos elementos sacerdotales en algunos de los dichos y las acciones de Jesús. Es esta epístola a los hebreos uno de los documentos que mejor elaboran esta teología sacerdotal de Cristo Jesús, desarrollando a la par la teología de Jesús como víctima perfecta. Jesús es pues no sólo el sacerdote que ofrece el sacrificio, sino también la víctima misma que ofrece como sacerdote en holocausto. Por ello, Jesús es superior incluso al sumo sacerdote del templo de Jerusalén, quien sólo alcanza a fungir como un intermediario entre el pueblo y Dios. Al mismo tiempo, Jesús supera a todos los héroes del AT, incluyendo al mismo Moisés, a los profetas y a los ángeles.

Además Cristo deja atrás la alianza del AT, la alianza del Sinaí, pues esta estaba inscrita en piedras, mientras que la nueva y eterna alianza de Jesús ha quedado inscrita en el corazón del hombre.

La epístola a los hebreos presenta pues, una serie de comparaciones entre el Israel, su historia, su praxis y su alianza, con Cristo Jesús, para dejar claro que Cristo es el supremo sacerdote, cuya alianza es eterna.
 

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Mauricio I. Pérez

 

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No he Venido a Traer la Paz, sino la Guerra


Este Domingo XX del tiempo ordinario continuamos la ascención a Jerusalén con Jesús, es decir, nuestra preparación espiritual para la redención, según el contexto de la teología lucana. El tema central de la misa de hoy es contundente: ser Hijo de Dios implica grandes riesgos, no es un camino de paz, sino de guerra. Y no de guerra hecha por nosotros, sino de guerra sufrida al enfrentar este mundo portando como estandarte la cruz de Cristo. Hoy en día, muchas sectas tratan de ganar adeptos asegurando a la gente que al pertenecer a su grupo dejarán de sufrir y tendrán paz. Pero, ¿es en verdad esto una realidad evangélica?

El evangelio de san Lucas (Lc 12,49-53) nos presenta hoy un anuncio de la pasión de Jesús, cuyo fuego por un lado, Jesús anhela que se encienda, pero por otro, le angustia terriblemente pensar en aquél día. Jesús advierte entonces que no ha venido a traer la paz, sino la guerra, y haciendo eco al profeta Miqueas, Jesús anticipa que por su venida se pondrán hijos contra padres, madres contra hijas, suegras contra nueras... El mensaje del evangelio de hoy es claro: Jesús es signo de contradicción. Seguirlo no será fácil, no será un camino pacífico. Vivir por el evangelio conlleva el riesgo de morir en la cruz: la cruz física para los primeros cristianos, y para nosotros, la cruz de perder a la familia, la cruz de no ser escuchados por nuestros hijos, la cruz de no encajar con todas las personas que quisiéramos, la cruz de ser rechazados y criticados incluso por las personas que más queremos, la cruz de recibir burlas al ser acusados de ser: conservadores, anticuados, mojigatos y mochos.

La primera lectura (Jer 38,4-6,8-10) deja ver la realidad de este mensaje. El profeta Jeremías es echado a un foso donde queda hundido en el fango, porque según sus enemigos, "dice cosas que desmoralizan a los guerreros y a todo el pueblo." Pero aun cuando los hijos de Dios son perseguidos, no están solos, y Dios siempre los ampara. Un buen hombre etíope, el oficial del palacio, convence al rey de que lo que han hecho con Jeremías es injusto, y el rey termina por enviar 30 hombres a rescatarlo. A pesar de vivir la guerra del evangelio y quedar muchas veces hundidos en el fango de la incomprensión, la burla y la calumnia, Dios no nos abandona.

Y por ello, en el Salmo (Sal 39) damos gracias a Dios, porque "Esperé en el Señor con gran confianza, El se inclinó hacia mí, y escuchó mis plegarias. Del charco cenagoso y la fosa mortal me puso a salvo. El me puso en la boca un canto nuevo. Muchos se conmovieron al ver esto y confiaron también en el Señor."

El autor de la Carta a los Hebreos (Heb 12,-4), que como explicaré en la emisión de mañana, no fue san Pablo sino alguno de sus discípulos, nos recuerda el ejemplo de Jesús, quien aceptó la cruz sin temer a su ignominia, y por eso está sentado a la derecha de Dios. Y las palabras de ánimo del autor de esta epístola nos caen muy bien, sobre todo cuando la cruz personal nos pesa tanto: "Mediten, pues, en el ejemplo de aquel que quiso sufrir tanta oposición de parte de los pecadores, y no se cansen ni pierdan el ánimo, porque todavía no han llegado a derramar su sangre en la lucha contra el pecado."

Es muy cierto, a veces la cruz nos aplasta con su terrible peso, pero lo cierto es que todavía no hemos llegado al martirio, así que, ¿de qué nos quejamos? Aceptemos nuestra cruz, que Cristo no vino a traer la paz, sino la guerra, y confiemos en el Señor, quien siempre inclina su oído hacia nosotros, y escucha nuestras oraciones para sacarnos del fango.

 

Medita, aprende, ¡apasiónate por nuestra fe!
Mauricio I. Pérez

 

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El Gran Santo de Auschwitz

Kolbe
Hoy
, los miembros de la Milicia de la Inmaculada estamos de gozo pues se celebra en la iglesia la fiesta de nuestro padre fundador, san Maximiliano Kolbe. Franciscano Conventual, nacido en Polonia el 8 de enero de 1894. A los 13 años ingresó al seminario y se ordenó como sacerdote en 1918.

Maximiliano Kolbe es un santo moderno. Este año se celebrará en octubre el XV aniversario de su canonización, por el papa Juan Pablo II en 1982. Esta canonización marcó un parte aguas en la historia de las canonizaciones, y para comprender por qué, conviene conocer los hechos que llevaron a Maximiliano a los altares.

Se dice que siendo niño, Maximiliano, o Raymundo, su nombre de pila, recibió una visión de María Inmaculada en la que le ofrecía dos flores: una rosa blanca y una rosa roja. Aceptar la rosa blanca significaría consagrar su vida a la Inmaculada. Aceptar la rosa roja, sería aceptar el martirio. Maximiliano debía elegir una rosa, y siendo niño, optó por tomar las dos.

Maximiliano estaba convencido de que consagrar su vida a María Inmaculada era la mejor forma de llegar a Cristo, pues ¿qué mejor manera que hacerlo de la mano de su propia Madre? Apasionado por esta devoción y deseoso de compartirla a manos llenas, fundó la Milicia de la Inmaculada en 1917, con el fin de que sus miembros nos consagremos a María con el objetivo de luchar mediante todos los medios válidos por la construcción del Reino de Dios en todo el mundo.

Maximiliano Kolbe era un auténtico apóstol moderno, decidido a llevar el evangelio hasta el último rincón valiéndose de todos los medios que la tecnología ponía a su alcance. Así, compró un equipo de radio y produjo el primer programa católico del mundo. Luego compró una imprenta y publicó la primera revista católica del mundo, con un tiraje de 500 ejemplares solamente, que 17 años después contaría ya el millón de ejemplares por tiraje. San Maximiliano afirmaba que su misión y la de sus seguidores era ""conquistar todo el mundo, todas las almas, para Cristo, para la Inmaculada, usando todos los medios lícitos, todos los descubrimientos tecnológicos, especialmente en el ámbito de las comunicaciones." Y a propósito de esto, hago un paréntesis para explicar que ésta es precisamente la razón de ser de las Semillas para la Vida, evangelizar como miembro de la MI, precisamente empleando los recursos más modernos que la tecnología pone a nuestro alcance, en este caso el podcast.

Maximiliano también construyó Niepokolanow, el monasterio franciscano más grande del mundo. Durante la segunda Guerra Mundial, Maximiliano Kolbe aprovechó sus instalaciones para dar refugio a un gran número de judíos perseguidos por los nazis. Al ser descubierto, fue enviado al campo de concentración de Auschwitz en 1941. Un día, un prisionero intentó escapar del campo de concentración. En represalia, los nazis tomaron al azar 10 hombres del grupo de Maximiliano, para matarlos. Uno de ellos cayó de rodillas y suplicó que le perdonaran la vida, pues su esposa y su hijo lo esperaban fuera del campo de concentración. Al oir la súplica, Maximiliano dio un paso adelante sin chistar, y ofreció su vida a cambio. Los nazis lo interpelaron: ¿y tú quién eres? -Soy un sacerdote de Dios y no tengo esposa ni hijos, tomen mi vida en su lugar. Los nazis lo hicieron y llevaron a los 10 prisioneros contando a Maximiliano, a una celda para morir de inanición. 10 días después, sólo 6 habían muerto. Maximiliano seguía vivo y había ayudado a los otros a morir en paz. Hay testimonios de personas que tenían la responsabilidad de asear aquel bunker por las noches, y de oír a los prisioneros elevar cantos a María dirigidos por Maximiliano. Los nazis optaron por terminar con la vida de Maximiliano aplicándole una inyección letal de ácido carbólico. Maximiliano se sentó en el rincón de su celda, y pacíficamente comenzó a rezar a María hasta que llegó el momento de expirar. Aquí el más grande fruto de su consagración a la Inmaculada: Maximiliano que ofreció su vida recordando la rosa roja que un día aceptó, murió justo el 14 de agosto,
un día antes del 15 de agosto que nueve años después sería dedicado a la celebración del dogma de la Asunción de María. Y así, como una divina coincidencia, la muerte y fiesta de Maximiliano Kolbe quedó como antesala de la Asunción de María, coincidencia que litúrgicamente deja ver el sueño de Maximiliano hecho realidad: celebramos la muerte de Maximiliano y al día siguiente la Asunción, ¿no significa esto que Maximiliano llegó finalmente al Señor de la mano de su Madre que es llevada al cielo?

Juan Pablo II declaró que Maximiliano Kolbe era su héroe personal. Como sacerdote en Polonia, varias veces peregrinaba a Auschwitz para rezar e inspirarse ante la celda donde murió su héroe, Maximiliano Kolbe. Cuando llegó la hora de canonizarlo en 1982, el Papa deseaba canonizarlo como mártir. Pero había un problema técnico: la definición de martirio implicaba morir por defender la fe, no por dar la vida a cambio de alguien. La Congregación para la Causa de los Santos lo discutió con el Papa. La única solución era que usando su autoridad pontificia, extendiera la definición de martirio para significar también entregar la vida para salvar la de alguien más. El papa Juan Pablo, haciendo gala de su conocimiento teológico, hizo notar que Cristo, el mártir por excelencia, murió precisamente para salvar la vida de todos los hombres. Y así, la definición fue extendida por autoridad del Papa, y Maximiliano Kolbe fue canonizado como mártir el 10 de octubre de 1982.

Recemos con Maximiliano: "Oh María, concebida sin pecado, ruega por nosotros que recurrimos a Ti y por cuantos a Ti no recurren, en especial por los enemigos de la santa Iglesia y por aquellos que te son encomendados." San Maximiliano Kolbe, ruega por nosotros.

 

Medita, aprende, ¡apasiónate por nuestra fe!
Mauricio I. Pérez

 

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Al que Mucho se le Da...

 

Esta semana leemos las lecturas que corresponden al domingo XIX del tiempo ordinario.  En la primera lectura, del libro de la Sabiduría nos habla de la promesa de la liberación que se cumplió en la noche de Pascua y desde entonces el pueblo las celebra para conmemorar la firmeza de las promesas del Dios en que habían creído.  Dios le concedió a su pueblo lo que le había prometido, una grandísima bendición, lo eligió su pueblo. Le dio lo más grande que le pudo dar, Dios mismo.

El salmo responde en alabanza a esta realidad: Dichoso el pueblo escogido por Dios,
feliz la nación cuyo Dios es el Señor. Dichoso el pueblo que eligió por suyo.

En la segunda lectura, la carta a los Hebreos nos recuerda que la fe es la forma de poseer lo que no se ve, y nos da el ejemplo de fe que tuvimos en el Antiguo Testamento recodándonos la historia de Abraham cuya mujer era muy vieja para tener hijos y sin embargo lo tuvo y posteriormente se le pidió que se lo sacrificara en el monte. Pero él siempre se mantuvo en la firme en la fe. Obedeció lo que Dios le pedía y finalmente al demostrar cuán grande es su fe, se quedo con su hijo.

El evangelio de san Lucas, continúa la enseñanza del domingo anterior, recodándonos que debemos estar preparados porque no sabemos la hora en que moriremos. El pasaje del evangelio que leemos este domingo pertenece a la gran sección de San Lucas de la subida a Jerusalén. En la teología lucana, la subida a Jerusalén es la preparación para llegar a Jerusalén, la ciudad santa donde se ha de llevar a cabo la redención. Ascender a Jerusalén con Jesús es preparase y estar listo a llegar a Jerusalén para la redención.  Como parte de esta preparación Jesús deja esta enseñanza, hay que contar en Dios y hay que estar preparado porque no sabemos el día y la hora y la manera de prepararnos es no acumulando tesoros en la tierra, sino acumulándonos un tesoro en el cielo. Porque a fin de cuentas un día hemos de morir y con lo que nos quedaremos es con el verdadero tesoro que hemos acumulado en el cielo. Y cuenta una parábola para ilustrarnos: "Si un padre de familia supiera que ahora va venir un ladrón estaría vigilando y no permitiera que se le metiera por un boquete de su casa, pues también ustedes estén preparados porque en la hora que menos lo piensen vendrá el Hijo del Hombre". Pedro le pregunta si esta parábola se refiere a todos o sólo a ellos. Jesús le responde con otra parábola, un administrador encargado de repartir a tiempo todos los alimentos para su servidumbre por encargo de su amo y si cumple con su tarea será dichoso cuando llegue el amo y lo encuentre cumpliendo con su deber. Pero si por el contrario el administrador maltrata a los criados y se come lo que debería compartir, el día menos pensado va a llegar el amo, lo descubrirá y lo castigará severamente. Realmente Jesús se refiere a los apóstoles, al ministerio que les confía, un ministerio especial que ellos han de ejercer haciéndose cargo del pueblo de Dios. Sin embargo la enseñanza la podemos aplicar para nuestra vida misma, vale más cumplir la voluntad de Dios y estar preparados, a ser sorprendidos ignorándola.

Después de haber leído en esta misa la grandeza de las promesas de Dios, la grandeza de ser parte del pueblo de Dios que ha sido elegido por Dios, la grandeza de la fe que lleva al hombre a ver lo que no se ve, la importancia de tener un tesoro en el cielo y estar preparados. El Evangelio termina con una sentencia contundente. Al que mucho se le da, se le exigirá mucho y al que mucho se le confía,  se le exigirá mucho más. Estas palabras se las dijo a Pedro, claro, pero resuenan en el corazón de cada uno de nosotros. Pues es un hecho que recibió el ministerio más grande de todos los apóstoles convirtiéndose en el primer vicario de Cristo. Pero a la vez es un hecho  que cada uno de nosotros ha recibido de Dios mucho y en consecuencia se nos exige mucho. Es un hecho también que mucho se nos ha confiado y que en consecuencia se nos exige mucho más. Dios nos ha dado nuestro ser, pudimos ni siquiera haber existido pero Dios en su infinito amor optó por que existiéramos, tú y yo existimos gracias a Dios. Y a cambio se nos exige comportarnos cómo hijos de Dios. Al que mucho se le confía se le exigirá mucho más.

 

Dios nos ha confiado a nuestros hijos, ¡qué gran bendición! su alegría, su ternura. Pero se nos exige mucho más. Se nos exige su formación, se nos exige tiempo para estar con ellos, tiempo para vivir con ellos su vida. Se nos exige hacer de ellos hombres cabales, íntegros, amorosos.

 

Dios nos da trabajo y a través del trabajo, nuestro pan de cada día y esto implica una exigencia. Hacer este trabajo a la altura de lo hijos de Dios, un trabajo bien hecho. No se vale para un hijo de Dios un trabajo chambón, un trabajo mediocre, porque mucho se nos da y mucho se nos exige.

 

Lo más grande que Dios nos dio fue su Hijo mismo, sin reservas. Su Hijo que murió en la cruz. Y la exigencia que tenemos a cambio es tomar la cruz y seguirlo, no hacernos como si no existiera, no fingir que no oímos u oír sólo lo que nos conviene. Con la misma radicalidad que Dios envió a su Hijo, debemos responder. Con esa radicalidad que su Hijo se entregó hasta morir en una cruz, estamos exigidos a responder. A seguirlo con radicalidad porque al que mucho se le da, mucho se le exige.

Medita, aprende, ¡apasiónate por nuestra fe!
Mauricio I. Pérez
(Transcripción de Alejandrina Moreau de Martin)

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La Cristología Apocalíptica

 

El anticristo nunca es mencionado en el Apocalipsis, sin embargo algo muy notorio es que la
mayoría de la gente que lee el libro del Apocalipsis, lo hace con do intereses:


1) Conocer o revelar cómo es que va a terminar el mundo. Cuestión que no está
descrita en el libro del Apocalipsis porque no era esa su interés.

2) Conocer quién es el anticristo que ni siquiera es mencionado en el Apocalipsis. En todo caso el tema del anticristo se lo debemos al autor de las dos primeras cartas de Juan.

 

Pero por tratar de leer el libro bajo estas dos perspectivas, la del fin del mundo y la del anticristo, la gente suele perder de vista al personaje central del libro del Apocalipsis que no es otro
sino Cristo Jesús.  Y por buscar al anticristo se pierden el grandísimo número de veces que Jesús aparece en esta narración. Realmente podríamos considerar que el libro del Apocalipsis es un tratado muy rico de Cristología pues nos presenta a Cristo bajo un número muy significativo de títulos cristológicos de los cuáles podemos comprender quién es más y más la esencia de quién es Cristo Jesús el Hijo de Dios y es que son más de 30 los títulos cristológicos que nos hablan de Jesús en el libro del Apocalipsis. Sin duda el título que más se emplea
es el del cordero, que si mi cuenta no me falla, se menciona 26 veces y si hablamos del cordero como cordero degollado entonces el Apocalipsis lo presenta 29 en total.

 

Vale la pena que conozcamos los títulos cristológicos del Apocalipsis porque insisto de ellos podemos extraer una cristología que nos permita más conocer la persona de Cristo y en consecuencia acercarnos más a Él.

 
El libro del Apocalipsis nos presenta pues a Jesús como:

 1. Jesús       

 2. Cristo
 3. Testigo Fiel
 4. El Primogénito de entre los muertos
 5. Príncipe de los reyes de la tierra
 6. El que nos ama y nos ha lavado con su sangre de nuestros pecados
 7. El que ha hecho para nosotros un Reino de sacerdotes para Dios, su Padre
 8. Hijo del Hombre
 9. El Primero y el último
10. El que vive, estuvo muerto, pero ahora está vivo por los siglos de los siglos y tiene las llaves de la muerte y del hades
11. El que tiene las siete estrellas
12. El que camina entre los siete candelabros  de oro
13. El que estuvo muerto y resucitó
14. El que tiene la espada aguda de dos filos
15. El Hijo de Dios
16. Aquel cuyos ojos son como llama de fuego y cuyos pies parecen de metal precioso
17. El que sondea las entrañas y los corazones
18. El que tiene los siete espíritus de Dios y las siete estrellas,
19. El que tiene la llave de David
20. El Amén
21. El Testigo fiel y veraz
22. El principio de las criaturas de Dios
23. El León de la tribu de Judá
24. El retoño de David
25. El Señor
26. El Hijo Varón que ha de regir a todas las naciones con cetro de hierro,
27. La Palabra de Dios
28. Rey de reyes y Señor de Señores
29. El Alfa y la Omega, el Principio y el Fin
30. Lucero radiante del alba
31. El Cordero
32. El Cordero Degollado

Como ves, entre otras cosas este libro del Apocalipsis es un tratado de Cristología que bien
vale la pena analizar a fondo para acercarnos más a Cristo Jesús.

 
Me
dita, aprende, ¡apasiónate por nuestra fe!

Mauricio I. Pérez
(Transcripción de Alejandrina Moreau de Martin)

 

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Señor, Enséñanos a Orar

 

Es evidente que el tema central de la misa de este domingo, XVII del tiempo ordinario, es la oración. La primera lectura nos presenta uno de los episodios más fascinantes del Antiguo Testamento. Dios se ha cansado del pecado de Sodoma y Gomorra, y ha decidido destruirlos. Abraham intercede por estas dos ciudades ante Dios, en una oración llena de ternura y arrojo a la vez.

 

Podemos encontrar en esta perícopa de la oración de Abraham, las actitudes necesarias
en todo orante: Ante todo, humildad, dice Abraham "Me he atrevido a hablar Señor, yo que soy polvo y ceniza". Igualmente, notamos confianza, "¿Y si encuentras cincuenta justos? ¿Y si encuentras 45? ¿Y 40 y 30 y 20 y 10?", pero también temor de Dios "No se enfade mi Señor, si sigo hablando..."

Esta perícopa es preciosa porque nos muestra a un hombre acostumbrado a dialogar con su Dios. Sí, a dialogar, no sólo a hablarle, sino a saber recibir de Dios una respuesta. Y en esta línea, el Salmo nos permite responderle a Dios cuando repetiremos con el salmista "Cuando te invoqué, Señor, me escuchaste".

El evangelio, siempre conectado al tema de la primera lectura en la misa, nos presenta a Jesús enseñando a sus apóstoles cómo orar, y lo hace con la oración dominical, que conocemos como Padre Nuestro. Es importantísimo ubicar el contexto de esta oración. Este año leemos los domingos el evangelio de Lucas, cuya exposición del Padre Nuestro es distinta a su paralelo en Mateo, tanto en contexto, como en forma. Mientras Mateo presenta siete peticiones en su
versión del Padre Nuestro, Lucas sólo presenta cinco, lo que nos deja ver que tuvo una fuente distinta a la de Mateo al escribir este pasaje. Es la versión de Mateo la que usamos para rezar el Padre Nuestro en nuestra praxis, por ser más completa. Pero lo importante en Lucas es su contexto. Mientras que Mateo presenta su Padre Nuestro en el Sermón del Monte, Lucas lo hace en una distinta ocasión, en la que Jesús se encuentra orando.

 

El Jesús orante es un hilo conductor del evangelio de Lucas. Siempre que algo crucial acontecerá en la misión de Jesús, Lucas nos muestra a Jesús orando primero: antes de convocar a sus apóstoles, antes de su pasión, antes de que los apóstoles regresen de
la misión y Pedro confiese "Tú eres Cristo, el Hijo de Dios vivo" y Jesús lo nombre su primer vicario en la tierra... Y en este caso sucede igual. Vemos a Jesús orando, y es en ese momento que sus apóstoles lo interrumpen para pedirle que les enseñe a orar. Así, como explica profundamente el Papa Benedicto en su reciente libro "Jesús de Nazaret", al Jesús ser interrumpido en su oración para enseñarnos a orar, esta enseñanza, este Padre Nuestro, no es más que la continuación de la oración de Jesús mismo. Y de esta forma, el Padre Nuestro es la oración de Jesús mismo, que la comparte con nosotros para que le pidamos al Padre lo que verdaderamente necesitamos en nuestra vida. Es importantísimo notar que la primerísima petición del Padre Nuestro no es para nosotros, sino para Dios: "Santificado sea tu nombre".

Al igual que Abraham no desfalleció en su oración y siguió insistiendo convenciendo a su Señor una y otra vez por su amor y perseverancia, Jesús nos enseña en el evangelio de hoy a orar sin desfallecer. Como la persona que toca la puerta a altas horas de la noche e insiste hasta que el dueño de la casa se levanta y le abre.

A veces nos desesperamos porque sentimos que Dios no nos escucha al orar. Claro, es de esperarse este sentimiento si sólo oramos cuando nos encontramos en una crisis o cuando tenemos una grandísima preocupación. Pero te garantizo, apoyado en la promesa de Cristo mismo, que si oras siempre, en todo momento y en toda circunstancia, buena o mala, Dios escuchará tus palabras y tarde o temprano, te abrirá la puerta.

 

Medita, aprende, ¡apasiónate por nuestra fe!
Mauricio I. rez

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Somos Más los Buenos que los Malos

 

Voy regresando a casa luego del hacer un viaje. De ahí que me haya retrasado un poco en sembrar otra semilla por este medio. Pero no quiero que pase más tiempo y quiero compartir contigo una pequeña reflexión. Te comento que mi viaje estuvo lleno de contratiempos, situaciones inesperadas e incómodas, un calor abrumador y agobiante...

 

Pero me llamó mucho la atención notar que en medio de tantos sinsabores, cada día alguien
surgía que con su amabilidad, con su sonrisa, con sus consejos dados a un forastero, hacía que las cosas se compusieran al menos por un momento. Te comento esto porque siempre he estado convencido de que somos más los buenos que los malos, y me impresiona ver el gran recelo con el que la gente vive en nuestros días. Parece que todos desconfían de todos, que todos sospechan que la gente amable lleva escondida una segunda intención, que algo quiere a
cambio, en fin...

 

Pero realmente, si pones atención y sobre todo, si miras a las personas con los ojos del interior,
notarás que en realidad hay muchísima gente buena, y sí, son más los buenos que los malos. Y si contemplas con los ojos del interior, notarás que siempre estas personas con algo tan simple como un gesto de amabilidad, son el medio por el que Dios te manifiesta su presencia en tu vida, el medio del que Dios se vale para orientarte, guiarte, y que te sientas bien, son el medio por el que Dios te ofrece una palabra de aliento y hasta un momento de una sabrosa carcajada llena de alegría.

Te invito hoy a que contemples con los ojos de tu interior a las personas con quienes convivas en este día, las conozcas o no: el taxista, la señorita que te vende el boleto del tren, el joven que te sirve la mesa en la comida, la muchacha que te cobra al salir del restaurante... contempla su actitud. Verás que hay alguien por ahí a través del cual sentirás la presencia de Dios en tu vida.

-Medita, aprende, ¡apasiónate por nuestra fe!
Mauricio I. Pérez

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¿Qué es el Magisterio de la Iglesia?

 

SabemSabemos que el Magisterio de la iglesia es infalible, y sabemos que como católicos debemos adherirnos a él.Conviene entonces que comprendamos en qué consiste. El Magisterio es la autoridad de la Iglesia para enseñar, instituída por Cristo y guíada por el Espíritu Santo, y que busca salvaguardar y explicar las verdades de la fe.

El Magisterio se ejerce de dos maneras:>
El Magisterio conocido como extraordinario, es ejercido cuando el Papa y los concilios ecuménicos definen de manera infalible una verdad de fe o moral que es necesaria para la salvación y que ha sido constantemente enseñada y sostenida por la iglesia a través de los siglos.

El Magisterio ordinario se ejerce cuando la Iglesia define de manera infalible verdades de Fe como enseñanzas universales, que deben ser enseñadas o de lo contrario el Magisterio fallaría en su deber. Estas enseñanzas del magisterio ordinario están relacionadas con un aspecto grave de fe o de moral, y que por ello son enseñadas con total autoridad.

Es importante siempre recordar que lo enseñado por la iglesia al ejercer su Magisterio no obedece al capricho de un papa y un conjunto de obispos. El Magisterio de la iglesia siempre es fiel a las enseñanzas de Cristo e iluminado por el Espíritu Santo.

 

-Medita, aprende, ¡apasiónate por nuestra fe!
María de Lourdes Pérez

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Envía, Señor, Operarios a tu Mies

 

En el evangelio de ayer, XIV domingo del tiempo ordinario, oíamos a Jesús encomendarnos la oración por las vocaciones: "La mies es mucha pero los operarios son pocos, envía Señor, operarios a tu mies". Jesús dijo esto hace 2,000 años, y 2,000 años después la mies sigue siendo mucha, y los operarios pocos, si no es que incluso, cada vez más pocos.

Necesitamos vocaciones, necesitamos sacerdotes.
 + Pero no necesitamos sacerdotes que no nos conduzcan a Dios.
 + No necesitamos sacerdotes que se queden mudos cuando confesamos nuestros pecados, sin ofrecernos consejo alguno.
 + No necesitamos sacerdotes que desde el ambón hablen y hablen sin decirnos nada.
 + No necesitamos sacerdotes que sólo tengan tiempo para los que con más dinero apoyan a la parroquia.
 + No necesitamos sacerdotes que hablen muy bonito desde el altar pero en persona nunca tengan tiempo para hablar en persona.
 + No necesitamos sacerdotes que hagan de la santa misa un espectáculo, que hagan a un lado las normas litúrgicas y celebren como si fuéramos evangélicos en vez de católicos.


Pidamos pues al Señor, que nos envíe operarios a su mies, que nos envíe los operarios que su mies necesita.

 + Que nos envíe sacerdotes locos por Cristo, que nos contagien de su locura y de su amor apasionado.
 + Que nos envíe sacerdotes que nos aconsejen en la confesión y nos muevan al arrepentimiento, incluso que nos hablen duro cuando lo merezcamos, para que nos quede claro que lo que hacemos mal está mal.
 + Que nos envíe sacerdotes comprometidos con la iglesia, fieles al Papa y a la sana doctrina de la iglesia.
 + Que nos envíe sacerdotes de esos que al escuchar uno su homilía siente el deseo urgente de salir de la santa misa y vivir a manos llenas según el evangelio.
 + Que nos envíe sacerdotes apasionados, llenos de pasión por el evangelio y por las almas que están a su cuidado.
 + Que nos envíe sacerdotes que sepan en verdad nuestra liturgia, para que siempre celebren como Cristo celebró la última cena.
 + Que nos envíe sacerdotes que encuentran sentido a su vida tomando la mano de un moribundo para llevarlo de la mano a la presencia de Dios en santa paz.
 + Que nos envíe sacerdotes bien hombres, de esos que se fajan bien el cíngulo y le dicen al pan "pan", al vino "vino", al amor "amor", y al pecado "pecado.
 + Que nos envíe sacerdotes que nos convenzan de que vale la pena vivir por el evangelio, para llegar a Dios.
 + Que nos envíe sacerdotes santos, para que aprendamos a ser santos, para que a más muchachos se les antoje ser sacerdotes algún día y tengamos operarios suficientes en la mies del Señor.

 

-Medita, aprende, ¡apasiónate por nuestra fe!
Mauricio I. Pérez

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El Quiasmo del Trito-Isaías

 

La primera lectura de hoy, domingo XIV del tiempo ordinario, está tomada de Is 6,10-14. Estos versículos son casi los últimos del libro de Isaías. Siendo específicos, se trata de la conclusión del tercer libro de los Isaías, o "Trito-Iasías", pues el libro del profeta isaías que conocemos, en realidad está formado por tres libros distintos: el Proto-Isaías, el Deutero-Isaías y el Trito-Isaías.

 

El Trito-Isaías, formado por Is 56-66 es importante porque es quizás el primer libro que desarrolla de manera contundente el tema de la universalidad de Dios. Ya no se trata de un Dios exclusivo para el pueblo de Israel, sino de un Dios para todo el mundo. Así, en el Trito-Isaías resuena la idea de la aceptación de los gentiles al pueblo de Dios.

 

Llama la atención la estructura del Trito-Isaías, que se desarrolla en la forma de un quiasmo. Un quiasmo ens un recurso literario en el que las ideas se desarrollan de la siguiente manera:

 

A-B-C-D-D'-C'-B'-A'

 

Como podemos ver, se trata de una disposición de ideas en forma simétrica, donde la primera idea (A) se repite como última idea (A'), la segunda idea (B) se repite como penúltima idea (B'), la tercera idea (C) se repite como antepenúltima idea (C'), y así sucesivamente hasta llegar a una idea central (D-D'). Es muy importante al analizar un texto bíblico identificar un quiasmo, porque los textos quiásmicos fueron escritos bajo este esquema primeramente con el propósito de facilitar su memorización, como un recurso mnemotécnico (hay que recordar que en aquellos tiemmos la gente no contaba con tantos textos escritos como ahora). Pero por encima de la mnemotecnia, desde un punto de vista semiótico, es decir, buscando el mensaje del texto, éste se puede encontrar en la idea que se ubica exactamente a la mitad del quiasmo (D-D').

 

En el caso del Trito-Isaías, el texto se desarrolla bajo las siguientes ideas:

 

A. La aceptación de los gentiles al Pueblo de Dios (56,1-8)

     B. Pecados e infidelidad (56,9 - 58,14)

          C. Lamentación (59,1-14)

               D. Venganza de Dios (59,15-21)

                    E. Grandeza de Jerusalén (60,1-22)

                         F. La MISION del profeta  (61,1-11)

                    E'. Grandeza de Jerusalén (62,1-12)

               D'. Venganza de Dios (63,1-6)

          C'. Lamentación (63,7 - 64,11)

     B'. Pecados e infidelidad (65,1-66,17)

A'. Los gentiles en el Pueblo de Dios (66,18-24)

 

De esta manera, notamos que la idea central del quiasmo, y por ende el mensaje principal del Trito-Isaías es la importancia de la misión del profeta. Como comentario adicional, podemos ver cómo las ideas B a E están escritas según la  estructura apocalíptica: pecados, lamentación, venganza de Dios y finalmente triunfo del pueblo de Dios. Y es que en efecto, este es uno de los textos apocalípticos que encontramos en el Antiguo Testamento.

 

De esta manera, podemos ver cómo se conjuga la idea de la universalidad de Dios que distingue al Trito-Isaías con su mensaje central; para que el pueblo de Dios se extienda a los gentiles, es de capital importancia la misión del profeta.

 

-Medita, aprende, ¡apasiónate por nuestra fe!
Mauricio I. Pérez

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La Historia de una Monja

El día de ayer tuve la oportunidad de ver una vez más una de mis películas favoritas: "La Historia de una Monja", protagonizada por Audrey Hepburn y dirigida por Fred Zinnerman, de quien se considera esta cinta su obra maestra. Esta película la vi por primera vez hace un poco más de 15 años, y después de leer el libro en que se basa el filme, en el que se narra una historia verídica, la autobiografía de Gabrielle van der Mal, una joven belga cuya pasión por la medicina tropical y su sueño por desarrollar dicha pasión la llevan a ingresar a una congregación de religiosas.

Cuando leí el libro -que un día curioseando por la biblioteca de mi abuela tomé todavía lo recuerdo, de la repisa más alta- me cautivó. Incluso comenzaba mis estudios universitarios en ese tiempo y no podía dejar de leer el libro en el autobús lleno de estudiantes. La novela, y después la cinta, me fascinaron porque proyectan el conflicto interno de una joven apasionada, con grandes sueños y las más nobles ilusiones, que han de dar lugar una y otra vez a la exigente vida del convento, a la estricta norma que busca la santificación de cada religiosa a base de ellas desaparecer en un una continua actitud de humildad total, en cada obra, en cada momento del día, en cada palabra, obra, pensamiento, incluso en cada silencio.

La joven religiosa, que recibe el nombre de Hermana Lucas, es hija de un eminente cirujano, de quien ha aprendido tanto que es la alumna más destacada en el colegio de medicina en Amberes, al hacer sus estudios especializados en medicina tropical. En el climax de la historia, ella necesita el diploma para poder por fin ser enviada a la misión en el Congo, pero por diversas situaciones, su superiora le pide lo que ha de ser para la religiosa la prueba más dura de su vida: recibe instrucciones de reprobar el examen de titulación, a fin de que otra religiosa mucho más veterana, y quien estuvo ya ocho años en la misión del Congo, pueda volver, pues de graduarse la hermana Lucas, aquella veterana religiosa perderá para siempre su trabajo en el Congo. Y la hermana Lucas siendo hija del eminente cirujano, siendo la alumna más destacada del colegio de medicina, estando a un paso de hacer realidad el sueño de toda una vida y poder ir al congo a combatir las enfermedades tropicales, ha de enfrentar la encrucijada de anteponer la voluntad de Dios a su sueño personal. Pero... ¿es realmente la voluntad de Dios que ella repruebe habiéndola dotado de tan grande capacidad médica? ¿Será la instrucción de su superiora realmente la voluntad de Dios o un error de juicio de la reverenda madre? ¿Qué hacer? Reprobar y perder la oportunidad de hacer un sueño personal realidad, o aprobar pero desobedeciendo a la superiora a pesar de haber hecho un voto perpetuo de obediencia total a sus superioras? Esta parte de la historia me parece fascinante, porque refleja muy bien una encrucijada muy típica que enfrentan los hijos de Dios, en especial aquellos que se han consagrado a la vida sacerdotal o religiosa: anteponer la voluntad de Dios a sus sueños e ilusiones, debido a que han hecho un voto de obediencia.

En lugar de contarte la decisión de la hermana Lucas y las consecuencias de lo que sea que haya decidido, te invito a adquirir esta película y verla. A mí me resulta sumamente inspiradora pues ver a las religiosas dedicándose de lleno a un esfuerzo extremo por la perfección a través de desarrollar una humildad máxima, me resulta un ejercicio muy enriquecedor, me deja ver que se puede llegar al extremo por Dios, me deja ver que vale la pena la consagración total al Señor a través de la vida religiosa, me deja bien claro que no estamos en el mundo para lucir nosotros, sino para que Dios luzca a través de nosotros, y para dejarlo lucir, debemos nosotros apagar la luz de nuestro ego, y dejar que la luz de Dios pase a través de nosotros a los demás.

"La Historia de una Monja", con Audrey Hepburn. Una cinta que no te debes perder, y que puedes adquirir muy fácilmente en la internet.

 

-Medita, aprende, ¡apasiónate por nuestra fe!
Mauricio I. Pérez

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La Gran Trampa: "Te Acepto Como Eres"

Sabemos que debemos amar a todos, eso lo tenemos más que claro. Y sabemos que debemos aceptar a las personas, sin juzgarlas, cosa que también tenemos clara. Sin embargo, hay
una gran trampa en la que podemos caer cuando amamos a alguien, en aras de la aceptación incondicional. Esta trampa consiste en ponernos una venda en los ojos sin darnos cuenta, y no darnos cuenta de los errores de las personas que amamos. Es importante quitarnos esta venda y reconocer que sí, las personas que amamos también cometen errores, igual que nosotros los cometemos en un momento dado.

¿Por qué resulta esto importante? Porque el amor se expresa entre otras formas, corrigiendo al que hierra, y no podemos corregir a una persona cuando nos rehusamos a ver sus faltas. No me refiero al hecho de que debamos mirar con lupa a las personas que amamos, debemos realmente siempre tener una visión positiva de ellas de manera natural. A lo que me refiero es al hecho de que muchas veces, por el hecho de tratarse de nuestros hijos, de nuestra pareja, de nuestros padres, de nuestros amigos, de nuestros sobrinos... solapamos inconscientemente fallas serias, que ponen en riesgo su integridad, todo lo vemos bueno en aras del cariño, y si notamos que algo no anda bien, de inmediato echamos mano a los recursos más sorprendentes para justificar el por qué de sus actos, y esta es precisamente la gran trampa, que si nos atrapa, nos impide amar de manera auténticamente cristiana, trampa que si nos envuelve en sus redes, pone en riesgo precisamente a aquellas personas que amamos puesto que las priva de la oportunidad de que alguien que realmente las quiere y se preocupa por ellas, las corrija, las oriente, les indique el buen camino.

Hoy te invito a reflexionar sobre esta realidad. Tú mejor que nadie sabes en qué pasos andan las personas que más quieres, y comprendes sus consecuencias, tanto las buenas, como las malas. Abre los ojos en un acto de auténtica caridad cristiana, y si detectas que aquella persona que amas está haciendo las cosas mal, poniendo en riesgo su integridad o la de otros, actúa y corrige fraternalmente. Es una obra de caridad corregir al que hierra, y una imperiosa obligación de todo buen hijo de Dios.

-Medita, aprende, ¡apasiónate por nuestra fe!
Mauricio I. Pérez

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Déjate Querer

Sin lugar a dudas, el hombre tiene una necesidad fundamental para vivir: más allá de la necesidad de alimentarse y saciar su sed, el hombre
necesita para poder vivir en plenitud, y muchas veces incluso para sobrevivir, de algo imprescindible: amar y saberse amado, amar y sentirse amado.

Pero hay muchas personas que se rehúsan a ser amadas, que no se dejan ser queridas, que se cierran al cariño de los demás. Esta cerrazón al amor se debe a tres cosas:

1. Primeramente, a una muy baja autoestima. No te quieres a ti mismo, eliges ser consciente solamente de tus defectos, tú mismo te convences de que no vales la pena, y en consecuencia no puedes creer que alguien pueda quererte.

2. El segundo motivo que hace que las personas se rehúsen a recibir amor, es una gran soberbia. No te dejas amar porque sientes que no necesitas de nadie, crees que te bastas tú solo, te convences a ti mismo de que puedes vivir sin los demás, y en consecuencia te cierras al amor, incluso, lo repeles. Y esto no es más que un acto de egoísmo tal, que a la larga se paga caro, con una vida en soledad. ¿Han pasado años y sigues solo? Sé honesto contigo, y piensa si no se debe a tu convicción de que no necesitas de nada ni de nadie. Mas date cuenta de que en realidad necesitas a quién amar y quién te ame.

3. El tercer motivo que hace que muchos se cierren al amor, es el temor. Por alguna extraña razón en nuestros días la gente se ha hecho desconfiada. Y por ello, no te dejas querer. Piensas que detrás de una muestra de afecto, el que te la da lleva escondida una segunda intención. Temes que el que te dé una muestra de cariño, pretende en el fondo utilizarte. Pero esto no es necesariamente cierto. Convéncete de una cosa: sí existe el cariño puro, sí existe el amor auténtico, sí existe el afecto limpio, sincero, que no busca ni espera nada, que sólo te quiere porque te quiere.

Acepta esta realidad y déjate querer, porque es precisamente a través del amor de otras personas, que Dios te expresa su grandísimo amor. ¿O acaso piensas que Dios para demostrate que te ama te va a dejar caer del cielo grandes tesoros? No, Dios te ama a través de las personas que ha puesto en tu vida para amarte, a través de tus padres que te han dado la vida; a través de tus hijos que sin entender por qué sufres, te sonríen y te abrazan; a través de ese amigo que siempre está ahí para escucharte; a través de esa amiga que siempre te da una palmada en la espalda cuando necesitas valor para seguir adelante; a través de esa tía que ha sido tu cómplice en los momentos más angustiosos; a través del sacerdote que siempre te dice la palabra que necesitas escuchar...

Déjate querer, para que tu vida tenga plenitud. Déjate querer, porque es Dios quien toca a la puerta de tu corazón a través de aquellos que te quieren.

-Medita, aprende, ¡apasiónate por nuestra fe!
Mauricio I. Pérez
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Más Allá de tus Miedos

Para que mi amor no sea un sentimiento,
tan sólo un deslumbramiento pasajero,
para no gastar mis palabras más mías
ni vaciar de contenido mi "Te quiero".

Quiero hundir más hondo mis raíces en Ti
y cimentar en solidez desde mi afecto.
Pues mi corazón, que es inquieto y es frágil
sólo acierta si se abraza a tu proyecto.

Más allá de mis miedos,
más allá de mis inseguridades,
quiero darte mi respuesta.
Aquí estoy para hacer tu voluntad,
para que mi amor sea decirte "Sí" hasta el final.

Déjame comprender Señor tu amor tan puro,
amor que persevera en cruz, amor perfecto.
Hazme serte fiel aun cuando todo es obscuro
para que mi amor sea más que un sentimiento.

No es en las palabras ni en las promesas
donde la historia tiene su motor secreto,
sólo es el amor en la cruz madurado,
el amor que mueve todo el universo.

Más allá de mis miedos,
más allá de mis inseguridades,
quiero darte mi respuesta.
Aquí estoy para hacer tu voluntad,
para que mi amor sea decirte "Sí" hasta el final.

Duermen su sopor y temen en el huerto
ni sus amigos acompañan al Maestro.
Si es hora de cruz es hora de fidelidades
pero el mundo nunca quiere aceptar esto.

Pongo mi pequeña vida hoy en tus manos
por sobre inseguridades y mis miedos
para no hacer mi querer sino el tuyo
hazme en Getsemaní fiel y dispuesto.

Más allá de mis miedos,
más allá de mis inseguridades,
quiero darte mi respuesta.
Aquí estoy para hacer tu voluntad,
para que mi amor sea decirte "Sí" hasta el final.


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La Regla de Oro

Nuestro Señor en el evangelio, nos deja un precepto moral tan importante, que es conocido como la "regla de oro". En Mt 7,12 encontramos esta enseñanza de Jesús: "Por tanto, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros
a ellos; porque esta es la Ley y los Profetas." En otras palabras, trata a los demás como quieres que te traten. Y tan capital es esta cuestión, que Jesús explica que en esto consiste la Ley y los Profetas, expresión que significa "Lo contenido en el Pentateuco y en todo lo que predicaron los profetas", es decir "la escritura entera", la revelación de Dios consiste en este precepto fundamental, que también es mencionado de otra forma en Mt 19,19b "amarás a tu prójimo como a ti mismo".

Siendo una enseñanza de Jesús, su validez es definitivamente absoluta. Pero no fue Jesús el primero en pronunciarla (a fin de cuentas, Jesús mismo indica que en este precepto se condensa la escritura). Vemos en Tb 4,15 la misma regla de oro, expresada en su forma negativa "No hagas a nadie lo que no quieras que te hagan".

Tan importante es esta enseñanza de Jesús, que los apóstoles la retoman en su didajé. La Didajé como sabrás, se puede decir que es la primera enseñanza formal dada por los apóstoles, por lo que se conoce también como "Doctrina de los 12 Apóstoles", y en ella, los apóstoles enseñan haciendo eco a las palabras de Jesús: "Ama a tu prójimo como a ti mismo, y no hagas a los demás nada que no te gustaría que te hicieran".

Vemos pues que esta enseñanza surge en el Antiguo Testamento, Jesús la menciona en el Nuevo Testamento, y los apóstoles la enseñan en su primera catequesis formal. Sin embargo, este precepto moral no es exclusivo de los judíos ni de los cristianos. Otros hombres ilustres propusieron la misma enseñanza: Confucio, Platón, Isócrates y Aristóteles.

Así que recuérdalo bien: ama a tu prójimo como a ti mismo, lo que consiste simplemente en tratar a los demás como quieras que te traten, y en no hacer a otros lo que no quieras que te hagan a ti.

-Medita, aprende, ¡apasiónate por nuestra fe!
Mauricio I. Pérez

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¿Qué es la Eternidad?

Cuando hablamos de Dios, forzosamente pensamos en su eternidad, y conviene comprender este concepto. Existen dos tipos de eternidad: la eternidad positiva y la eternidad negativa, la primera relacionada con las características de un ser, y la segunda relacionada con el tiempo.

La eternidad positiva mide la duración de un ser absolutamente inmutable. En este caso, la eternidad excluye escencialmente principio, fin y suceción, es decir que un ser eterno no tiene principio ni fin. Aun cuando se define en términos negativos, pues se refiere a "no tener", en este caso a no tener principio ni fin, en realidad la eternidad de un ser es algo positivo, pues consiste en la posesión perfecta y simultánea de la totalidad de la vida sin principio ni fin. Esta eternidad absoluta pertenece solo a Dios.

Se dice que las sustancias espirituales reciben una eternidad relativa o participada, en el sentido de que una vez que comienzan a existir,
nunca dejarán de hacerlo a pesar de que el poder absoluto de Dios podría retirarles dicha existencia.

La eternidad negativa es una realidad que carece de tiempo. Por alguna razón la gente suele pensar que la eternidad consiste en un tiempo larguísimo, que nunca termina, pero en realidad, la eternidad de la que están hablando, que es la eternidad negativa, consiste en la ausencia absoluta de tiempo alguno.

En la liturgia tenemos un momento claro en el que nos referimos a la eternidad positiva y a la negativa: en el rito del fuego nuevo en la solemne Vigilia Pascual, cuando el sacerdote marca el cirio pascual, se refiere a Dios como "Principio y fin, Alfa y Omega, tuyo es el tiempo y la eternidad". Dios es el Señor del tiempo, y de la ausencia total del tiempo, que es la eternidad en la que Dios es y existe. Podemos decir en conclusión, que Dios es absolutamente eterno pues no tiene principio, ni fin, ni tiempo.


-Medita, aprende, ¡apasiónate por nuestra fe!
Mauricio I. Pérez

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El Libro del Profeta Daniel

 

Daniel fue uno de los profetas mayores. Un hombre de clase noble, que en su juventud fue apresado en Jerusalén con tres de sus amigos, por soldados de la nación más poderosa de aquellos días, Babilonia, quien habría de someter a los judíos a una de las peores opresiones de su historia.

 

Daniel es llevado a Babilonia, donde se dan cuenta de su gran inteligencia, y lo someten a un entrenamiento de tres años para hacer de él un consejero real. Con sus compañeros, Daniel acepta servir al rey, pero más adelante los cuatro habrán de rehusarse a rechazar su fe en Dios en contra de las disposiciones reales. Los tres amigos del profeta se rehúsan a inclinarse ante un ídolo construido para el rey, y en castigo son enviados a morir en un horno tan candente, que sus flamas matan a los soldados que arrojan a los hombres de Dios al fuego. Sin embargo, debido a su fe los amigos de Daniel no mueren a pesar del intenso calor del horno.

 

Por más de 50 años Daniel sirve a diferentes reyes, primero de Babilonia, y después de Persia. Cuando el rey Darío de Persia ordena que por 30 días nadie eleve oraciones a ninguno de sus dioses, Daniel ignora la disposición y continúa orando desde su casa todos los días, siempre de rodillas y con el rostro hacia Jerusalén, hasta que es descubierto, y en castigo, es enviado a la fosa de los leones. La fe del profeta lo salva de ser devorado por las fieras, y no porque éstas no tuvieran hambre, pues al día siguiente al entrar los ejecutores de Daniel a buscar sus restos, terminan por ser ellos mismos devorados.

 

El libro de Daniel se caracteriza por estas historias dramáticas, que conforman su primera parte, y por visiones sorprendentes en su segunda parte. En conjunto, todo habla de un solo tema: Dios está a cargo de la historia de su pueblo. Bajo su orden, Babilonia se levanta y cae. Cuando un rey envía al horno a los amigos de Daniel, y otro más envía al profeta a la fosa de los leones, Dios se sobre impone a ellos. Y cuando los judíos se ven desamparados en medio de la terrible opresión por parte de estas naciones, Dios los conforta con las visiones que tiene Daniel de un futuro glorioso.

 

Estas visiones marcan el inicio de la literatura apocalíptica, género literario que floreció desde el siglo II a.C. hasta comienzos del siglo II d.C. Un género literario que surge del género profético, y que se distingue por las visiones a comparación del género profético que se distingue por las revelaciones. Las visiones y símbolos usados en Dn son de suma importancia, pues son la pista para comprender las visiones y los símbolos del Apocalipsis de Juan.

Las visiones que tiene el profeta Daniel son tan densas, que necesita de la ayuda de un ángel para comprenderlas. Aun así, las explicaciones del ángel dejan varias preguntas sin resolver. Por ejemplo, Daniel tiene particular problema para entender una visión acerca de cuatro bestias: un león, un oso, un leopardo, y una bestia sin nombre con dientes de hierro. El ángel explica que se trata de cuatro imperios poderosos que surgirán uno después del otro, pero ni el ángel ni Daniel  identifican estos imperios. Varios biblistas intuyen que se trata de Babilonia, Medo-Persia, Grecia y Roma.

 

Las historias y visiones de Daniel tienen lugar en Babilonia, después de la primera invasión de los babilónicos a Judá en 605 a.C. Algunos piensan que Daniel escribió su libro después de que el rey Cirio de Siria derrotó a Babilonia en 539 a.C. debido a que éste es uno de los últimos eventos narrados en Dn. Sin embargo, es más probable que el libro haya sido escrito por otros autores siglos después. Una razón para pensar así es el género apocalíptico con que está escrita la segunda parte del libro, género que floreció alrededor de tres siglos después de cuando sucedieron los eventos descritos en Dn. Por otro lado, la narrativa parece estar escrita por alguien más, pues las visiones siempre se refieren en primera persona, mientras que el relato de la historia está escrito siempre en tercera persona, como si alguien más estuviera reportando la historia de Daniel.  Otro motivo para suponer diferentes manos detrás del texto, es el hecho de que las copias más antiguas del libro están escritas en dos idiomas: los capítulos primero y último están escritos en hebreo, mientras que los capítulos intermedios están escritos en arameo, la lengua de los babilónicos y los persas. Finalmente, el hecho de que algunas de las visiones describan de manera tan exacta sucesos de la historia del Medio Oriente en los siglos II y III a.C., hacen suponer a los biblistas que estos hechos fueron registrados posteriormente bajo el matiz de una visión. Como ejemplo tenemos el capítulo 11 de Dn, cuya visión sobre lo que habría de suceder entre el rey del norte y el rey del sur, describe al pie de la letra lo que realmente sucedió cuando las fuerzas de Ptolomeo en Egipto y los seléucidas de Siria pelearon para controlar la región después de la muerte de Ciro, el rey de Siria.

 

Sin embargo, la cuestión del autor humano de Dn no debe hacernos olvidar que Dn es palabra de Dios, es revelación, es un texto inspirado por Dios y por tanto un libro sagrado cuya enseñanza principal es que por encima de la más terrible opresión, Dios prevalece y dirige la historia de su pueblo.

-Medita, aprende, ¡apasiónate por nuestra fe!

Mauricio I. Pérez

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Mi Vecino que Vivía en un Coche

 

Pocas veces nos detenemos a pensar en las bendiciones que tenemos. Hoy quiero contarte acerca de un hombre que conocí. En 1985, en la ciudad de México sufrimos aquel terrible terremoto que devastó a la ciudad y que tantísima gente murió en los escombros de una cantidad espeluznante de edificios que se vinieron abajo. Se trató realmente de una situación que puso a prueba el temple de todos los habitantes de la ciudad, y que demostró su solidaridad ante algo tan terrible.

A los pocos días, un señor estacionó su  automóvil frente a mi casa, y lo estacionó para siempre. Surgido de la nada, siempre envuelto en un misterio que lo rodeaba, este hombre no sólo estacionó su auto, sino que ahí comenzó a vivir. Y pasaron los años, y el señor vivía en su automóvil. De día, pedía a la gente que encontraba que le “prestara un peso”, y a base de juntar pesos sacaba para vivir. Llamaba la atención de este hombre su pulcritud. Siempre de traje y corbata, que con el paso del tiempo se hicieron brillosos. Siempre perfectamente peinado. Siempre me intrigó dónde se aseaba, pues no tenía mal olor. Una cosa era evidente, aunque sus conversaciones parecían sensatas, en realidad este hombre tenía cierto padecimiento mental, pues sus relatos eran fantasiosos y alejados de la realidad. Parece que no sabía en qué fecha vivía. Y cada noche, sacaba un cobertor de su cajuela, y dormía en su auto.

 

Alguna vez lo invitamos a pasar la navidad en casa, pero se rehusó. Alguna vez le llevamos comida, y la rechazó. Cierta vez unos vándalos le hicieron pedazos el parabrisas del coche, dejándolo a la intemperie. Sobrevivió varias semanas con un plástico por parabrisas, hasta que lo pudo cambiar. El coche jamás cambió de posición, no sé siquiera si servía ya, seguramente la batería estaba muerta. Varias veces me lo topé y me pedía un peso prestado. La primera vez fue mientras esperaba yo el autobús de la universidad privada donde estudiaba, y esa primera vez, reaccionando sin pensar como reacciona uno cuando tanta gente pide limosna y no se puede ayudar a todos, le dije que no tenía. Al instante reaccioné y me di cuenta que le negaba ayuda a mi vecino que vivía en un coche. Me sentí tan mal… Jamás le volví a negar un peso.

 

Pasaron los años y el señor seguía viviendo en su coche, en su mundo de historias fantasiosas. Seguramente perdió su casa y su familia en el terremoto y se quedó sólo con su automóvil. Seguramente el trauma lo hizo perder noción de la realidad y lo zambulló en las aguas de ese mundo irreal en el que vivía. Era evidentemente un hombre bien educado, pues sus modales eran finos y siempre muy amable al conversar y pedir el peso prestado. Todos los vecinos alrededor viviendo en una buena casa, rodeando al vecino que dormía en un auto. Todos cambiando de ropa con el paso del tiempo, mientras el traje del vecino se hacía más brilloso.

 

Estos últimos días enfermó. Una vecina le llevó el domingo en la mañana un caldo de pollo para hacerlo sentir mejor, y lo encontró muerto, sentado con paz en su rostro, abrazando su almohada, dentro de su auto. Al poco tiempo llegó la policía, sacó el cadáver, se llevó el coche, y nada quedó de él. Al poco rato un auto llegó y se estacionó en el lugar que por más de 20 años fuera el “domicilio” de nuestro vecino que vivía en un coche, borrando con esto para siempre todo rastro de su existencia. La existencia de un hombre que vivió entre nosotros en la carencia total, no tenía casa, no tenía familia, no tenía siquiera noción de la realidad. Nos acostumbramos a él y se nos hacía tan cotidiano, que nos olvidamos de pensar en sus limitaciones, hasta ahora que murió.

 

Hoy te invito a pensar en las bendiciones que tenemos. Si me escuchas es porque tienes una computadora, lo que indica que vives en una casa, que no te falta la comida pues tienes para pagar un servicio de internet, seguramente tienes a quien amar y quién te ame. Hay gente afuera, muy cerca de nosotros, que carece de todo, y que como polvo, pasa por la vida. Dale gracias a Dios por lo que tú si tienes, y date cuenta de una vez del compromiso que tienes con Dios y con los demás, al haber recibido del cielo tantas bendiciones.

-Medita, aprende, ¡apasiónate por nuestra fe!

Mauricio I. Pérez

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Despenalización del Aborto

Ciertamente que con tristeza he recibido la noticia de que el aborto fue despenalizado en México, D. F., mi país natal. Y mi oración más ferviente es porque la gente comprenda que no porque las leyes civiles autoricen algo, esto que permiten es moralmente bueno. Para un católico por encima de las leyes humanas está la Ley de Dios, depositada en la iglesia, y en el caso del aborto la ley de Dios es muy clara en su quinto mandamiento: No matarás, y el Código de Derecho Canónico de la iglesia también es muy claro en su canon 1398, que indica que “Quien procura el aborto, si éste se produce, incurre en excomunión latae sententiae”  es decir, en una excomunión inmediata que no requiere de un juicio canónico para dictar esta sentencia.

 

La despenalización del aborto nos remonta, como cada pecado que cometemos, al pecado original, al pecado que cometieron nuestros primeros padres Adán y Eva. Como recordarás, en el jardín del Edén Dios les permitió comer de los frutos de todos los árboles, a excepción del árbol de la ciencia del bien y del mal y del árbol de la vida. “Si comen de este fruto, morirán”, fue la advertencia.

 

El árbol de la ciencia del bien y del mal es un símbolo bíblico que significa precisamente la capacidad de decidir lo que está bien y lo que está mal. Cuando el diablo, en forma de serpiente, tienta a Eva, le dice que no morirá, sino que más bien ella y Adán “serán como dioses, conocedores del bien y del mal”, es decir, que según el diablo serán capaces de decidir lo que está bien, y lo que está mal. Adán y Eva caen en la tentación y cometen el primer pecado, el pecado original, la primera desobediencia a Dios. Una desobediencia que procede, como en el caso de la despenalización del aborto, del egoísmo y de la soberbia: la soberbia de querer ser como Dios y decidir lo que está bien y lo que está mal como si Adán y Eva fueran dioses, como si los que despenalizaron el aborto fueran dioses.

Dios indica lo que está bien y está mal. El sabe en su infinita sabiduría, y nada menos que porque El mismo nos creó, lo que está bien y nos hace bien, y lo que está mal porque no s hace mal. Pero Adán y Eva optaron por no hacer caso de lo que Dios decidió como bueno y malo, y pretenden decidir por su cuenta lo que está bien y mal, y así comen del fruto prohibido.

Esta actitud es la raíz de todos los pecados: desobediencia por egoísmo y soberbia. La soberbia de querer ser como Dios, ponerse al tú por tú con El, y a fin de cuentas decirle “Dios, tú dirás que esto es malo, pero yo digo que no lo es”.

Que Dios en su infinita misericordia, perdone nuestra soberbia. Y que ilumine a los mexicanos para que al tomar una decisión moral, aunque el aborto esté despenalizado, pese más en todos la voz de nuestra conciencia que haciendo eco a la voz de Dios siempre nos dirá: No matarás.

-Medita, aprende, ¡apasiónate por nuestra fe!
Mauricio I. Pérez

                                                       
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